Datos personales

Mi foto
Soy cotidiana, y eso para mi ya es muy importante. Desde lo común se perciben cosas y situaciones que no son posibles en otros aspectos. Me gusta el marketing, lo ejerzo y lo he llevado hasta las aulas universitarias, las cuales son mi principal complemento para todo lo demás. Los animales son otra de mis pasiones y preocupaciones. El medio ambiente y la vida en sociedad son otros temas también que ocupan mis días. Escribo por gusto no por obligación y afortunadamente encontré un trabajo en el que me pagan por hacerlo.
Mostrando entradas con la etiqueta branding. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta branding. Mostrar todas las entradas

domingo, 18 de julio de 2021

Y TÚ, ¿QUÉ ESTABAS ESPERANDO?

 

Esperar no es malo. Si hay una cualidad que forja grandes seres humanos es la esperanza porque cuando se tiene tu mente se enfoca justo en esperar que las cosas salgan bien o algún día estén mejor. Por eso esta palabra viene de esperar y va ligada a la paciencia, porque esperar no es de entrada algo fácil, se necesita tiempo, se necesita calma y se necesita fe.



En esta oportunidad quise exponer el tema, porque he visto que se ha vuelto costumbre dentro de los coach y en los entornos sociales mismos, afirmar que “no es bueno esperar nada de nadie”, como un mecanismo que quizá busca con buenas intenciones, hacer que las personas se lastimen menos y generen pocas o ninguna expectativa frente a una situación o frente a otras personas. Se refieren a esto como una actitud egoísta que busca condicionar a los otros a que hagan lo que queremos, y no, una cosa es el capricho y exigir a la fuerza  que nos den algo en concreto y otra muy diferente es creer en el otro.

Está viciado nuestro mundo de tan malos consejos que a las personas se les incentiva a no sentir, a autoproclamarse en una falsa seguridad y motivación personal centrada en el ego, en desesperanza disfrazada de una poderosa autoestima que se convierte en apariencia,  que ya hasta para ser persona hay que tomar con pinzas nuestra esencia, no sea que a otros no les guste o no les parezca, menuda estupidez. Y por ello, hoy vengo a contradecir eso, porque de nuevo, nos encontramos frente a un paradigma que se ha querido normalizar y constituir como correcto cuando en realidad no lo es, cuando ciertamente ese “no esperar”, tampoco es que nos libre de una decepción ya que en el fondo es inevitable esperar siempre algo, aunque sea lo mínimo.

Pésimo o igual que lo anterior es “esperar lo peor”, como una actitud de anticiparse al hecho con la única satisfacción de “confirmar” que en efecto, eso, esos y ese la iban a “regar” de cualquier forma convirtiéndose así en una manera de comprobar que las cosas siempre saldrán mal, como una fatal premonición que termina siendo cierta y reafirma que no es bueno esperar lo mejor de nadie. Hay estudios que se han hecho en el marco de la ciencia, que demuestran cómo cuando alguien espera lo peor de otros, irremediablemente pasa algo no sé si en la mente, en el cosmos, o en qué lugar desconocido, y que lleva a que esa situación se dé en especial hacia lo negativo. Yo personalmente no soy muy seguidora de los conceptos asociados a las teorías que hablan de la ley de la atracción porque tengo mis argumentos para pensar que no siempre atraemos lo que queremos, pues si fuera así yo sería millonaria o tendría todo resuelto en mi vida. Lo que sí creo, es que la predisposición a algo lleva inevitablemente a generar una atmósfera buena o mala según el caso, y si alguien piensa que determinada persona va a salir como decimos en Colombia con “un chorro de babas” pues eso tiene una tendencia a darse porque seguramente de forma inconsciente tus actitudes influenciarán las del otro, y lograrás tu cometido.

