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Soy cotidiana, y eso para mi ya es muy importante. Desde lo común se perciben cosas y situaciones que no son posibles en otros aspectos. Me gusta el marketing, lo ejerzo y lo he llevado hasta las aulas universitarias, las cuales son mi principal complemento para todo lo demás. Los animales son otra de mis pasiones y preocupaciones. El medio ambiente y la vida en sociedad son otros temas también que ocupan mis días. Escribo por gusto no por obligación y afortunadamente encontré un trabajo en el que me pagan por hacerlo.

jueves, 10 de octubre de 2013

REALIDAD, REGRESO, MAS SABE EL DIABLO POR VIEJO

Comenzaré con una frase tradicional de mis padres, de esas que solo las generaciones anteriores repetían para dejarle a uno cierta lección. Recuerdo mucho una que decía: “Más sabe el diablo por viejo que por diablo”.
A veces la gente me pregunta por qué me “pesco” cosas que nadie más hace. Otras, me dicen que si se trata del famoso stalkeo o de estar averiguando lo que no me corresponde. La respuesta a ambas es NO.
Lo que se gana cuando uno después de vivir toda la vida en función de tratar y trabajar con la gente, después de haber tenido que construir varias veces la propia historia -cosas que nunca se encuentran en ningún Alma Mater excepto la de la misma conocida como el día a día-, es el resultado sin querer de la habilidad en leer lo que no está escrito, de entender lo que no se dice y de actuar de acuerdo con algo llamado percepción.  Siempre he dicho en mis discursos de clase que el marketing es 30 por ciento teoría y 70 por ciento percepción. Sostengo, afirmo y defiendo que no hay un solo libro que nos diga cómo hacer una estrategia para un caso puntual. En la vida pasa lo mismo. Las librerías y los foros idiotas de Internet están llenos de eso: de fórmulas mágicas para desarrollar una estrategia en el nivel que sea.
Pues bien, la estrategia según este punto de vista yo la denomino percepción. Esa virtud innata que todos los seres humanos tenemos per se, pero que con el tiempo se va contaminando de paradigmas, información de un lado y de otro, de modelos insulsos que nos hacen creer que es más válido lo que diga un gurú, un artículo de un estudio publicado o un grupo de personas que determinan el rumbo y la historia de marcas, productos y lastimosamente de personas, es la que debe llevarnos a sentarnos sobre la realidad y reírnos de ella o mejor aún, aprovecharla a nuestro favor para avanzar sin deteriorarnos con el paso del tiempo.
Así como en el marketing se hace más valioso salir a caminar y mirar lo que la gente hace, así como el gerente del siglo XXI no puede concebir un plan efectivo detrás de un escritorio sin salir de su burbuja de cristal, así como en la cotidianidad se aprende más en un bus que un aula de clase, en la vida se aprende con una sencilla actitud que constituye la más valiosa experiencia y es dejar aflorar y ser a la percepción. Muchas veces concebimos a la percepción como paranoia o “videarse”, otras veces justificamos las cosas y nos hacemos los tontos ante una verdad bonita o desastrosa, pero desatendemos lo que nuestro cuerpo dice ante una circunstancia precisa. 
Si bien la razón debe primar sobre el corazón en algunos casos, no en vano los alquimistas  hicieron lo que hicieron más por sus corazonadas que por un método científico que en ese entonces no existía y eso es: percepción.
Debo reconocer que yo misma me he visto enajenándola. La ventaja es que por fortuna cuando se pierde el timón hay una milésima de segundo que te permite recobrar el rumbo, el sentido de lo importante aún cuando el panóptico –como llamo yo a la mirada y crítica ajena- nos arrebata esa objetividad de por sí provista por la naturaleza. En un mundo atiborrado de información, de tendencias, de caos y orden desmesurado –no sé por qué me acordé de la entropía-, ser perceptivos es una cualidad que se gana con la paciencia, con los bofetones e insultos no de quien nos dice groserías o palabras obscenas, sino de quien nos agrede subestimando nuestro alcance de comprender plenamente una circunstancia, sentimiento o suceso aunque no digamos una palabra al respecto.

