Datos personales

Mi foto
Soy cotidiana, y eso para mi ya es muy importante. Desde lo común se perciben cosas y situaciones que no son posibles en otros aspectos. Me gusta el marketing, lo ejerzo y lo he llevado hasta las aulas universitarias, las cuales son mi principal complemento para todo lo demás. Los animales son otra de mis pasiones y preocupaciones. El medio ambiente y la vida en sociedad son otros temas también que ocupan mis días. Escribo por gusto no por obligación y afortunadamente encontré un trabajo en el que me pagan por hacerlo.
Mostrando entradas con la etiqueta relaciones públicas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta relaciones públicas. Mostrar todas las entradas

domingo, 18 de julio de 2021

Y TÚ, ¿QUÉ ESTABAS ESPERANDO?

 

Esperar no es malo. Si hay una cualidad que forja grandes seres humanos es la esperanza porque cuando se tiene tu mente se enfoca justo en esperar que las cosas salgan bien o algún día estén mejor. Por eso esta palabra viene de esperar y va ligada a la paciencia, porque esperar no es de entrada algo fácil, se necesita tiempo, se necesita calma y se necesita fe.



En esta oportunidad quise exponer el tema, porque he visto que se ha vuelto costumbre dentro de los coach y en los entornos sociales mismos, afirmar que “no es bueno esperar nada de nadie”, como un mecanismo que quizá busca con buenas intenciones, hacer que las personas se lastimen menos y generen pocas o ninguna expectativa frente a una situación o frente a otras personas. Se refieren a esto como una actitud egoísta que busca condicionar a los otros a que hagan lo que queremos, y no, una cosa es el capricho y exigir a la fuerza  que nos den algo en concreto y otra muy diferente es creer en el otro.

Está viciado nuestro mundo de tan malos consejos que a las personas se les incentiva a no sentir, a autoproclamarse en una falsa seguridad y motivación personal centrada en el ego, en desesperanza disfrazada de una poderosa autoestima que se convierte en apariencia,  que ya hasta para ser persona hay que tomar con pinzas nuestra esencia, no sea que a otros no les guste o no les parezca, menuda estupidez. Y por ello, hoy vengo a contradecir eso, porque de nuevo, nos encontramos frente a un paradigma que se ha querido normalizar y constituir como correcto cuando en realidad no lo es, cuando ciertamente ese “no esperar”, tampoco es que nos libre de una decepción ya que en el fondo es inevitable esperar siempre algo, aunque sea lo mínimo.

Pésimo o igual que lo anterior es “esperar lo peor”, como una actitud de anticiparse al hecho con la única satisfacción de “confirmar” que en efecto, eso, esos y ese la iban a “regar” de cualquier forma convirtiéndose así en una manera de comprobar que las cosas siempre saldrán mal, como una fatal premonición que termina siendo cierta y reafirma que no es bueno esperar lo mejor de nadie. Hay estudios que se han hecho en el marco de la ciencia, que demuestran cómo cuando alguien espera lo peor de otros, irremediablemente pasa algo no sé si en la mente, en el cosmos, o en qué lugar desconocido, y que lleva a que esa situación se dé en especial hacia lo negativo. Yo personalmente no soy muy seguidora de los conceptos asociados a las teorías que hablan de la ley de la atracción porque tengo mis argumentos para pensar que no siempre atraemos lo que queremos, pues si fuera así yo sería millonaria o tendría todo resuelto en mi vida. Lo que sí creo, es que la predisposición a algo lleva inevitablemente a generar una atmósfera buena o mala según el caso, y si alguien piensa que determinada persona va a salir como decimos en Colombia con “un chorro de babas” pues eso tiene una tendencia a darse porque seguramente de forma inconsciente tus actitudes influenciarán las del otro, y lograrás tu cometido.

Vale aclarar que no siempre funciona así, la vida y los seres humanos somos tan complejos como para supeditar las acciones solo a una variable, pienso que en ocasiones la gente te puede sorprender para bien o para mal, lo cierto es que yo hoy cuestiono que ese “no esperar nada de nadie”, daña más a la misma persona que lo piensa que a los demás, porque lo convierte en alguien que va por la vida sin muchas ganas de dar, de esforzarse menos porque todo salga bonito, en definitiva, de hacerse menos amable la estancia por este camino tan corto que todos tenemos.