Vale aclarar que no siempre funciona así, la vida y los seres humanos somos tan complejos como para supeditar las acciones solo a una variable, pienso que en ocasiones la gente te puede sorprender para bien o para mal, lo cierto es que yo hoy cuestiono que ese “no esperar nada de nadie”, daña más a la misma persona que lo piensa que a los demás, porque lo convierte en alguien que va por la vida sin muchas ganas de dar, de esforzarse menos porque todo salga bonito, en definitiva, de hacerse menos amable la estancia por este camino tan corto que todos tenemos.

Decirle a alguien “qué estabas esperando” es similar a tirarle un vaso de agua a la cara, es menospreciar justo las expectativas del otro no porque se esté en obligación de cumplirlas, sino porque cada quién es dueño de lo que espera, de lo que sueña y de lo que forja en su mente. En ese caso manejar estas situaciones cuando no podemos estar a la altura de lo que alguien quería de nosotros, deberá llevarnos antes a reflexionar si en primer lugar somos una persona sin esperanza que traslada sus carencias a los demás, y segundo, a revisar si nuestras palabras, si nuestras actitudes se comprometen más allá de lo que podemos dar y en ese caso todo se resuelve como he dicho en otras oportunidades, guardando silencio o siendo prudentes con aquello que hacemos. Aún así, hoy los invito, a no dejarse llevar por ese “no esperes nada de nadie”, no importa que te decepcionen, pues eso justamente se llama vivir y hace parte de nuestro constante aprendizaje; y seguramente pasará más de una vez, pero también te darás cuenta que no siempre es así, que esperar lo mejor nos hace actuar también mejor, hablar sin lastimar, dar con alegría, darse una oportunidad. No confundamos pues el brindar algo con sinceridad con el hecho de hacerlo sin una motivación que se llama justo así: esperar.

Hasta la próxima

 Escucha este blog en mi podcast https://soundcloud.com/luisa-fernanda-ramirez-149417080/y-tu-que-estabas-esperando

 

domingo, 25 de octubre de 2020

LA INCERTIDUMBRE ES LO MEJOR QUE NOS PUEDE PASAR

 La incertidumbre es una palabra que genera resistencia, también miedo. No nos criaron ni nacimos muchos en medio de esta, porque el contexto venía de alguna forma acostumbrándonos a su habitual acomodo: era estable el trabajo, la economía, el sistema social y hasta las relaciones. Hoy nos enfrentamos a un derrumbe de esos paradigmas donde lo único constante es el cambio, y aunque la red y la literatura estén llenos de expertos hablando del tema o de cómo hacer la gestión de ese cambio, no nos digamos mentiras, casi nadie, por no decir que ninguno está preparado para afrontarla.




Es por esto que quien diga que hay una fórmula para solucionar lo desconocido, de entrada está mintiendo, pues ¿cómo podemos saber qué hacer cuando no sabemos qué va a pasar? Sin embargo, lo que sí puedo aportar yo al respecto es que la incertidumbre no es del todo mala, de hecho, es lo mejor que nos ha podido pasar porque cuando las cosas son predecibles de verdad pierden el gusto y más en el actual escenario, donde la gente se aburre muy fácil, nada les sorprende, todo se les va como agua entre los dedos. Ya Bauman cuando habló de la sociedad líquida, hizo un grandioso acercamiento a lo que es la trama cotidiana de hoy en la que todo es efímero, en la que todo pierde valor y en la que cosas y personas van y vienen sin parecer importarles el tomarse con mayor profundidad la vida.

La incertidumbre deberá llevarnos obligatoriamente a repensarnos, a transformarnos, a volver nuestros ojos hacia la esencia del ser. Deberá conducirnos por un camino que no está abierto y en el que nos corresponde recorrerlo con lo que tengamos, con lo que sepamos, con lo que cultivemos. Y como no hay fórmulas, lo mejor es aceptar que está sucediendo, pero más allá de eso, reconocer que como humanos somos frágiles, somos susceptibles, somos sin excepción proclives a ser víctimas, victimarios o héroes, todo depende del papel que queramos asumir. De cualquier forma pienso, que esta nos invita quizá cruelmente para unos y más suavemente para otros, a redefinir nuestra vida y cómo vemos y tratamos a nuestros semejantes. A ser empáticos, a ponernos en los zapatos de aquellos que juzgamos desde la falsa tranquilidad de tenerlo todo y en el fondo, no tenerlo nada.