No es mi intención ni interés con este blog llegar a un punto de quiebre que yo misma debato y es el dar una fórmula precisa para tomar decisiones sean estas empresariales o personales. Lo que quiero decir en resumen es que la percepción, esa que vuela en cantidades y libre por el espacio, es la respuesta a las preguntas que día a día nos hacemos. No es la solución a los dilemas pero sí es el camino para sobrevivir y enfrentar con gracia lo bueno y lo malo. Yo lo defino en una sencilla frase que uso todo el tiempo: “mientras los otros piensan que tú vas, en realidad ya estás de regreso”.

jueves, 6 de junio de 2013

DE LA SERIE JAMES BOND: EL SATÁNICO DOCTOR NO

-Buenas tardes doctor
-(no obtuve respuesta)
-Buenas tardes doctor
-Dale, siéntate
No habían pasado 30 segundos y ya me sentía arrepentida de haber acudido al servicio de cita prioritaria que ofrece Sánitas, la empresa de salud a la que estoy afiliada. Eras las 6 y 30 de la tarde aproximadamente y hubiera podido irme a mi casa a no hacer nada, pero mi conciencia y lo que me había dicho el médico de la universidad donde trabajo no me dejaron, así que decidí actuar responsablemente. Luego de ese ‘respetuoso’ saludo que me dio el doctor de turno, procedió a examinarme someramente. Una vez terminó solo recibí reproches: “aquí no atendemos urgencias, yo estoy aquí solo por usted, he debido irme hace media hora, no tengo como hacerle un electrocardiograma, bla, bla, bla”. Cuando estaba a punto de pararme y decirle gracias, que yo iría mejor al otro día a mi médico privado, él me sale con esta: “espere un momento aquí, no se vaya a mover.”
Fue y volvió a los 10 minutos, habló por allá con otro doctor y llegó con una orden. La orden era para hacerme un electrocardiograma en ese mismo momento. Yo me preguntaba sola, ¿acaso no me dijo hace un rato que ahí no podía tomarme ese examen? Bueno, yo de todas formas esperé y antes de bajar al sitio me dice algo que es el tema bajo el cual voy a centrar esta entrada de blog: “mira nena, te vamos a tomar este examen aquí y depende de cómo salga te vas por tus propios medios o en ambulancia, y no lo hacemos tanto por ti, lo hacemos porque queremos evitar un problema de tipo legal”.
Sin más opción que maldecir pasito e indignarme por tan sabia apreciación de este señor, bajé, me hicieron la cuestión, regresé, afortunadamente no había nada en el examen que indicara algo malo, pero sin embargo faltaba la cereza del postre: “tiene que irse de todas formas a urgencias porque puede quedar como un pollo”. Ante eso pues uno obedece, con una sentencia así pues no hay opción. A esa altura del partido, con el típico tráfico de la autopista norte a las 7 de la noche y camino a la clínica El Bosque ya no me dolía nada, pensaba que era mejor haberme ido a clase con mis estudiantes, reírme un poco y haber regresado a mi casa a tontear un rato en el Facebook. La historia de esto acaba, conmigo perdiendo una hora en urgencias, viendo a muchas personas en la sala de espera realmente graves y sin ser atendidas, y yo de pie cargando mi celular para poderme comunicar a mi casa. Total, vi que me iban a pasar al triage a eso de la 1 de la mañana a ese paso y eran hasta ahora las 8 de la noche. Me largué con mis exámenes en la mano y efectivamente llegué a mi casa y me sentí mejor.
Hoy iré a mi médico privado, quien me regañará por fumar y no controlarme el azúcar. Pero lo hará en su derecho y ética, con el amor y sapiencia que lo caracteriza. Y aceptaré sin refutar nada porque tendrá razón. Pero la diferencia es que él pertenece a ese grupo de profesionales que siempre tendrá una palabra cariñosa y alentadora para sus pacientes. La diferencia también es que el desenlace de esta historia es bueno porque yo pude irme y saber que el dolor del pecho que tuve no fue tan grave y aquí estoy escribiendo. La cuestión es, ¿qué pasó con todas esas personas que quedaron allá? ¿Qué pasa con los miles de seres que tienen que aguantar todos los días la precaria atención de las EPS en Colombia y sus doctores light como el que me tocó a mi, cuando hay situaciones talvez irremediables pero que con cariño y afecto se hacen más llevaderas? ¿Quizá más soportables? Con toda seguridad, ¿más humanas?
No lo sé, pero enfermarse es cuestión seria en nuestro entorno y aliviarse es cuestión de quien tenga la plata para asumir por fuera del sistema sus gastos médicos. ¿Qué están haciendo las universidades y sus facultades de salud por formar personas afectuosas, respetables y éticas? Sabemos que a la fecha las EPS se cuidan para evitar problemas de tipo legal, pero uno como paciente no espera nunca que la respuesta de un médico sea la que él me dio a mi para atenderme. Seguro que no soy la única que ha recibido este trato, pero como sé que muchos de mis colegas, amigos, estudiantes y otros leen mi blog, les dejo esto para la reflexión. Yo no estudié medicina, pero algo que sí les agradezco profundamente a los jesuitas de la universidad donde pasé buena parte de mi vida, fue el haberme enseñado a ser antes que profesional una buena persona.


