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Soy cotidiana, y eso para mi ya es muy importante. Desde lo común se perciben cosas y situaciones que no son posibles en otros aspectos. Me gusta el marketing, lo ejerzo y lo he llevado hasta las aulas universitarias, las cuales son mi principal complemento para todo lo demás. Los animales son otra de mis pasiones y preocupaciones. El medio ambiente y la vida en sociedad son otros temas también que ocupan mis días. Escribo por gusto no por obligación y afortunadamente encontré un trabajo en el que me pagan por hacerlo.

lunes, 26 de febrero de 2018

HABLAR MAL DE OTROS ES HABLAR MAL DE SÍ MISMO


Una forma muy inteligente de gestionar la imagen personal es evitar hablar mal de otros. Sí, así como lo está leyendo. Si usted pasa horas frente al espejo o closet pensando qué traje ponerse para verse mejor o escogiendo el mejor maquillaje para verse bonito, o mirando videos en YouTube para aprender a caminar, aprender modales, saber hablar, enfrentar situaciones con éxito y además cómo hacer un curriculum llamativo y usar los mejores filtros para sus fotos en Instagram, yo le digo: todo eso está muy bien pero no sirve de nada si usted desde sus relaciones interpersonales no maneja la prudencia y de paso la consideración porque cada vez que tiene la oportunidad hace comentarios negativos y mal intencionados sobre otros.
Hablar mal de otros, es hablar mal de sí mismo. Habrán muchas otras cosas que empañen su imagen personal por supuesto, pero este defecto -porque realmente lo es- puede ser el más grave que atente contra usted ya que los demás, su audiencia o interlocutor, no evitarán pensar que usted primero es un chismoso y segundo una mala persona, pues alguien que se precie de ser exitoso y buen humano, no va por la vida hablando mal de los demás sea cierto o no lo que usted comente.
Pero como yo sé que a mi me leen y me escuchan también personas que son todo lo contrario, que no hacen del chisme y la actitud rastrera un estilo de vida, este escrito va principalmente para quienes no hacen eso pero sí interactúan seguramente en sus diferentes contextos con este tipo de personas tóxicas y mi principal consejo es: ¡aléjese de ellos! córteles el suministro y no participe de su mala intención, no solo porque dañan su paz espiritual sino porque de paso lo ponen en situaciones incómodas, le siembran dudas, puede que logren enemistarlo con gente inocente y valiosa y realmente no vale la pena.
Si usted es jefe o líder de grupo y alguno de sus empleados llega a hablarle mal de otro empleado, mi recomendación es que confronte la situación si es que merece la atención y afecta el entorno laboral porque si son cuestiones de índole personal que a nadie más le interesa, pues a estas personas hay que apartarlas, a estos sí que toca dejarlos "en visto" ya que si lo hacen con un tercero, no le quepa duda que lo hará también con usted en un futuro.
Si en otra circunstancia, usted está empezando a salir con alguien y ese alguien empieza a hablarle mal de sus ex parejas o actual pareja, como sea, no le crea y evite una relación. Alguien conveniente, mentalmente sano, maduro y buen candidato a hacer parte de su vida, no está hablando mal de sus relaciones, más bien pregúntese si esa persona que dice que su mujer está loca o que todos sus novios han sido lo peor, no será el o ella el problema y por eso necesita desacreditar para hacerse la víctima y alcanzar sus propósitos.