Lo importante aquí tampoco es quedarse en la reflexión porque la incertidumbre, la crisis, lo inexacto, tiene que trascender, tiene que ser el motivador para lograr renacer en medio de esta o sumirse en la oscuridad. Es una elección, como todo, pero es lo mejor que nos ha podido pasar en medio de un mundo tan dormido e insensible como el que hemos construido.

Hasta la próxima.

 

jueves, 8 de octubre de 2020

LA GRATITUD ES LA MEMORIA DEL CORAZÓN

Decir gracias no debería ser simplemente una palabra que por educación debe pronunciarse obligatoriamente cuando alguien hace algo por nosotros. Más allá de ser agradecidos por todo lo que tenemos, lo cual está muy bien, la gratitud es la manera, es la forma como actúas con aquellos que algún día te dieron algo: su tiempo, su amistad, su dinero, su confianza, una oportunidad profesional, su conocimiento o en cualquiera de sus variables, su ayuda.

Mucha gente va por la vida pensando que son dignos del favor de otros sin nada a cambio, y yo pienso que aún cuando es cierto que al hacer algo por otros, no debes esperar grandes cosas, lo que sí creo profundamente es que por lo menos mereces de esas personas, de esas empresas, si es el caso, respeto y buena actitud.



Ser agradecido no te debe convertir en alguien que todo el tiempo tenga que estar retribuyendo ese algo que te brindaron, ni ser un fastidioso que en cada encuentro tengas que recordar con palabras eso mismo. El solo hecho de abstenerse de hablar mal o de actuar mal, ya en sí es una forma de agradecimiento, quizá la mejor manera de devolverle al otro su esfuerzo o su intención.

Esto lo entienden las empresas que con su cliente interno y externo, no se desperdician en simples frases o mensajes tales como “gracias por confiar en nosotros” o “gracias por hacer parte de nuestro equipo”, sino que trascienden a acciones reflejadas en prestar un mejor servicio, en hacer las cosas bien, en facilitar la vida a esas personas, en fin, en respetar y valorar a quienes han hecho posible que estén en el lugar que actualmente ocupan. Es una forma mucho más clara del concepto de gratitud.

Con las relaciones interpersonales nada cambia. No se trata de estar llamando, de estar escribiendo, de estar hablando, pues esto en muchos casos no es posible. Quizá ya no hayan vínculos, quizá ya no haya manera de estar en continuo contacto, por la razón que sea, o por qué no, a veces no hay cómo devolver un favor, pero siempre se podrá ser grato si tienes presente que un silencio prudente, que una actitud considerada, que el abstenerse de decir, pensar o hacer algo en contra de quien alguna vez te dio su mano o hizo algo por ti, debe llevarte a pensar que si tu retentiva no te alcanza para recordar eso, el corazón sí que tiene memoria o debería tenerla.

Hasta la próxima.


lunes, 28 de septiembre de 2020

PROMESA BÁSICA Y EL VALOR DE LA PALABRA

 

Tener palabra es cumplir con aquello que te comprometiste a hacer. Sea poco o mucho, tener palabra es una garantía para el otro pero también es la imagen que proyectas, esa, que da credibilidad, respeto, reputación, porque cuando lo haces no solo estás demostrando quién eres sino que además te ganas un lugar ya sea en un mercado o en un grupo de personas que a ciencia cierta, saben que pueden confiar en ti.