Decirle a alguien “qué estabas esperando” es similar a tirarle un vaso de agua a la cara, es menospreciar justo las expectativas del otro no porque se esté en obligación de cumplirlas, sino porque cada quién es dueño de lo que espera, de lo que sueña y de lo que forja en su mente. En ese caso manejar estas situaciones cuando no podemos estar a la altura de lo que alguien quería de nosotros, deberá llevarnos antes a reflexionar si en primer lugar somos una persona sin esperanza que traslada sus carencias a los demás, y segundo, a revisar si nuestras palabras, si nuestras actitudes se comprometen más allá de lo que podemos dar y en ese caso todo se resuelve como he dicho en otras oportunidades, guardando silencio o siendo prudentes con aquello que hacemos. Aún así, hoy los invito, a no dejarse llevar por ese “no esperes nada de nadie”, no importa que te decepcionen, pues eso justamente se llama vivir y hace parte de nuestro constante aprendizaje; y seguramente pasará más de una vez, pero también te darás cuenta que no siempre es así, que esperar lo mejor nos hace actuar también mejor, hablar sin lastimar, dar con alegría, darse una oportunidad. No confundamos pues el brindar algo con sinceridad con el hecho de hacerlo sin una motivación que se llama justo así: esperar.

Hasta la próxima

 Escucha este blog en mi podcast https://soundcloud.com/luisa-fernanda-ramirez-149417080/y-tu-que-estabas-esperando

 

jueves, 8 de octubre de 2020

LA GRATITUD ES LA MEMORIA DEL CORAZÓN

Decir gracias no debería ser simplemente una palabra que por educación debe pronunciarse obligatoriamente cuando alguien hace algo por nosotros. Más allá de ser agradecidos por todo lo que tenemos, lo cual está muy bien, la gratitud es la manera, es la forma como actúas con aquellos que algún día te dieron algo: su tiempo, su amistad, su dinero, su confianza, una oportunidad profesional, su conocimiento o en cualquiera de sus variables, su ayuda.

Mucha gente va por la vida pensando que son dignos del favor de otros sin nada a cambio, y yo pienso que aún cuando es cierto que al hacer algo por otros, no debes esperar grandes cosas, lo que sí creo profundamente es que por lo menos mereces de esas personas, de esas empresas, si es el caso, respeto y buena actitud.



Ser agradecido no te debe convertir en alguien que todo el tiempo tenga que estar retribuyendo ese algo que te brindaron, ni ser un fastidioso que en cada encuentro tengas que recordar con palabras eso mismo. El solo hecho de abstenerse de hablar mal o de actuar mal, ya en sí es una forma de agradecimiento, quizá la mejor manera de devolverle al otro su esfuerzo o su intención.

Esto lo entienden las empresas que con su cliente interno y externo, no se desperdician en simples frases o mensajes tales como “gracias por confiar en nosotros” o “gracias por hacer parte de nuestro equipo”, sino que trascienden a acciones reflejadas en prestar un mejor servicio, en hacer las cosas bien, en facilitar la vida a esas personas, en fin, en respetar y valorar a quienes han hecho posible que estén en el lugar que actualmente ocupan. Es una forma mucho más clara del concepto de gratitud.

Con las relaciones interpersonales nada cambia. No se trata de estar llamando, de estar escribiendo, de estar hablando, pues esto en muchos casos no es posible. Quizá ya no hayan vínculos, quizá ya no haya manera de estar en continuo contacto, por la razón que sea, o por qué no, a veces no hay cómo devolver un favor, pero siempre se podrá ser grato si tienes presente que un silencio prudente, que una actitud considerada, que el abstenerse de decir, pensar o hacer algo en contra de quien alguna vez te dio su mano o hizo algo por ti, debe llevarte a pensar que si tu retentiva no te alcanza para recordar eso, el corazón sí que tiene memoria o debería tenerla.

Hasta la próxima.


lunes, 28 de septiembre de 2020

PROMESA BÁSICA Y EL VALOR DE LA PALABRA

 

Tener palabra es cumplir con aquello que te comprometiste a hacer. Sea poco o mucho, tener palabra es una garantía para el otro pero también es la imagen que proyectas, esa, que da credibilidad, respeto, reputación, porque cuando lo haces no solo estás demostrando quién eres sino que además te ganas un lugar ya sea en un mercado o en un grupo de personas que a ciencia cierta, saben que pueden confiar en ti.