Considere en cualquier caso, que si usted es una persona con criterio debería bastarle con lo que ya conoce de una persona de la cual le están hablando mal. Esto para el caso del jefe que se deja contagiar de los chismes o de los amigos que hablan mal de otros amigos, o de la vecina desocupada que tiene envidia porque usted tiene un novio o esposo guapo y le quiere. Usted debería forjarse una idea de ese otro del que le hablan basándose en lo que usted ha conocido y vivido con esa persona, no en lo que los otros le digan a no ser que sea algo bueno.
Es muy común que el chismoso, digámosle así, se acerque con el propósito de dañar al otro porque le tiene envidia, porque tiene un mejor carro, porque es más bonita, porque es más inteligente, por lo que sea pero fijo porque él mismo no es feliz; entonces, no le permita a esa gente que continúe haciendo daño, no propicie usted con sus oídos puestos en él que quizá la víctima se quede sin un empleo o una oportunidad, que pierda a su familia o que su honor y reputación sean pisoteados. Como justificación el que habla mal generalmente afirma: "es cierto o es verdad" y yo le digo a usted: ¡Qué importa si es verdad! lo que importa es que está mal contribuir a un mal ambiente, dañar a otro o a usted ¿le gustaría ser objeto de comentarios malos por parte de un tercero y que toda la oficina o el salón o la familia estuvieran hablando a sus espaldas y usted fuera el último en enterarse? Claro que no ¿verdad? entonces, júntese con gente que aporte, que construya, no se agrupe ni se relacione con el chismoso porque tarde o temprano usted será la próxima víctima y además será catalogado con la misma etiqueta de ese que comenzó todo el lío.
Que quizá a usted se le ha escapado por ahí un comentario que sabe no ha debido hacer, ok, que no se repita, evite hablar con personas en su entorno mal de otros. No hable mal de su país ni de otros lugares o regiones, no se deje llevar por el imaginario colectivo que cataloga a las personas de un sitio como "flojos", "sucios", "putas", "malas personas", etc, porque eso no está bien, ni tampoco hable mal de su empresa, la que le da de comer o de su jefe o del que sea. Si no le gusta la ciudad donde vive, !váyase!, si no es feliz en su relación de pareja sepárese pero no hable mal, porque a veces se puede pensar que como otros también lo hacen entonces yo lo hago y no, lo común no puede convertirse en regla, no si esto daña.
Estoy segura que muchas de las situaciones anteriores se dan porque nos dejamos arrastrar de esas malas costumbres y hay que cerrarles de inmediato la puerta a todas esas personas que buscan precisamente contaminar el clima organizacional, de aula, familiar o social. La próxima vez que alguien se acerque a hablarle mal de otro usted puede usar esta frase, yo se la obsequio con todo el gusto: "¿si sabes que hablar mal de otros es hablar mal de ti mismo?".
!!Feliz semana para todos!!