lunes, 18 de marzo de 2013

SER VULGAR NO ES CUESTIÓN DE GUSTOS

El otro día viniendo en un transporte público para mi casa dos pensamientos se confrontaron en mi mente: estoy envejeciendo y todo me escandaliza o la sociedad a través de la música que escucha llegó a su punto máximo de decadencia. Puede ser una mezcla de las dos. Cuando yo tenía 15 años lo más vulgar que escuché en radio con canciones de moda era la frase "voy a vengarme de ese marica" de una canción de los Hombres G y lo más parecido a una alusión al sexo era de un tema del venezolano Gabino Pampini que cantaba "el cuerpo de esa muchacha tiene forma de guitarra, voy a quitarle el estuche para empezar a tocarla".
No nos digamos mentiras, el sexo siempre ha sido un tema tabú que ha venido destapándose con más fuerza en los últimos tiempos. Jamás cuestionaría el hecho de que las nuevas generaciones tienen una percepción y un concepto diferente de este tema porque sería absurdo pensar que en una sociedad interconectada y además con tendencias globales que todos los días cambian, las cosas fueran como hace 20 o 30 años. Sin embargo sí me preocupa el hecho, de encontrar en el escenario social música que lejos de ser erótica, que muy lejos de ser artística, raya en lo vulgar, en lo ordinario y en la carencia de contenido para quienes la disfrutan.
El papel de la música es muy extenso, música la hay de toda, buena, mala, regular. La hay para todos los gustos. El papel del baile es muy distinto, desde la antropología, todo baile representa un sentido cultural y su connotación en muchos casos está ligada al acercamiento entre hombre y mujer, es decir, tiene un significado que a la larga puede ser sexual y eso no es malo, sencillamente somos seres humanos.
Lo que voy a decir no es nada nuevo, no voy a decir que el agua moja. Voy a meter profundamente mi mano en una crítica que quiero fundamentar no desde el mero escándalo, no desde la indignación que me produce escuchar las letras del señor J.Alvarez quien con su horrible reegaeton denigra de algo tan preciado y satisfactorio como el sexo. Lo quiero confrontar desde el argumento que la música y todo producto de corte cultural, independiente de su impacto comercial tiene unos límites como lo tienen las demás cosas que construyen un imaginario colectivo. Que el reegaeton sea feo por su ritmo es cuestión de gustos como dije anteriormente. Seguro que sí saliera un tema de rock o de cualquier género refiriéndose textualmente a una mujer como puta, o diciendo que se prepare la mujer para "recibir el venoso", o haciendo una directa alusión a la chupada del pene como lo escuché en estos temas, saldría a escribir lo mismo que estoy diciendo ahora.
Considero que ese rol pornográfico hay que seguírselo dejando a las películas, a los sitios de internet y a otras publicaciones de ese corte para cuyo acceso se debe tener la mayoría de edad en teoría. La pornografía siempre ha existido, pero la gran diferencia es cuando esta trasciende a lugares como una buseta pública donde viajan también niños, a emisoras que también las escuchan niños y a un Youtube al que cualquiera accede. Cómo se le puede exigir a una adolescente de hoy que se haga respetar de otros, si además las rumbas a las que asiste tienen estas canciones de fondo y para muchos son la sensación del momento. En qué parte de la historia, la sociedad, los medios de comunicación y nosotros mismos, hemos permitido que todos estos elementos vacíos y destructivos sean tomados tan tranquilamente sólo por atender  lo que está de moda.
Vuelvo y repito, el sexo no es malo, un ritmo que personalmente considero mediocre, tampoco. Lo que cuestiono es que la industria musical tenga que valerse de las herramientas más bajas y deplorables para hacer unos cuantos pesos, cuestión efímera por cierto, porque la buena música, la de estudio, la que construye, la que divierte sin pasar por los valores de la gente, nunca pasará de moda en el género que sea.
Pueda ser que La Mega, Oxígeno y otras cuantas emisoras por ahí algún día entiendan que la juventud merece recibir para sus mentes y sus oídos cosas que si por lo menos no son profundas, tampoco le arrebaten la inocencia tan temprano.