En marketing se llama promesa básica y es cuando un producto o servicio da aquello que muestra en la publicidad o en el momento de la venta. No puedes ofrecer algo que no estás dispuesto a llevar a término porque cuando no es así, tus clientes no volverán a comprarte y no podrás trabajar en el valor de marca porque sencillamente, esta no puede darse si no hay coherencia en lo que piensas, dices y haces.



Para el personal branding funciona de la misma manera, si los tres elementos que anteriormente nombré no están fusionados, trabajados en el mismo orden, no hay ecuación, no hay manera de que tu palabra sea parte de tu diferenciación, si tus actos van por otra vía, por la de no cumplir. Anteriormente la gente decía “te doy mi palabra de honor” y eso bastaba para que otros creyeran que iba a ser así. No había necesidad de firmar papeles por todo, de tener testigos, de tomar fotos, ni siquiera huellas dactilares, porque la palabra era precisamente eso: honor, no la excusa barata para engañar a otros o mostrar una imagen mientras se puede sacar un beneficio -como pasa ahora- y después perderse para evitar una explicación o en el mejor de los casos una justificación sincera.


Tener palabra debería considerarse uno de los puntos más fuertes a trabajar si se quiere lograr una buena imagen tanto en el campo profesional como en el personal, así como en las circunstancias del mercado. Como siempre lo he dicho, si al final es muy difícil tener palabra, una opción muy sencilla será siempre, la de quedarse callado.

Hasta la próxima.

miércoles, 12 de agosto de 2020

ES MEJOR INTENTARLO QUE QUEDARSE CON LA DUDA

 

La última vez que vi a María C., fue en su apartamento. Era febrero de 2016 unos meses antes de yo irme a vivir a otra ciudad, y nos encontramos para almorzar como lo habíamos prometido, hablar de nuestras cosas y recordar el tiempo que compartimos trabajando juntas en Relaciones Públicas. Fue mi mentora en este tema y gracias a sus enseñanzas empezó mi pasión por el marketing, y hoy esta entrada va dedicada a su memoria.


Quise comenzar esta vez así para hablar del tema, porque tristemente estamos acostumbrados a dejar asuntos sin resolver por pequeños o grandes que sean y en el momento no comprendemos que si no hacemos las cosas en el instante que es, es muy probable que quizás el “luego” no exista más. Cuando ella y yo nos despedimos ese día, nos prometimos vernos pronto para un café porque quería comentarme sobre un proyecto importante que tenía en mente y del cual quería que yo hiciera parte, pero lo dejamos disolver unos meses entre tanto trabajo y agite de la vida, de tal forma que ese encuentro nunca se dio y no se dará, y me arrepiento no haber estado allí porque a lo mejor, uno nunca sabe, yo pudiera estar contándoles al hacer esta referencia una historia diferente.

Los seres humanos dejamos pasar la oportunidad por la razón que sea, porque estamos ocupados, porque no tenemos tiempo, porque priorizamos egoístamente otras cosas y no somos conscientes que a lo mejor cuando no lo intentamos en el ahora, quizá más adelante ya no se pueda. Tenemos ideas constantes de cómo cambiar el mundo, de cómo transformar nuestra vida, de cómo avanzar en un proyecto y es verdad que en ocasiones lo logramos, pero en otras muchas no, porque nos da miedo, porque nos da pereza, o porque estamos en función de pensar qué dirá la gente.

¡Y qué carajo importa lo que digan o piensen los otros! si al final de todo, quien tendrá que llevar las derrotas o las ganancias es cada uno, no los demás. Muchos negocios se quedan sin nacer, no por falta de creatividad o de oportunidad, sino por falta del impulso para intentarlo. Mucha gente anda infeliz por ahí porque no se atreven a dar un salto al vacío pensando solo en los daños cuando estos ni siquiera se han causado. La primera vez que hice rafting recuerdo que fue en un río de bajada un poco violenta y debo confesarles que siempre le he tenido pavor al agua, más bien respeto, y ese día solo sé que me puse ese chaleco, me aventuré a hacerlo -mi mamá nunca lo supo- y fue algo arriesgado, pero esa experiencia y otras que he tenido, no las cambio porque lo bueno fue que ahí estuve y hacen parte de mis recuerdos.

