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Soy cotidiana, y eso para mi ya es muy importante. Desde lo común se perciben cosas y situaciones que no son posibles en otros aspectos. Me gusta el marketing, lo ejerzo y lo he llevado hasta las aulas universitarias, las cuales son mi principal complemento para todo lo demás. Los animales son otra de mis pasiones y preocupaciones. El medio ambiente y la vida en sociedad son otros temas también que ocupan mis días. Escribo por gusto no por obligación y afortunadamente encontré un trabajo en el que me pagan por hacerlo.

domingo, 12 de julio de 2020

¿SOLTAR Y DEJAR FLUIR? O ¿CONSERVAR Y CULTIVAR? LO QUE LAS CRISIS PUEDEN ENSEÑARNOS



Estaba en deuda con mi blog, pero ahora vengo con un poco más de tiempo a ponerme al día con esta entrada, algo más de dos años, prometiendo escribir a menudo de todos estos temas de marketing cotidiano. 




Las marcas en especial cuando son nuevas en el mercado, tienden a generar grandes estrategias publicitarias y promocionales para cautivar con ese innovador producto a los posibles consumidores. Esto lo ve uno en grandes compañías y en pequeños negocios, que cuando comienzan, de hecho lo hacen muy bien: son serviciales, son atractivos, ofrecen un sinnúmero de atributos maravillosos. Si es un restaurante, te encontrarás una comida exquisita y bien preparada, si es un bien tangible, seguramente te toparás con un artículo de excelente calidad, con un buen respaldo preventa y postventa, en fin, vas a encontrar una serie de cosas que te harán creer que por fin encontraste un sitio donde sentirte bien atendido y volver, o un producto que con seguridad comprarás de nuevo… no importa lo que valga.

Uno de los errores más grandes que puede cometer una empresa tenga o no reconocimiento o si apenas se empieza a consolidar, es no mantener esa coherencia en el tiempo, es decir, tener el entusiasmo en el ciclo inicial y no preservarlo una vez se logra cautivar a dicho mercado. No quiere decir que pase con todas las marcas y empresas, por supuesto que no. Muchas entienden que la conquista es un tema de todos los días, no de un rato, y lo han hecho bien, y por eso están donde están. Hablo de aquellas que no dimensionan aún, a pesar de la globalidad, que de nada sirve el impulso inicial si este no se mantiene vivo de ahí en adelante.

Con las personas, con las relaciones, sean estas de amistad, de trabajo, de amor, de familia, pasa exactamente igual. Esto no significa que cada vez que iniciamos un contacto con alguien tenga que perdurar para siempre. No hay contratos vitalicios ni en la vida ni el marketing, pero sí hay algo que se llama el tiempo de éxito, es decir, ese rango cronológico que debes trabajar para que en lo posible las cosas salgan lo mejor que se pueda: si eres empresario, sabes de lo que hablo. No se desiste de un proyecto de emprendimiento al primer problema, al primer obstáculo; no se puede esperar una ganancia de inversión en los primeros dos años cuando hablas de hacer empresa. Tendrás que cultivar día a día la plantita que una vez fue parte de tu sueño y no dejarla morir en las primeras semanas solo porque algo no salió como querías.

Bien, creo que ya me he hecho entender. Mucha gente, muchos empresarios, muchas marcas, se preguntan por qué lo que parecía ir tan bien, de repente se acaba y es que lo difícil no es comenzar como muchos creen, lo difícil, el reto, está en perdurar.

Estamos en tiempos de pandemia, de confinamiento, y muchas empresas han tenido que cerrar, otras, han visto disminuidos sus ingresos, la lucha en estas circunstancias es bastante difícil. Pero yo creo en algo, en eso que va más allá del marketing y es precisamente ese esfuerzo que desde antes de la crisis, algunas marcas, algunos establecimientos, hicieron en su día a día por permanecer, sin saber lo que se acercaba, y esa constancia y ese tesón, que no debiera venirse a hacer justo ahora, es el que puede llegar a dar una luz de esperanza.