viernes, 13 de julio de 2012

LA MEJOR PALABRA ES LA QUE NO SE DICE

Estaba en medio de un escrito sobre mercadeo algo más académico y tuve que parar para hacer este, porque las "cosquillas" de las letras que quieren salir no me dejaban en paz. Así que les comparto algo resultado de un análisis y algunas lecturas propias que he hecho sobre las redes sociales. No es nada técnico, de hecho no es de carácter científico, es más bien cotidiano y tiene que ver con lo que publicamos y socializamos en la red.
Comienzo por decir algo: cada quien es libre de hacer de su Facebook y su Twitter, por citar los sitios más populares, lo que quiera. Algunos tienen causas y pensamientos definidos por las redes -eso es chévere-, otros, lo usan para cosas más triviales y descomplicadas -y eso también es chévere-. Me preocupa sí la desproporción, la exageración, el mal usado vitrinismo que las personas le dan a estos espacios para exhibir sus penas y sus glorias, sus amores, sus descaches, su vida privada.
Para nadie es un secreto, que a través de las redes podemos saber más de la vida de la gente que hablando con esta. Yo misma confieso que en mis ´pausas activas´en ocasiones chismoseo uno que otro perfil, los que me causan curiosidad. Por eso mismo me creo en la autoridad de escribir lo que estoy escribiendo. No hago esta reflexión ni desde la óptica antropológica ni mucho menos desde una corriente como el Psicoanálisis. Lo hago desde la más importante: la lectura de la vida.
Comienzo por decir que no tiene nada de malo enviar un mensaje de afecto por las redes, tampoco lo tiene el hablar de un tema de moda, o bueno, contarle a los demás donde se estuvo, donde viajó, donde rumbeó, entre otras. Pero estamos exagerando. Estamos dejando muy poco a la imaginación y por si fuera poco, estamos dejando que otros se recreen con nuestras cosas muy íntimas.
Estar despechado y triste por la razón que sea, es una condición inherente a lo humano. Estar feliz también. Pero nunca olvidemos que esas tristezas o esas alegrías son reserva de nuestro sumario, el personal, el inquebrantable, el que solo nos importa a nosotros.
Por Facebook me he enterado de divorcios, noviazgos, muertes, pérdidas de materias, encuentros sexuales, cachos o infidelidades, salidas de closet, traiciones.... cosas que son de respetar, que son de cada uno. Me da pesar cuando veo fotos de personas que han sido mis estudiantes en sus borracheras más horribles, me da cagada cuando veo que alguien está decepcionado y se lo publica a todo el mundo....
Vean por favor, lo bueno y lo malo se le cuenta a la gente que lo merece, que en realidad es muy poca. Entiendan algo, la gente en general en su envidia humana celebra en el fondo las tristezas de otros -no todos-, así pongan un comentario bueno, una carita feliz o un me gusta. También sienten envidia por las cosas buenas, por los viajes, los levantes, los éxitos...
Quiero aclarar que no estoy diciendo que hay que ser un mudo en las redes, o que hay que ser un anónimo. Me refiero más bien a que lo auténtico ni se prueba ahí ni se consolida en ese escenario.
Está feliz? Está triste? igual, la mejor palabra es la que no se dice, la mejor imagen de nuestras cosas más sublimes, más importantes, no es la que sale en las redes, es la que se queda grabada en nuestro corazón y en la de nuestras personas cercanas.