Creo que a pesar de todo lo que ha pasado en estos meses, las personas no han caído en la cuenta de que la vida está llena de momentos que se viven, porque los que no, sencillamente no hacen parte de ella. En estos días en los cuales la incertidumbre es la reina, deberíamos vivirnos cada uno de estos como si fuera el último, y no, no estoy siendo fatalista, simplemente estoy diciendo que siempre valdrá la pena intentar lo que sea pero más ahora, cuando no sabemos con sinceridad lo que nos depara un mundo en el que te vas a dormir y encuentras muchas cosas diferentes cuando despiertas.

Hoy no me quiero extender mucho en mi escrito, porque creo que he sido clara en lo que he expuesto. Porque los minutos están corriendo acelerados y porque ahora precisamente, me esperan unos sueños que están por ahí pendientes de ser realizados. A todos muchas gracias, les invito a dar ese salto, a subirse a esa rueda que va a mil y la que quizá nos bote al piso y nos deje golpeados o más bien nos dé mucho más de lo que estamos esperando: es muy probable que de cualquier manera, nos podamos bajar de ella con el corazón a mil y felices por haberlo intentado. Y a ti María C. gracias, por enseñarme tanto, siempre me quedaré con esa duda de si querías seguir intentándolo. 

Hasta la próxima.

 

 

sábado, 1 de agosto de 2020

LAS PALABRAS QUE SOBRAN: CUANDO EL SILENCIO ES UNA MEJOR RESPUESTA

Personalmente no voy con las frases de falso positivismo que muchas personas pronuncian frente a quien ha tenido una pérdida, la que sea -económica, empresarial, laboral, sentimental, familiar-. Esas tales como: “tú puedes”, “lo que no te mata te hace más fuerte”, “pasa la página”, “ten fortaleza y continúa”, “todo pasa por algo”, etc, las concibo como palabras del comodín cotidiano que en efecto, son pronunciadas en buena parte con toda la buena voluntad del caso por quien las dice, pero no necesariamente le dan al otro la fuerza y las ganas para continuar o realmente recuperarse de la situación que sea y mucho menos si estas, solo son parte de la cortesía pero no están acompañadas de actos auténticos o franqueza.

En un mundo lleno de memes inspiradores que inundan Instagram, Facebook y los estados de WhatsApp, pienso que la empatía y la ayuda indiscutible, proviene más del silencio respetuoso y de la honesta compañía, de quien se solidariza con lo que estés viviendo y en lugar de llenarte de expresiones bonitas pero inservibles, más bien te hace sentir que está ahí, acompañando y quizá mirando cómo te puede dar una mano.


El discurso de lo bonito, de lo adornado, no escapa tampoco ni al ámbito empresarial ni al marketing. Cuando uno llama a una empresa de taxis o de servicios de salud, por poner un ejemplo, generalmente se encuentra al otro lado con una grabación impersonal que le recuerda lo “importante que es el cliente para nosotros”, claro, pero esa importancia no se ve en algunos casos por ningún lado, te plantan hasta media hora o más a veces, hasta que te contestan la llamada para decirte posteriormente que no pueden solucionar tu inconveniente o prestarte un servicio. Mala cosa.

En la vida cotidiana, el caso no es diferente. No sé si es que el mundo se acostumbró a llenarse de muchos mensajes para justificar las carencias, que cualquier cosa que suene bien se usa para llenar los espacios de lo que se es incapaz de dar en lo real. Es cierto que hay prosas bellas, es verdad que siempre será bonito escuchar halagos, promesas, oraciones alentadoras, pero también es cierto que si estas no trascienden a los hechos entonces de nada sirven. Una marca, una empresa, una persona, no pueden andar por ahí llenando de disertaciones falsas a los demás solo por pretender ser agradables y tratar de mostrar lo chéveres que son con los otros. Si una marca como parte de su estrategia comercial dice que sus clientes son lo más importante, pues uno como cliente deberá sentirse importante, en especial cuando va a hacer un reclamo, no para cuando le están vendiendo.