Lo que quiero decir es que en crisis, de una u otra forma tendrás que luchar por recuperar lo que se pueda sin remedio, pero no hay que tener una situación problema encima para correr a hacer las cosas que pudiste hacer y cuidar antes. Lo que mostraste cuando comenzaste, lo que trabajaste en los días corrientes es lo que te va a dar la fuerza para salir de la situación difícil. Y así con las personas. No podemos esperar a redimir lo que dejamos perder antes con la gente, con la familia, con los amigos, con la pareja, cuando ya tenemos el agua en el cuello. Ese es el costo de recuperar, cuestión que ni las empresas ni las personas han entendido muy bien: recuperar cuesta, recuperar no siempre es posible, recuperar implica volver a comenzar sin la garantía de que todo vuelva a ser como antes.

Jamás se puede basar la esencia de la vida, los negocios, las tácticas, en recuperar. El punto es construir, atesorar, hacer lo mejor que puedas no cuando las cosas se han perdido o desvanecido. El otro día leía una frase que me llamó la atención, decía algo así “muchos están concentrados en soltar y dejar fluir, pero pocos están interesados en conservar y perdurar”. Y entonces pensaba ¡cuánta razón hay en esto! pues vivimos en una sociedad que piensa erróneamente que dejar fluir y soltar es desentenderse del otro, es dejar todo al azar a ver que pasa, es dejar escapar lo que la vida te presenta: si fue, fue, y si no, no sucede nada. Y sí que sucede. Filosofía algo triste que denota el poco esfuerzo que personas y empresas están tan frágilmente dispuestas a hacer por cultivar y trabajar de alguna manera a sus clientes, sus oportunidades, a las personas, a la vida misma.

En marketing se habla mucho del costo que implica el conseguir nuevos clientes versus el costo que tiene conservar los que ya se tienen.  No voy a hablar de cifras, no las tengo a la mano, pero sí puedo decirles que es mucho más caro ir por ahí consiguiendo consumidores adicionales que quieran comprarte, a preservar y cuidar los que una empresa ya tiene o atrajo previamente. Siempre será válido abrirse a nuevos mercados, nuevas posibilidades, pero en ese afán de hacer crecer los números, en estos casos muchas empresas olvidan a quienes siempre han estado ahí y decidieron darte una oportunidad de comprar la marca. Con las personas pasa exactamente igual, con excepción de las cifras y el costo de inversión o el famoso ROI del que siempre se habla. Aquí no hay dinero de por medio, pero hay cosas más importantes, valores intangibles, afectos que no vas consiguiendo por ahí como si esto fuera un mercado o una feria de pueblo. Creo que la analogía es suficiente.

Vuelvo y repito, no se trata de solo mirar lo que ya se tiene, por supuesto que en un mundo con tantas opciones siempre habrá que estar presto a las diferentes oportunidades, pero una cosa es estar abierto al cambio y trabajar por ello, pero una muy diferente es olvidar lo importante, lo que ya tienes, lo que has conseguido. Con esta situación de pandemia, veo que las empresas buscan atraer más clientes nuevos para levantar sus negocios. Todo un reto, todo un trabajo yo diría, desgastante y poco efectivo. No han entendido un concepto del que hablaré en otro blog, llamado lealtad o fidelidad de marca, lo cierto es que quien te dará la mano en la circunstancia que sea: comercial, laboral, familiar, personal, es que quien ya te la dio antes, con toda seguridad te la dará después.

Así las cosas, no solo desde un pensamiento estratégico, también desde una perspectiva de vida, hay que entender que si comenzaste tu negocio, tu empresa, un vínculo, -sea empresarial o personal- siendo uno, prometiendo demasiado, siendo servicial, lo mejor de lo mejor, ofreciendo un producto único y exquisito, amable, excepcional, etc, y con el tiempo, pensaste que ya no era importante mantener eso, porque ahí estaban tus clientes y te compraban de todas formas, y no era necesario esforzarse más, entonces no esperes de verdad, que esos clientes o esas personas sigan ahí para ti o para tus ofertas de negocio y te den un chance, en situaciones como esta, la que estamos viviendo, donde todo es difícil y pocos están dispuestos a dar. Si empezaste siendo uno y terminaste siendo otro, entonces sí tendrás que conseguir nuevos clientes, nuevas oportunidades, pero eso no te garantiza que vayas a lograrlo.