jueves, 3 de mayo de 2012

LA SILLA AZUL: EL RETRATO DE UNA SOCIEDAD QUE NECESITA EL CONTROL PARA APENAS FUNCIONAR

El control se ejerce como una manera de ejecutar un sistema para que este funcione correctamente y aún así se presentan desajustes porque este no es suficiente para establecer el orden. Y hay muchos tipos de control que son necesarios, no negociables, de los cuales no me dedicaré a hablar en este blog. Sin embargo, el control que se desprende de la cultura heterónoma, de esa a la que el ser humano de este contexto, de nuestra ciudad, está acostumbrado, de ese sí voy a hablar. Si se entiende que la heteronomía alude a la costumbre de tener un policía, un vigilante, un supervisor, un fiscal de los actos cotidianos, empezaremos a entender que como sociedad no podemos llamarnos desarrollados, porque no somos capaces de hacer cosas sin que otros nos lo digan, porque no hemos aprendido a autorregularnos, a respetar al otro, no por la sanción misma sino por el sentido de lógica que debe haber en el comportamiento cotidiano. Si eso sucediera, el antónimo perfecto de la heteronomía sería la autonomía y de eso la sociedad capitalina, poco y nada. Puse este título porque esa dependencia absurda al control y al hacer “porque toca” y no “porque quiero” se evidencia en circunstancias tan sencillas como las presentes en el servicio de transporte urbano. ¿Por qué hay sillas azules y sillas rojas? Porque si un sistema no le indica a la gente que hay otros que necesitan sentarse por su edad, por su condición, por su limitación, estas personas pasarían desapercibidas como pasa en otros escenarios simplemente porque no hay cultura en educación y en consideración a los otros. Si nuestra maraña social fuera autónoma realmente, no habría necesidad de recordar con colores que hay privilegios que se tienen por una necesidad apenas obvia. Y con todo esto veo todo el tiempo gente que se pelea por un puesto, otros que gritan “una silla azul” pero ni siquiera se levantan de la roja que tienen por ceder su puesto a quien lo requiere. Lo anterior es solo una de las muchas cosas que reflejan la dependencia a ese absurdo control. En las calles y claro, en las personas conocidas, es muy común ver que se respeta el semáforo o se usa el cinturón pensando más en el parte y la caución que en el sentido lógico de preservar la vida ajena y la propia. En los fines de semana es un infierno ir por auto en la ciudad porque sencillamente como no hay “pico y placa” cada propietario piensa que es justo sacar su carro ya que la norma no opera, así sea para recorrer distancias estúpidas de la casa a la esquina o de la casa a otro parqueadero de un centro comercial, pero muy pocos se miden así mismos en la conciencia de restringirse por respeto a la ciudad, al ambiente, a la comodidad misma. Otros escenarios en los que tristemente se observa la heteronomía es en las aulas de clase y en las oficinas de trabajo. En el primero, los estudiantes necesitan un vigilante para presentar sus pruebas porque de lo contrario no serían capaces de entender que una evaluación es el resultado de su verdadero conocimiento y se trabaja para la valoración cuantitativa de corto plazo pero no para la vida de largo plazo. En el segundo, la mayoría de personas llegan temprano y hacen acto de presencia si su jefe vive al tanto de sus actividades, pero por debajo, se dedican a otros menesteres cuando nadie está mirando. Es por esto, que la sociedad depende de un control arbitrario para funcionar apenas, pero qué ideal y utópico sería que hiciéramos las cosas porque las queremos hacer, porque tenemos una responsabilidad propia y con los demás, porque adquirimos un compromiso en el cual es inherente responder sin que nos estén recordando que hay que llegar a tiempo, que hay que pagar las deudas, que las sillas sin importar el color es para quien realmente las necesita, no para el que quiere irse cómodo.