Si una empresa habla de lo fundamental que son sus empleados o colaboradores pues ello deberá trascender en cualquier circunstancia, que no son las fiestas o las peroratas adornadas en eventos o redes sociales, los que hacen feliz y productivo a un grupo en el trabajo: es el respeto que se brinda, incluso cuando hay crisis y debes prescindir de ellos. Y qué decir de las personas, ahí, el escenario es mucho peor. En la vida nos topamos con muchas de estas que dicen lo mejor de ti y tienen en sus palabras frasecitas de cajón, solo cuando les conviene, solo mientras obtienen lo que desean, pero solo espera a que haya una situación adversa y verás cuántos de estos quedan.

En el marketing y en la vida, las palabras se cuidan, estas, no pueden ser un simple copy writer publicitario en el que buscas enganchar, conquistar y luego, hacer de cuenta que nada pasa. Lo dicho o escrito, sólo tiene efecto cuando se es consecuente con los hechos. Por ello, andar diciendo por ahí cualquier cosa para “conectar” y luego hacer el tan popular “ghosting” no ha de servir jamás ni para posicionar un producto ni mucho menos para construir vínculos válidos, credibilidad y lealtad, sea de marca o sea personal.

La palabra tiene poder cuando va acompañada de sucesos que la respaldan, no cuando llenas el Instagram de inspiraciones generales que no son auténticas para un mercado de clientes, para personas, pues no serán jamás percibidas como genuinas cuando los actos son otros. Estamos en medio de una pandemia, de una crisis de la que se ha esperado, haya cambios positivos en todos los aspectos, sin embargo, de modo muy personal considero que esta situación, ha hecho aún más evidente, no las falencias económicas o estratégicas, por el contrario, ha mostrado con mayor fuerza lo ineficiente del discurso amañado y la falsedad del ser humano. Es cierto, que no se puede pedir a otros que sean diferentes, no se puede exigir a una empresa, marca o persona, que dé aquello de lo que no tiene, es claro. Sin embargo, sí hay algo que puede hacerse por lo menos para ser consecuente, y es guardar silencio. Bien decía por ahí un adagio popular de nuestros abuelos: “la mejor palabra es la que no se dice” y más si no es necesaria, si no es verdadera.

Hasta la próxima.


sábado, 14 de abril de 2018

LOS BUENOS MODALES SON EL MEJOR VESTIDO QUE PUEDES LLEVAR

Si existe una cualidad que haga ver hermosa a cualquier persona son los buenos modales y si hay algo que haga ver a alguien feo, que genere repudio y fastidio es precisamente la mala educación. Muchas personas invierten dinero en ropa, maquillaje, perfumes, accesorios, automóviles, celulares costosos y en general lujos que poco o nada sirven si ellos no se esfuerzan o hacen un buen intento por tener un mínimo de buen comportamiento, aclarando que los buenos modales nada tienen que ver con la clase social, el estrato socioeconómico, el nivel de estudios, la edad, la raza o el lugar de procedencia de una persona. Podemos encontrar de todo: personas que han estudiado a un nivel alto y tienen una buena posición social o reconocida, con modales que dejan mucho qué desear, como personas que carecen de recursos y viven en condiciones de pobreza pero con un comportamiento y actitud maravillosas.