En marketing se llama promesa básica y es cuando un producto o servicio da aquello que muestra en la publicidad o en el momento de la venta. No puedes ofrecer algo que no estás dispuesto a llevar a término porque cuando no es así, tus clientes no volverán a comprarte y no podrás trabajar en el valor de marca porque sencillamente, esta no puede darse si no hay coherencia en lo que piensas, dices y haces.



Para el personal branding funciona de la misma manera, si los tres elementos que anteriormente nombré no están fusionados, trabajados en el mismo orden, no hay ecuación, no hay manera de que tu palabra sea parte de tu diferenciación, si tus actos van por otra vía, por la de no cumplir. Anteriormente la gente decía “te doy mi palabra de honor” y eso bastaba para que otros creyeran que iba a ser así. No había necesidad de firmar papeles por todo, de tener testigos, de tomar fotos, ni siquiera huellas dactilares, porque la palabra era precisamente eso: honor, no la excusa barata para engañar a otros o mostrar una imagen mientras se puede sacar un beneficio -como pasa ahora- y después perderse para evitar una explicación o en el mejor de los casos una justificación sincera.


Tener palabra debería considerarse uno de los puntos más fuertes a trabajar si se quiere lograr una buena imagen tanto en el campo profesional como en el personal, así como en las circunstancias del mercado. Como siempre lo he dicho, si al final es muy difícil tener palabra, una opción muy sencilla será siempre, la de quedarse callado.

Hasta la próxima.

sábado, 1 de agosto de 2020

LAS PALABRAS QUE SOBRAN: CUANDO EL SILENCIO ES UNA MEJOR RESPUESTA

Personalmente no voy con las frases de falso positivismo que muchas personas pronuncian frente a quien ha tenido una pérdida, la que sea -económica, empresarial, laboral, sentimental, familiar-. Esas tales como: “tú puedes”, “lo que no te mata te hace más fuerte”, “pasa la página”, “ten fortaleza y continúa”, “todo pasa por algo”, etc, las concibo como palabras del comodín cotidiano que en efecto, son pronunciadas en buena parte con toda la buena voluntad del caso por quien las dice, pero no necesariamente le dan al otro la fuerza y las ganas para continuar o realmente recuperarse de la situación que sea y mucho menos si estas, solo son parte de la cortesía pero no están acompañadas de actos auténticos o franqueza.

En un mundo lleno de memes inspiradores que inundan Instagram, Facebook y los estados de WhatsApp, pienso que la empatía y la ayuda indiscutible, proviene más del silencio respetuoso y de la honesta compañía, de quien se solidariza con lo que estés viviendo y en lugar de llenarte de expresiones bonitas pero inservibles, más bien te hace sentir que está ahí, acompañando y quizá mirando cómo te puede dar una mano.


El discurso de lo bonito, de lo adornado, no escapa tampoco ni al ámbito empresarial ni al marketing. Cuando uno llama a una empresa de taxis o de servicios de salud, por poner un ejemplo, generalmente se encuentra al otro lado con una grabación impersonal que le recuerda lo “importante que es el cliente para nosotros”, claro, pero esa importancia no se ve en algunos casos por ningún lado, te plantan hasta media hora o más a veces, hasta que te contestan la llamada para decirte posteriormente que no pueden solucionar tu inconveniente o prestarte un servicio. Mala cosa.

En la vida cotidiana, el caso no es diferente. No sé si es que el mundo se acostumbró a llenarse de muchos mensajes para justificar las carencias, que cualquier cosa que suene bien se usa para llenar los espacios de lo que se es incapaz de dar en lo real. Es cierto que hay prosas bellas, es verdad que siempre será bonito escuchar halagos, promesas, oraciones alentadoras, pero también es cierto que si estas no trascienden a los hechos entonces de nada sirven. Una marca, una empresa, una persona, no pueden andar por ahí llenando de disertaciones falsas a los demás solo por pretender ser agradables y tratar de mostrar lo chéveres que son con los otros. Si una marca como parte de su estrategia comercial dice que sus clientes son lo más importante, pues uno como cliente deberá sentirse importante, en especial cuando va a hacer un reclamo, no para cuando le están vendiendo.