Así que te invito a trabajar y enfocar tus fuerzas más en lo que conseguiste, llama a esos clientes que ya están contigo, ponte en contacto con esas empresas con las que algún día tuviste un contrato, escríbele un correo a esa persona que alguna vez te hizo un favor y apenas le dijiste gracias, no sé, vuelve a rescatar si te es posible lo que alguna vez te hizo conseguir lo que obtuviste con quienes decidieron abrirte su puerta -en el buen sentido de la palabra-.

Hasta la próxima.

sábado, 14 de abril de 2018

LOS BUENOS MODALES SON EL MEJOR VESTIDO QUE PUEDES LLEVAR

Si existe una cualidad que haga ver hermosa a cualquier persona son los buenos modales y si hay algo que haga ver a alguien feo, que genere repudio y fastidio es precisamente la mala educación. Muchas personas invierten dinero en ropa, maquillaje, perfumes, accesorios, automóviles, celulares costosos y en general lujos que poco o nada sirven si ellos no se esfuerzan o hacen un buen intento por tener un mínimo de buen comportamiento, aclarando que los buenos modales nada tienen que ver con la clase social, el estrato socioeconómico, el nivel de estudios, la edad, la raza o el lugar de procedencia de una persona. Podemos encontrar de todo: personas que han estudiado a un nivel alto y tienen una buena posición social o reconocida, con modales que dejan mucho qué desear, como personas que carecen de recursos y viven en condiciones de pobreza pero con un comportamiento y actitud maravillosas.


Algunas personas creen que tienen el derecho de ser groseros solo por el hecho de tener un cargo o una edad avanzada y eso no es así. El respeto y los buenos modales son transverales a cualquier época de un individuo y más que una obligación moral que no lo es, constituyen una obligación social para la buena convivencia y construcción de contextos sean estos nacionales, urbanos, educativos, familiares, laborales, entre otros.  Considero que un aspecto que ha influido mucho en la carencia de modales que se vive a diario tiene que ver con el hecho de que existen comportamientos que se han vuelto comunes y como he recalcado en otras entradas de mi blog, el que algo sea común no constituye ni la norma ni lo correcto.
Así, encontramos que se ha vuelto común no saludar, no dar las gracias o empujar a las personas para abrirse paso. Común se ha vuelto usar el pito del automóvil para acosar a quien hace un pare o da paso a otro, insultar a una persona que se varó en la vía, ignorar los correos o mensajes de alguien sin una respuesta a una pregunta. Se volvió común ver a la gente en los servicios religiosos, clases, conferencias, almuerzos y citas chateando por el celular o hablando y riéndose a carcajadas en un recinto donde se debe hacer silencio. Se volvió común insultar a las personas en las redes o en otros espacios porque no piensan igual que el otro, invadir con mensajes y cadenas aburridas a los demás en WhatsApp y Facebook. Es común ver a las personas comiendo, maquillándose o con rulos en la cabeza en el transporte público; se volvió común la burla, la indirecta en las redes y así otro tipo de comportamientos que para nada abonan a la imagen personal y por el contrario sí la deterioran.
Entonces vuelvo a lo mismo: que sea común no es indicativo de que sea correcto. La gente no puede dejarse contagiar por esa ausencia de valores imitando comportamientos que están muy lejos de generar oportunidades, porque seamos sinceros: los buenos modales sí que abren puertas, sí que enamoran. Muchas personas se quejan de estar solos, de no ser aceptados, de ser rechazados en un trabajo, en una beca, de no poder conseguir pareja o amigos, de no ser interesantes para un escenario en especial. Sin afirmar que las causas sean siempre por la falta de buenos modales, sería interesante preguntarse si una de estas puede ser precisamente una actitud carente de decencia.
Siempre se ha dicho que los modales se aprenden en casa y esto es cierto. Pero todo lugar y momento son una oportunidad para aprenderlos y ponerlos en práctica pues estos, no son negociables ni relativos. Una persona no puede decir que toma la decisión de tener buenos modales con unas personas y espacios sí y con otros no. Aquí no hay grises, no hay gamas. La actitud decente está presente en todas las circunstancias, con todas las personas y no como dice una señora de la farándula nacional, muy controvertida ella:  que no está en la obligación de saludar a quien le cae mal porque eso es ser hipócrita. La decencia no pelea con nada ni nadie y hay que ser decente incluso con quienes no nos agrada. Saludar no es ser hipócrita. Si va a recibir consejos al respecto, búsquelos en personas que sean un buen ejemplo de educación porque el ser famoso o poderoso no es sinónimo ni de calidad humana ni de buenas costumbres.
Estoy segura que en términos generales todos sabemos qué cosas son las asociadas a los buenos modales y cuáles no. Mi invitación es a no imitar lo que se ha vuelto común. Es tan cotidiano ver la falta de modales ahora que cuando alguien es cortés y tiene un buen comportamiento, esto se vuelve un atractivo fuerte y constituye un gran diferencial, en definitiva el mejor vestido que puede llevar.