Algunas personas creen que tienen el derecho de ser groseros solo por el hecho de tener un cargo o una edad avanzada y eso no es así. El respeto y los buenos modales son transverales a cualquier época de un individuo y más que una obligación moral que no lo es, constituyen una obligación social para la buena convivencia y construcción de contextos sean estos nacionales, urbanos, educativos, familiares, laborales, entre otros.  Considero que un aspecto que ha influido mucho en la carencia de modales que se vive a diario tiene que ver con el hecho de que existen comportamientos que se han vuelto comunes y como he recalcado en otras entradas de mi blog, el que algo sea común no constituye ni la norma ni lo correcto.
Así, encontramos que se ha vuelto común no saludar, no dar las gracias o empujar a las personas para abrirse paso. Común se ha vuelto usar el pito del automóvil para acosar a quien hace un pare o da paso a otro, insultar a una persona que se varó en la vía, ignorar los correos o mensajes de alguien sin una respuesta a una pregunta. Se volvió común ver a la gente en los servicios religiosos, clases, conferencias, almuerzos y citas chateando por el celular o hablando y riéndose a carcajadas en un recinto donde se debe hacer silencio. Se volvió común insultar a las personas en las redes o en otros espacios porque no piensan igual que el otro, invadir con mensajes y cadenas aburridas a los demás en WhatsApp y Facebook. Es común ver a las personas comiendo, maquillándose o con rulos en la cabeza en el transporte público; se volvió común la burla, la indirecta en las redes y así otro tipo de comportamientos que para nada abonan a la imagen personal y por el contrario sí la deterioran.
Entonces vuelvo a lo mismo: que sea común no es indicativo de que sea correcto. La gente no puede dejarse contagiar por esa ausencia de valores imitando comportamientos que están muy lejos de generar oportunidades, porque seamos sinceros: los buenos modales sí que abren puertas, sí que enamoran. Muchas personas se quejan de estar solos, de no ser aceptados, de ser rechazados en un trabajo, en una beca, de no poder conseguir pareja o amigos, de no ser interesantes para un escenario en especial. Sin afirmar que las causas sean siempre por la falta de buenos modales, sería interesante preguntarse si una de estas puede ser precisamente una actitud carente de decencia.
Siempre se ha dicho que los modales se aprenden en casa y esto es cierto. Pero todo lugar y momento son una oportunidad para aprenderlos y ponerlos en práctica pues estos, no son negociables ni relativos. Una persona no puede decir que toma la decisión de tener buenos modales con unas personas y espacios sí y con otros no. Aquí no hay grises, no hay gamas. La actitud decente está presente en todas las circunstancias, con todas las personas y no como dice una señora de la farándula nacional, muy controvertida ella:  que no está en la obligación de saludar a quien le cae mal porque eso es ser hipócrita. La decencia no pelea con nada ni nadie y hay que ser decente incluso con quienes no nos agrada. Saludar no es ser hipócrita. Si va a recibir consejos al respecto, búsquelos en personas que sean un buen ejemplo de educación porque el ser famoso o poderoso no es sinónimo ni de calidad humana ni de buenas costumbres.
Estoy segura que en términos generales todos sabemos qué cosas son las asociadas a los buenos modales y cuáles no. Mi invitación es a no imitar lo que se ha vuelto común. Es tan cotidiano ver la falta de modales ahora que cuando alguien es cortés y tiene un buen comportamiento, esto se vuelve un atractivo fuerte y constituye un gran diferencial, en definitiva el mejor vestido que puede llevar.