Si una empresa habla de lo fundamental que son sus empleados o colaboradores pues ello deberá trascender en cualquier circunstancia, que no son las fiestas o las peroratas adornadas en eventos o redes sociales, los que hacen feliz y productivo a un grupo en el trabajo: es el respeto que se brinda, incluso cuando hay crisis y debes prescindir de ellos. Y qué decir de las personas, ahí, el escenario es mucho peor. En la vida nos topamos con muchas de estas que dicen lo mejor de ti y tienen en sus palabras frasecitas de cajón, solo cuando les conviene, solo mientras obtienen lo que desean, pero solo espera a que haya una situación adversa y verás cuántos de estos quedan.

En el marketing y en la vida, las palabras se cuidan, estas, no pueden ser un simple copy writer publicitario en el que buscas enganchar, conquistar y luego, hacer de cuenta que nada pasa. Lo dicho o escrito, sólo tiene efecto cuando se es consecuente con los hechos. Por ello, andar diciendo por ahí cualquier cosa para “conectar” y luego hacer el tan popular “ghosting” no ha de servir jamás ni para posicionar un producto ni mucho menos para construir vínculos válidos, credibilidad y lealtad, sea de marca o sea personal.

La palabra tiene poder cuando va acompañada de sucesos que la respaldan, no cuando llenas el Instagram de inspiraciones generales que no son auténticas para un mercado de clientes, para personas, pues no serán jamás percibidas como genuinas cuando los actos son otros. Estamos en medio de una pandemia, de una crisis de la que se ha esperado, haya cambios positivos en todos los aspectos, sin embargo, de modo muy personal considero que esta situación, ha hecho aún más evidente, no las falencias económicas o estratégicas, por el contrario, ha mostrado con mayor fuerza lo ineficiente del discurso amañado y la falsedad del ser humano. Es cierto, que no se puede pedir a otros que sean diferentes, no se puede exigir a una empresa, marca o persona, que dé aquello de lo que no tiene, es claro. Sin embargo, sí hay algo que puede hacerse por lo menos para ser consecuente, y es guardar silencio. Bien decía por ahí un adagio popular de nuestros abuelos: “la mejor palabra es la que no se dice” y más si no es necesaria, si no es verdadera.

Hasta la próxima.


sábado, 7 de abril de 2018

EN CUESTIÓN DE MARCA COMO EN LA VIDA ES MEJOR SER QUE APARENTAR

La marca es un concepto del que mucho se habla y poco se aplica. Tanto la web como las librerías están llenas de documentos que la explican, la analizan, tratan de llevarla a un escenario posible de acción, lo cual está bien y es adecuado, el problema está en que empresas y personas la siguen viendo como una práctica que solo se asocia a la imagen y han olvidado que la marca representa mucho más que un logo o una apariencia y más bien se trata de un acto de coherencia: algo así como una secuencia entre lo que se dice, lo que se piensa y lo que se hace.
Indudablemente la marca tiene unos elementos constitutivos que la componen como un nombre, un logotipo, unos colores, en algunos casos personajes, números y emblemas que la complementan, y esto debe ser un trabajo bien desarrollado que atine a generar recordación; pero no podemos ignorar que además de esto, la marca es la representación de una práctica empresarial en la cual los consumidores deben sentirse identificados y deben ver en ella lo que realmente un producto o servicio promete, sumado al hecho de que una marca en sí misma constituye una garantía, un valor de confianza por el cual una persona apuesta cuando la adquiere.  Aún así, vemos casos de productos y empresas cuyas marcas se quedan en la imagen bonita y descuidan aspectos tan vitales como el servicio, el respeto por el mercado, la competencia sana, la responsabilidad social y la reciprocidad que un cliente espera de estas.