sábado, 7 de abril de 2018

EN CUESTIÓN DE MARCA COMO EN LA VIDA ES MEJOR SER QUE APARENTAR

La marca es un concepto del que mucho se habla y poco se aplica. Tanto la web como las librerías están llenas de documentos que la explican, la analizan, tratan de llevarla a un escenario posible de acción, lo cual está bien y es adecuado, el problema está en que empresas y personas la siguen viendo como una práctica que solo se asocia a la imagen y han olvidado que la marca representa mucho más que un logo o una apariencia y más bien se trata de un acto de coherencia: algo así como una secuencia entre lo que se dice, lo que se piensa y lo que se hace.
Indudablemente la marca tiene unos elementos constitutivos que la componen como un nombre, un logotipo, unos colores, en algunos casos personajes, números y emblemas que la complementan, y esto debe ser un trabajo bien desarrollado que atine a generar recordación; pero no podemos ignorar que además de esto, la marca es la representación de una práctica empresarial en la cual los consumidores deben sentirse identificados y deben ver en ella lo que realmente un producto o servicio promete, sumado al hecho de que una marca en sí misma constituye una garantía, un valor de confianza por el cual una persona apuesta cuando la adquiere.  Aún así, vemos casos de productos y empresas cuyas marcas se quedan en la imagen bonita y descuidan aspectos tan vitales como el servicio, el respeto por el mercado, la competencia sana, la responsabilidad social y la reciprocidad que un cliente espera de estas.


Ser recordado por malas prácticas, por escándalos mediáticos, por publicidad engañosa, por calidad deficiente, pareciera que no le importara a muchas empresas y es entonces cuando podemos afirmar que en efecto, estas tienen una marca pero de branding muy poco o nada. Del branding también se habla bastante y entendemos por branding todas aquellas acciones y procesos que ayudan a construir la marca de una forma más profunda, desde la percepción, desde el concepto que forja en consumidores y no consumidores; por eso, marca y branding no son lo mismo pero van de la mano y aunque hay que hacer un trabajo fuerte para construir y posicionar una marca, es el branding el que realmente constituye su esencia.
En otro capítulo hablaré específicamente del branding y con más profundidad, pero al respecto lo que se puede anotar es que va ligado a los procesos, personas, métodos, estrategias y acciones que realmente construyen ese valor de la marca. Así las cosas, no es suficiente con crear una imagen agradable, hay que ser agradable. No es suficiente con hacer una marca fácil de pronunciar y de recordar visual y sonoramente, en este caso una marca es recordable y accesible porque dicho producto, servicio o persona, si fuera la circunstancia, es todo eso en el día a día y los demás lo perciben realmente.
La marca no es un concepto que solo de debe aplicar a productos o servicios, debe ser también asociado a las personas, pues como individuos somos marcas que estamos en un mercado laboral y profesional sin excluir el ámbito privado y de una u otra forma generamos una imagen hacia los demás. Tanto para empresas como para los seres humanos, la proyección de la marca requiere de esfuerzo y trabajo, es decir, no es suficiente con "querer parecer". Yo puedo "querer parecer" inteligente pero esto no se logra con el simple deseo, si ese es mi objetivo hacia los demás para que otros me vean inteligente yo debo estudiar, leer, interactuar con diferentes escenarios, esforzarme por el conocimiento mismo y producir contenidos, argumentos, encuentros donde esto sea evidente. De lo contrario no se podrá lograr.
Igual pasa con un producto que desde la marca quiere darse a conocer por ejemplo como amigable con el medio ambiente. No se trata pues de usar la publicidad o las redes para subir mensajes en pro de la protección animal y la ecología, pero en sus prácticas internas de empresa no se recicla, el producto en sí usa elementos contrarios a esa filosofía y no tiene programas realmente ambientales. Es cuestión de coherencia.
En la salud, en el sector financiero, en los servicios en general por nombrar algunos, encontramos marcas de estas empresas cuyo lema tiene que ver con el sentido humano o la agilidad y vemos cómo en sus mensajes comerciales esta promesa es usada para la venta de su portafolio pero en la práctica, en la cotidianidad, hay un trato displicente con cliente, demoras en los procesos logísticos y de entrega, burocracia. ¿Será entonces que esas marcas verdaderamente están siendo acordes entre lo que piensan, dicen y hacen? Yo no lo creo.
El tema de marca es amplio y de un gran debate sin duda alguna, pero yo resumiría toda esa filosofía y esa gran disertación teórica de esta manera que lo he descrito, está bien tener una buena imagen visual, pero está mejor ser esa gran imagen en la realidad, algo así como es mejor ser que aparentar.