sábado, 7 de abril de 2018

EN CUESTIÓN DE MARCA COMO EN LA VIDA ES MEJOR SER QUE APARENTAR

La marca es un concepto del que mucho se habla y poco se aplica. Tanto la web como las librerías están llenas de documentos que la explican, la analizan, tratan de llevarla a un escenario posible de acción, lo cual está bien y es adecuado, el problema está en que empresas y personas la siguen viendo como una práctica que solo se asocia a la imagen y han olvidado que la marca representa mucho más que un logo o una apariencia y más bien se trata de un acto de coherencia: algo así como una secuencia entre lo que se dice, lo que se piensa y lo que se hace.
Indudablemente la marca tiene unos elementos constitutivos que la componen como un nombre, un logotipo, unos colores, en algunos casos personajes, números y emblemas que la complementan, y esto debe ser un trabajo bien desarrollado que atine a generar recordación; pero no podemos ignorar que además de esto, la marca es la representación de una práctica empresarial en la cual los consumidores deben sentirse identificados y deben ver en ella lo que realmente un producto o servicio promete, sumado al hecho de que una marca en sí misma constituye una garantía, un valor de confianza por el cual una persona apuesta cuando la adquiere.  Aún así, vemos casos de productos y empresas cuyas marcas se quedan en la imagen bonita y descuidan aspectos tan vitales como el servicio, el respeto por el mercado, la competencia sana, la responsabilidad social y la reciprocidad que un cliente espera de estas.


Ser recordado por malas prácticas, por escándalos mediáticos, por publicidad engañosa, por calidad deficiente, pareciera que no le importara a muchas empresas y es entonces cuando podemos afirmar que en efecto, estas tienen una marca pero de branding muy poco o nada. Del branding también se habla bastante y entendemos por branding todas aquellas acciones y procesos que ayudan a construir la marca de una forma más profunda, desde la percepción, desde el concepto que forja en consumidores y no consumidores; por eso, marca y branding no son lo mismo pero van de la mano y aunque hay que hacer un trabajo fuerte para construir y posicionar una marca, es el branding el que realmente constituye su esencia.
En otro capítulo hablaré específicamente del branding y con más profundidad, pero al respecto lo que se puede anotar es que va ligado a los procesos, personas, métodos, estrategias y acciones que realmente construyen ese valor de la marca. Así las cosas, no es suficiente con crear una imagen agradable, hay que ser agradable. No es suficiente con hacer una marca fácil de pronunciar y de recordar visual y sonoramente, en este caso una marca es recordable y accesible porque dicho producto, servicio o persona, si fuera la circunstancia, es todo eso en el día a día y los demás lo perciben realmente.
La marca no es un concepto que solo de debe aplicar a productos o servicios, debe ser también asociado a las personas, pues como individuos somos marcas que estamos en un mercado laboral y profesional sin excluir el ámbito privado y de una u otra forma generamos una imagen hacia los demás. Tanto para empresas como para los seres humanos, la proyección de la marca requiere de esfuerzo y trabajo, es decir, no es suficiente con "querer parecer". Yo puedo "querer parecer" inteligente pero esto no se logra con el simple deseo, si ese es mi objetivo hacia los demás para que otros me vean inteligente yo debo estudiar, leer, interactuar con diferentes escenarios, esforzarme por el conocimiento mismo y producir contenidos, argumentos, encuentros donde esto sea evidente. De lo contrario no se podrá lograr.
Igual pasa con un producto que desde la marca quiere darse a conocer por ejemplo como amigable con el medio ambiente. No se trata pues de usar la publicidad o las redes para subir mensajes en pro de la protección animal y la ecología, pero en sus prácticas internas de empresa no se recicla, el producto en sí usa elementos contrarios a esa filosofía y no tiene programas realmente ambientales. Es cuestión de coherencia.
En la salud, en el sector financiero, en los servicios en general por nombrar algunos, encontramos marcas de estas empresas cuyo lema tiene que ver con el sentido humano o la agilidad y vemos cómo en sus mensajes comerciales esta promesa es usada para la venta de su portafolio pero en la práctica, en la cotidianidad, hay un trato displicente con cliente, demoras en los procesos logísticos y de entrega, burocracia. ¿Será entonces que esas marcas verdaderamente están siendo acordes entre lo que piensan, dicen y hacen? Yo no lo creo.
El tema de marca es amplio y de un gran debate sin duda alguna, pero yo resumiría toda esa filosofía y esa gran disertación teórica de esta manera que lo he descrito, está bien tener una buena imagen visual, pero está mejor ser esa gran imagen en la realidad, algo así como es mejor ser que aparentar.