Ser recordado por malas prácticas, por escándalos mediáticos, por publicidad engañosa, por calidad deficiente, pareciera que no le importara a muchas empresas y es entonces cuando podemos afirmar que en efecto, estas tienen una marca pero de branding muy poco o nada. Del branding también se habla bastante y entendemos por branding todas aquellas acciones y procesos que ayudan a construir la marca de una forma más profunda, desde la percepción, desde el concepto que forja en consumidores y no consumidores; por eso, marca y branding no son lo mismo pero van de la mano y aunque hay que hacer un trabajo fuerte para construir y posicionar una marca, es el branding el que realmente constituye su esencia.
En otro capítulo hablaré específicamente del branding y con más profundidad, pero al respecto lo que se puede anotar es que va ligado a los procesos, personas, métodos, estrategias y acciones que realmente construyen ese valor de la marca. Así las cosas, no es suficiente con crear una imagen agradable, hay que ser agradable. No es suficiente con hacer una marca fácil de pronunciar y de recordar visual y sonoramente, en este caso una marca es recordable y accesible porque dicho producto, servicio o persona, si fuera la circunstancia, es todo eso en el día a día y los demás lo perciben realmente.
La marca no es un concepto que solo de debe aplicar a productos o servicios, debe ser también asociado a las personas, pues como individuos somos marcas que estamos en un mercado laboral y profesional sin excluir el ámbito privado y de una u otra forma generamos una imagen hacia los demás. Tanto para empresas como para los seres humanos, la proyección de la marca requiere de esfuerzo y trabajo, es decir, no es suficiente con "querer parecer". Yo puedo "querer parecer" inteligente pero esto no se logra con el simple deseo, si ese es mi objetivo hacia los demás para que otros me vean inteligente yo debo estudiar, leer, interactuar con diferentes escenarios, esforzarme por el conocimiento mismo y producir contenidos, argumentos, encuentros donde esto sea evidente. De lo contrario no se podrá lograr.
Igual pasa con un producto que desde la marca quiere darse a conocer por ejemplo como amigable con el medio ambiente. No se trata pues de usar la publicidad o las redes para subir mensajes en pro de la protección animal y la ecología, pero en sus prácticas internas de empresa no se recicla, el producto en sí usa elementos contrarios a esa filosofía y no tiene programas realmente ambientales. Es cuestión de coherencia.
En la salud, en el sector financiero, en los servicios en general por nombrar algunos, encontramos marcas de estas empresas cuyo lema tiene que ver con el sentido humano o la agilidad y vemos cómo en sus mensajes comerciales esta promesa es usada para la venta de su portafolio pero en la práctica, en la cotidianidad, hay un trato displicente con cliente, demoras en los procesos logísticos y de entrega, burocracia. ¿Será entonces que esas marcas verdaderamente están siendo acordes entre lo que piensan, dicen y hacen? Yo no lo creo.
El tema de marca es amplio y de un gran debate sin duda alguna, pero yo resumiría toda esa filosofía y esa gran disertación teórica de esta manera que lo he descrito, está bien tener una buena imagen visual, pero está mejor ser esa gran imagen en la realidad, algo así como es mejor ser que aparentar.