lunes, 19 de marzo de 2018

Al amor y al marketing lo afectan principalmente dos cosas: el miedo y la falta de innovación


Yo creo que uno de los temas más complicados de abordar es el amor, no sólo porque su concepto es muy relativo y amplio, sino porque es mucho lo que se puede decir al respecto y es tan escaso el tiempo y el espacio que intentar resumir el más bello de los sentimientos aquí, es más bien utópico. No sé si me he metido en camisa de once varas, pero desde el marketing y lo cotidiano que es el amor mismo, hablaré de algunas herramientas que pueden aplicarse en sus diferentes formas en pro de su buena práctica, de su permanencia, aclarando que mi intención no es darles fórmulas mágicas porque yo creo que cada quien tiene su manera y sus propias vivencias por demás muy valiosas; lo que yo quiero entregarles hoy es una recopilación resultado de experiencias que pueden ser útiles y usted verá si son acertadas o no en su caso. Lo que sí es claro es que hay dos cosas que afectan mucho al marketing y al amor: el miedo (miedo a expresarse, miedo al qué dirán, miedo a perder, miedo a intentarlo, miedo a quedarse solo, miedo a amar...) y la falta de innovación (pensar que una vez pasa la conquista todo está hecho y es perdurable, no preocuparse por mejorar cada día, no progresar, entrar en la zona de confort, ignorar los alcances de la competencia...) 



Promesa Básica 
En marketing el término promesa básica refiere al cumplimiento total y garantizado de lo que un producto o servicio ofrece a su mercado. Si yo le prometo al consumidor que mi producto le va a quitar las canas y se va a ver más joven, justo eso tiene que hacer mi producto, de lo contrario es lo que se conoce como publicidad engañosa. En las relaciones románticas y de conquista, la promesa básica es igual y funciona de la misma manera que el marketing. Creo que el problema del desamor, la decepción y todo lo que ello conlleva se debe precisamente al hecho de prometer cosas que no se pueden cumplir y con esto no hablo solamente de los juramentos como "serás el amor de mi vida", "eres el único (a)", "siempre te amaré"; hablo de venderse en la etapa de conquista como una persona con ciertas características y atributos y una vez culminado el trabajo mostrar la real cara y personalidad. Considero que esto decepciona a cualquiera y va en contra del amor, y quiero decirle algo, sabemos que somos imperfectos, entonces hay que mostrar lo perfecto y lo imperfecto de entrada, el otro verá si lo amará y aceptará aún así. Si usted es celoso, controlador, mamón, fastidioso, perezoso, sensible, o lo que sea, muestre eso desde un principio. Quien se enamora de uno, lo quiere a uno con todo (lo bueno y lo malo) y no intentará cambiarlo, una cosa muy diferente es transformarse en otra persona después de la etapa de enamoramiento. 