sábado, 18 de febrero de 2012

LA PERMISIVIDAD DE LOS MEDIOS

Cuando estudiaba Comunicación Social por allá en los noventa, si había algo que me apasionaba era precisamente el tema de los medios y toda la aproximación teórica y filosófica acerca de su influjo en la sociedad próxima al nuevo milenio. Nunca me mató trabajar en alguno aunque posteriormente lo hice, porque mis expectativas siempre se inclinaron hacia la investigación y por cosas que son tema de otro blog, terminé en el mercadeo. Aún así, desde otra perspectiva, sigo sin estar ajena a este gusto del que confieso, cada vez más me cuesta ser objetiva, será porque mi mirada es más la de un receptor común y corriente o porque inevitablemente los consumo tratando de hallar algo de qué hablar en ellos.
Lo cierto es que cada vez me indigno más, me aburro más. Pienso que el zapping me ha llevado a ser inconforme y que la aparición de Youtube anuló mi audiencia por las emisoras, que me siento más informada por Twitter que por los diarios, no sé, lo que sí tengo claro es que en un contexto donde la transparencia, la necesidad de información y la apertura mental a diferentes formas de pensar, de ser y de sentir es cada instante más latente, siento que aún los medios tratan a lo público como material de quinta y juegan peligrosamente con el imaginario colectivo de la gente.
No voy a hablar de los contenidos, es válido que haya de todo: desde el programa dedicado a chismosear la vida de la gente como el científico que le enseña a uno algo. Hay de lo banal y de lo profundo, como en la cotidianidad, como en el día a día, y los canales son libres de hacer con su parrilla de programación lo que les venga en gana porque finalmente en una sociedad global, “hay para darle gusto a todos”. Pero ojo, los medios muchas veces confunden la diversidad y la irreverencia, la polémica y la controversia, con la permisividad por el irrespeto. Desde mi óptica, ya son un irrespeto los contenidos estúpidos y poco preparados, pero hasta ahí ‘aguantan’ si se sabe que hay quién los disfrute. Sin embargo darle pie a que se juegue con el ego y la autoestima de las personas, ya eso es otra cosa.
En estos días la ‘gran diva de divas’ denominada así por los medios, más no porque tenga un talento real aparte del de hacerle la guerra al honorable paso del tiempo a punta de trampas quirúrgicas, Grisales, insultó a una participante cuando se burló de su problema de ojos y prácticamente la llamó bizca. Que esta estrella de circo sea inculta no tiene remedio, pero que el canal en su ánimo desaforado de rating permita desde sus libretos este tipo de comentarios es lo verdaderamente cuestionable. Que emisoras como Candela, Radioactiva y otras por el estilo tengan programas mañaneros poco profundos no es tan raro, pero que sus oyentes se conviertan en el objeto de burlas sexuales principalmente, sí es preocupante porque eso solo demuestra una cosa y es que quedan muy pocas personas, no sé si comunicadores que sepan hacer humor con elegancia. Cómo extraño por ejemplo sin ser lo mismo a Les Luthiers.
Hasta hace una década larguita, lo más grave ante un público lector era encontrar por ahí un gazapo, un error de redacción, hoy revistas como Soho han usado en su publicidad a una indígena en el entorno natural, desnuda y todo con sus senos caídos para decirle a sus lectores que eso jamás lo verán ahí claro, porque su promesa básica son las nenas siliconadas de curvas utópicas y perfectas. Cuando esto último sucedió yo pensaba que el más amarillista y asqueroso de todos los impresos era El Espacio, ahora pienso que lo horrendo se ha querido disfrazar de bonito, y no es que sea agradable ver un cadáver con tres puñaladas en el torso pero tampoco lo es burlase de una auténtica mujer.
La pregunta es: si los medios son permisivos con el irrespeto hacia el público en aras de sus ansias de competitividad, cómo se cuestiona entonces el mismo comportamiento de la sociedad en una calle, en el trabajo, en la vida del día a día. Estos le están mostrando directamente a la gente que es válida la burla, el irrespeto, la mala intención con tal de sobresalir en un mundo lleno de tantas opciones.