domingo, 18 de febrero de 2018

REGALAR ES UN ARTE DE MAGIA DESPERDICIADA

Acaba de pasar San Valentín y aunque es una fecha de tradición muy norteamericana, muy de Europa, poco a poco en Latinoamérica ha venido tomando fuerza y ya las personas se incorporan a su celebración. En Colombia se conmemora con más fuerza en el mes de septiembre y digamos que lo importante de estos días en todo el mundo, es la intención de recordar a ese amor, a esos seres queridos, a esos amigos para agradecerles su compañía y el afecto que nos han dado o sentimos por ellos.
Pero no voy a hablar de esas fechas, voy a hablar de la importancia que tiene el regalar en general, porque regalar es todo un arte y debe hacer parte de nuestros hábitos de gratitud siempre, en el día a día, a cada hora, en cada momento. Regalar no necesariamente debe ser una acción que esté mediada por el dinero y por un presente material, de hecho cuando se regalan "cosas inmateriales" estamos enfocando mejor este arte. Siempre debemos procurar regalar en la cotidianidad sin dejar de lado las fechas especiales y comerciales pues si usted queriendo rebelarse en navidad, en un cumpleaños o en el día del amor y la amistad porque su argumento es que esto es marketing, pues yo le digo sí, es marketing pero no puede ignorar a quienes ama solo por ello.
No obstante, regalar debería ser un hábito con dos componentes importantes: que sea constante y que sea impactante, y ojo que con ello no quiero decir que impactante está asociado al regalo más caro o al más creativo, quiero decir que ello debe quedar en el mejor lugar de todo ser humano, el corazón. Cuando hablo de constante quiero que usted piense en hacerlo un propósito para su vida espiritual y profesional, porque regalar abre caminos, porque aquí yo hablo de regalar buena actitud, buenas palabras, buenos comportamientos, buenos pensamientos. Entonces, no necesita llevar un objeto todos los días a las personas con quienes comparte su lugar de trabajo o su casa, su entorno, pero sí puede regalar tranquilidad, palabras que construyan y levanten el ánimo, compañía, solidaridad, tantas cosas. Cuando se encuentre con alguien que no tiene un buen semblante no le diga que está feo o gordo, eso no va a cambiar positivamente a esa persona y seguramente sí le estará amargando el resto de día. Sin ser hipócrita, usted puede hacer referencia a un accesorio que lleve puesto, a lo bien que huele, no sé, tantas cosas buenas que usted puede decir y que son un regalo porque estoy segura, usted le hizo el día un poco mejor a esa persona.
Cuando llegue a casa cansado en lugar de pelear con su pareja, sus hijos o su mascota, haga un esfuerzo por compartir lo bueno que le sucedió como una anécdota o algo divertido, por darle un abrazo a esa persona que no vio en todo el día, por darle un beso a quien le acompaña constantemente, eso es un regalo que la gente así sea en silencio agradecerá más que una cantaleta abominable.
Si usted es un jefe regale a sus empleados palabras de agradecimiento por ejemplo, destaque su labor cuando lo hagan bien. Un buen líder no es el que más grita o el que se gana la autoridad a costa del miedo de los demás, un buen líder se gana el respeto y lo da, no lo regala, pero sí puede obsequiar su sabiduría compartiendo su conocimiento y entendiendo que los otros también son seres humanos.
Regale sonrisas, regale actitud cuando llegue a un restaurante o sala de belleza, es cierto que usted está pagando pero quien hace un trabajo para usted quizá esté necesitando en ese momento "un algo" que lo motive a continuar en la vida y usted no solo está ganando riqueza espiritual, también está ganando la posibilidad de que ese otro le regale un mejor servicio del que usted espera, nunca se sabe.
Este es un tema que se puede asociar al personal branding e imagen de marca porque cuando esa actitud de regalar es parte de su estilo de vida, se dará cuenta que será el favorito de otros: en su familia, de sus clientes, del mercado, una diferenciación clara frente a la competencia en todos los ámbitos, porque usted se transforma en una persona especial que ofrece experiencias y momentos buenos, o ¿quien quiere estar al lado del criticón, del gruñón, del chismoso, del que se queja de todo? nadie, excepto los que son iguales a él. Es un tema de Relaciones Públicas porque como he insistido en este y otros contenidos que tengo, no se puede dimensionar hasta donde llega la gratitud de alguien y el poder de recordación que genere en el otro, simplemente porque usted quizá dijo una palabra que se necesitaba en el momento exacto y oportuno, o porque regaló una sonrisa. Eso es abrir puertas.
Quiero aclarar esto. Regalar no es equivalente a dar algo porque se requiere un favor del otro o peor aún, dar algo que ya no necesito. Es muy común escuchar a la gente decir: "hay que darle un regalo a fulano para que nos haga este favor" o "voy a regalar una ropita que ya no me sirve a los más necesitados". Cuidado con ese cruce de conceptos, pues regalar es un acto donde se hace un esfuerzo -no obligado ni con malestar- por otra persona y no es deshacerse de lo que ya no uso.
Lo anterior lo han entendido también algunas marcas y empresas que usted podrá notar en  productos que no le "regalan" nada, me refiero a la práctica promocional de "te doy una salsa por la compra del spaguetti" o algo así, o no cobrar. Usted en su negocio cobre lo que tenga que cobrar, pero regale experiencias, momentos inolvidables -ver marketing experiencial, Brand Sense- y entenderá a qué me refiero. No voy a mencionar marcas pero piense en aquellas que en Black Friday sin pedirlo a sus clientes, logran que literalmente se atropellen cuando abren las puertas y no necesariamente porque ese día haya descuentos, es porque aman, adoran la marca por sus buenas prácticas de experiencia con su mercado todos los días del bendito año.
Pues bien, ya para finalizar, mi consejo es que incorpore el hábito de regalar y póngalo en práctica correctamente en el entorno que desee y yo le aseguro que verá resultados, porque es un arte, porque tiene magia y esa la necesitamos a diario para construir nuestra imagen pero también nuestro interior.