Empaque atractivo 
Un producto en el mercado para ser tenido en cuenta y lograr preferencia generalmente debe tener un empaque atractivo, llamativo que se podrá ir cambiando a medida que pase el tiempo adaptándose al momento y preferencias del consumidor. Ojo con lo que voy a decir porque no quiero malas interpretaciones: esto aquí no se trata de ser perfectos, recurrir a las cirugías, gimnasio y no salir de la peluquería. Por supuesto que si usted quiere hacerlo está bien, pero la gente toda la vida ha confundido ser atractivo con tener cuerpo armonioso y cara de modelo, y por eso tenemos una sociedad miserable. Una persona atractiva es alguien que en primer lugar se quiere como es y respira esa comodidad aún estando en pijama y sin maquillaje, pero además se preocupa por cultivar su ser interior. Es una equilibrada y sincrónica combinación entre lo espiritual, lo intelectual y lo físico, no una o dos, las tres. Conozco gente que una vez se casan se descuidan y no se ponen bonitos ni dentro de casa o fuera de esta, otros dejan de estudiar, de leer, de progresar, de trabajar. Se abandonan creyendo que ya lo hicieron todo una vez termina la conquista y no ven que la conquista es una lucha del día a día, con una competencia que ofrece muchas cosas allá afuera (lamento decirlo pero es la realidad) tanto así que ya no tienen un tema de interés qué compartir con su pareja y por eso dejan de ser atractivos, dejando que la monotonía y ese querer descubrir algo nuevo del otro se pierda olvidando que enamorarse significa también dejar que el otro descubra siempre algo nuevo en mí, en definitiva: alguien predecible que ya no genera curiosidad o interés. 

Spam Sobresaturación 
En este punto caben varios aspectos desde diferentes perspectivas. En primer lugar cuando hay una conquista o un interés por alguien está bien demostrar la intención hacia el otro porque si a usted le agrada otra persona o le atrae para una relación, lo más lógico y acertado es expresar eso. Sin embargo, es importante medir la cantidad de acciones hacia ese otro porque pueden convertirse en saturación lo cual puede terminar en desinterés por parte del objetivo. En mercadeo de igual forma está bien hacer publicidad, enviar mensajes, pero llega un punto es que es tal la cantidad que tomamos aversión hacia una marca, en especial si invaden nuestro correo o teléfono celular con mensajes de spam. Igual pasa con las personas, demostrar interés no tiene que convertirse en un martirio para el otro y hay que ser claro y contundente con el mensaje de lo que usted quiere. Insistir cuando vemos que no hay feedback, feeling, igualdad de interés, es clave para no volverse intenso y fastidioso, recuerde que la atracción y el amor son de dos, no de uno, hay que aprender a leer a los demás y entender cuándo un no es un no y un sí es un sí. Simple. 
Desde otro ángulo está la sobreexposición de amor, en especial en las redes sociales (estados de WhatsApp, Facebook, Instagram, Twitter, etc). Es contraproducente realizar publicaciones cada cinco minutos o todos los días, de lo mucho que usted está enamorado o despechado según el caso. Está bien compartir una que otra cosa, por qué no, pero sobreexponerse tiene consecuencias: usted cansa a las personas con el mismo cuento y por otro lado recuerde lo que García Márquez dijo por ahí: "el amor es eterno mientras dura" y cuando usted se sobreexpone también corre el riesgo de ser la burla y la crítica de todos los demás si esa relación algún día termina. Usted podrá decirme que no le importa lo que los demás piensen, y tiene razón, pero no le dé motivos a las personas y aprenda a gozar de sus momentos desde su privacidad pues finalmente son suyos y de nadie más, sea prudente porque la vida es cíclica, es parte de la naturaleza y el aprendizaje humano, pero es parte de su intimidad y a nadie más le interesa. 
Y desde otro punto, hay que dejar que el otro respire, deje espacio para que lo extrañen que soltar no significa abandonar. Me da risa y me parece ridículo como algunos contenidos en Internet aconsejan a las personas cosas como: ignorar al otro, dejarlo en visto, hacerse el interesante, el difícil, responder los mensajes tres días después, no, eso no sirve y usted puede estar perdiendo a alguien por actitudes inmaduras, sea porque es su pareja o porque es alguien que está dentro de sus expectativas. Cuando hablo de espacio, me refiero al hecho de dejar al otro ser en su naturaleza, en los momentos de soledad, en el espacio vital que todos necesitamos, estar solo. Hay personas que piensan que si le dan un respiro al otro lo van a perder por siempre o no conciben salir a un plan si no es con su pareja. Gran error. El valor más preciado de cualquier ser humano es la libertad y qué bueno es saber que el otro teniendo su libertad y su tiempo, elige estar conmigo. 