sábado, 24 de septiembre de 2011

CONFUNDA PERO NO OFENDA

“Confunda pero no ofenda” le decían a uno los mayores cuando se les llamaba por equivocación con un nombre diferente. Mi profesor de semiótica de ese entonces, hubiera llamado al error un lapsus lingus que en teoría freudiana significaría que uno estaba pensando en esa persona que evocó quizá con fines sexuales. No obstante, la connotación de esa ‘confusión’ me quedó grabada para siempre y no por un simple lapsus, sino porque constantemente veo y creo que somos una sociedad que tendemos a confundir o a interpretar no solo lo que nos conviene, sino aquello que nos protege.
En cuanto a lo primero, podría ejemplificarse mejor con el dicho “confunde la gimnasia con la magnesia”, vivimos sumidos en la constante fantasía de ver nuestros sueños realizados, nuestra ciudad en buenas manos, nuestros bolsillos llenos de plata, nuestra cotidianidad salpicada por pequeñas gotas de aventura, que en ocasiones vemos lo que queremos ver, no lo que en realidad está pasando, y terminamos ofendiendo a alguien o lo que es peor, generando una falsa autoestima que dura lo mismo que la espuma.
En cuanto a lo segundo, somos bastante inseguros del entorno, entonces vemos ladrones en caras humildes cansadas por el trabajo –aunque algunas veces el instinto no falla-, creemos que cualquiera que nos ofrezca su amistad algo se trae en mente, o si alguien nos pregunta una dirección ya miramos si tiene la galleta mojada lista para robarnos, o la escopolamina para embobarnos. Ya no vemos compañeros de trabajo sino oportunistas laborales, si alguien nos sonríe en un sitio pensamos que es una echada de perros, si alguien nos habla en el bus, seguro que ya es un fastidio.
¿Qué nos pasa? ¿Cuándo y por qué nos prohibimos disfrutar de las cosas como vienen? ¿Por qué hemos permitido que la decepción nos aleje de la posibilidad que nos da muchas veces la vida en el azar?, ¿por qué siempre pensamos mal? No es un juicio, este sistema social nos ha llevado a ello, no es fácil confiar y creer en un entorno donde todo es peligro, pero en ese ir y venir de prejuicios, se nos está olvidando vivir y nuestra confusión con alevosía o sin ella, de alguna manera nos obliga a ofender igual, de cualquier manera.

Pd. Pido excusas por interpretar mal y excuso a quien interpreta también mal lo aquí escrito.