Brand Sense 
Este concepto del marketing es uno de mis favoritos para todo. El brand sense trabaja dos frentes importantes del ser humano: los sentidos y los sentimientos o emociones. Por supuesto que desde una óptica muy positiva el marketing lo ha adoptado entendiendo que todo ser humano sin excepción tiene cinco sentidos que son una fuente de inspiración grandiosa y emociones que son inherentes a este. Algunas marcas  le han apostado a las dos tácticas y entonces buscan ser recordadas y atractivas desde lo visual (agradable a los ojos), gustativo (con gran sabor y deleite), auditivo (apreciable con sonidos/ música que son placenteros), olfativo (con olor inolvidable y delicioso) y táctil (que puede ser tocado y genere placer). En las relaciones de pareja, desde la etapa de conquista hasta cuando usted ya lleva años lo podríamos aplicar así: visual (atractivo siempre, agradable que produzca admiración al verlo. Ver lo que escribí en el aparte de empaque), gustativo (que al saborearlo produzca agrado, aquí los hábitos de limpieza y estética son importantes), auditivo (este es genial pues lo asocio al hecho de que escuchar al otro sea un consuelo, un elíxir para los oídos. Cero cantaletas, cero discursos y dramas, cero quejas, nada de insultos, siempre buenas palabras. Leer mi blog sobre el Arte de Regalar), olfativo (no hay nada más agradable en la vida que abrazar, besar, tocar a alguien cuyo olor es agradable. Sí, a usted lo aman aún cuando haya comido cebollas o no se haya bañado, pero el olor es vital y créame, enamora, y es el responsable de la química entre dos, procure oler siempre bien), táctil (¿déjese tocar! ¿Por Dios! He visto parejas que no se tocan, no se toman de la mano, no se dan un abrazo, no permiten que el otro se acerque. Así es muy difícil mantener la química en el amor. Si a usted ya no le nace tocar al otro, yo le pregunto: ¿Qué hace ahí?). 
En cuanto a lo emocional, no olvidemos que todas las personas sin excepción tienen sentimientos. Por más fría que sea una persona, por más que las expresiones de afecto no sean la principal característica de algunos, jamás olvide que las personas sienten tristeza, alegría, miedo, entre otras emociones. Cuando usted está con alguien en el plan que sea, la empatía es la mejor de las herramientas para compenetrarse con otro. Si su pareja o potencial pareja está triste dele un abrazo, hable con ella. Si está feliz por un logro, deje por un momento el Facebook y celebre ese momento con esa persona; si le hace un regalo no importa lo que sea, demúestrele gratitud, dele un beso. Las cosas sencillas forjan las más complejas, es por eso que el mercadeo se ha venido preocupando por ver a sus clientes y no clientes más como personas y no como números que facturan. Usted también téngalo presente. 


El ciclo de vida 
El ciclo de vida de un producto se compone de: Introducción, crecimiento, madurez y declive. Las personas y las relaciones pasan por lo mismo. Para las tres primeras ya escribí todo lo anterior, pero qué pasa cuando estamos en el declive, en ese punto en que ya el producto o en este caso, la relación, está deteriorada o en su fin. Tal como pasa en el mercadeo hay dos caminos seguros: o usted se reinventa y vuelve a comenzar el ciclo o le da una muerte digna a dicho producto porque hay casos en que ya nada se puede hacer. No hay tintes medios. 
Querer permanecer en situaciones y relaciones desgastadas por el motivo que sea es una de las principales causas de la infelicidad de la gente. Muchos se excusan en "el tiempo que llevamos juntos", los hijos, la parte económica, el miedo a quedarse solo... y no toman la decisión de dar un salto a la libertad, porque les preocupa más el "qué dirán" que su propia felicidad y se mantienen en matrimonios o noviazgos que los hacen sufrir, enamorados de otros que automáticamente los lleva o a ser infieles o platonizar a alguien dejando que el tiempo precioso se vaya, viendo la felicidad pasar por sus narices sin hacer nada. ¡Sea valiente! Luche si tiene que luchar por ese amor, dele un vuelco a la situación, trabaje para que funcione, ¡no se vaya sin antes intentarlo eso sí!, pero si ve que no hay nada que hacer, así usted tenga 80 años dé un salto al vacío y arriésguese porque el miedo es el culpable de que muchos amores no se hayan podido realizar y que muchas ideas de éxito en marketing hayan fracasado. Ojalá no deje pasar mucho tiempo.

Feliz semana para todos.