domingo, 18 de febrero de 2018

REGALAR ES UN ARTE DE MAGIA DESPERDICIADA

Acaba de pasar San Valentín y aunque es una fecha de tradición muy norteamericana, muy de Europa, poco a poco en Latinoamérica ha venido tomando fuerza y ya las personas se incorporan a su celebración. En Colombia se conmemora con más fuerza en el mes de septiembre y digamos que lo importante de estos días en todo el mundo, es la intención de recordar a ese amor, a esos seres queridos, a esos amigos para agradecerles su compañía y el afecto que nos han dado o sentimos por ellos.
Pero no voy a hablar de esas fechas, voy a hablar de la importancia que tiene el regalar en general, porque regalar es todo un arte y debe hacer parte de nuestros hábitos de gratitud siempre, en el día a día, a cada hora, en cada momento. Regalar no necesariamente debe ser una acción que esté mediada por el dinero y por un presente material, de hecho cuando se regalan "cosas inmateriales" estamos enfocando mejor este arte. Siempre debemos procurar regalar en la cotidianidad sin dejar de lado las fechas especiales y comerciales pues si usted queriendo rebelarse en navidad, en un cumpleaños o en el día del amor y la amistad porque su argumento es que esto es marketing, pues yo le digo sí, es marketing pero no puede ignorar a quienes ama solo por ello.
No obstante, regalar debería ser un hábito con dos componentes importantes: que sea constante y que sea impactante, y ojo que con ello no quiero decir que impactante está asociado al regalo más caro o al más creativo, quiero decir que ello debe quedar en el mejor lugar de todo ser humano, el corazón. Cuando hablo de constante quiero que usted piense en hacerlo un propósito para su vida espiritual y profesional, porque regalar abre caminos, porque aquí yo hablo de regalar buena actitud, buenas palabras, buenos comportamientos, buenos pensamientos. Entonces, no necesita llevar un objeto todos los días a las personas con quienes comparte su lugar de trabajo o su casa, su entorno, pero sí puede regalar tranquilidad, palabras que construyan y levanten el ánimo, compañía, solidaridad, tantas cosas. Cuando se encuentre con alguien que no tiene un buen semblante no le diga que está feo o gordo, eso no va a cambiar positivamente a esa persona y seguramente sí le estará amargando el resto de día. Sin ser hipócrita, usted puede hacer referencia a un accesorio que lleve puesto, a lo bien que huele, no sé, tantas cosas buenas que usted puede decir y que son un regalo porque estoy segura, usted le hizo el día un poco mejor a esa persona.
Cuando llegue a casa cansado en lugar de pelear con su pareja, sus hijos o su mascota, haga un esfuerzo por compartir lo bueno que le sucedió como una anécdota o algo divertido, por darle un abrazo a esa persona que no vio en todo el día, por darle un beso a quien le acompaña constantemente, eso es un regalo que la gente así sea en silencio agradecerá más que una cantaleta abominable.
Si usted es un jefe regale a sus empleados palabras de agradecimiento por ejemplo, destaque su labor cuando lo hagan bien. Un buen líder no es el que más grita o el que se gana la autoridad a costa del miedo de los demás, un buen líder se gana el respeto y lo da, no lo regala, pero sí puede obsequiar su sabiduría compartiendo su conocimiento y entendiendo que los otros también son seres humanos.
Regale sonrisas, regale actitud cuando llegue a un restaurante o sala de belleza, es cierto que usted está pagando pero quien hace un trabajo para usted quizá esté necesitando en ese momento "un algo" que lo motive a continuar en la vida y usted no solo está ganando riqueza espiritual, también está ganando la posibilidad de que ese otro le regale un mejor servicio del que usted espera, nunca se sabe.
Este es un tema que se puede asociar al personal branding e imagen de marca porque cuando esa actitud de regalar es parte de su estilo de vida, se dará cuenta que será el favorito de otros: en su familia, de sus clientes, del mercado, una diferenciación clara frente a la competencia en todos los ámbitos, porque usted se transforma en una persona especial que ofrece experiencias y momentos buenos, o ¿quien quiere estar al lado del criticón, del gruñón, del chismoso, del que se queja de todo? nadie, excepto los que son iguales a él. Es un tema de Relaciones Públicas porque como he insistido en este y otros contenidos que tengo, no se puede dimensionar hasta donde llega la gratitud de alguien y el poder de recordación que genere en el otro, simplemente porque usted quizá dijo una palabra que se necesitaba en el momento exacto y oportuno, o porque regaló una sonrisa. Eso es abrir puertas.
Quiero aclarar esto. Regalar no es equivalente a dar algo porque se requiere un favor del otro o peor aún, dar algo que ya no necesito. Es muy común escuchar a la gente decir: "hay que darle un regalo a fulano para que nos haga este favor" o "voy a regalar una ropita que ya no me sirve a los más necesitados". Cuidado con ese cruce de conceptos, pues regalar es un acto donde se hace un esfuerzo -no obligado ni con malestar- por otra persona y no es deshacerse de lo que ya no uso.
Lo anterior lo han entendido también algunas marcas y empresas que usted podrá notar en  productos que no le "regalan" nada, me refiero a la práctica promocional de "te doy una salsa por la compra del spaguetti" o algo así, o no cobrar. Usted en su negocio cobre lo que tenga que cobrar, pero regale experiencias, momentos inolvidables -ver marketing experiencial, Brand Sense- y entenderá a qué me refiero. No voy a mencionar marcas pero piense en aquellas que en Black Friday sin pedirlo a sus clientes, logran que literalmente se atropellen cuando abren las puertas y no necesariamente porque ese día haya descuentos, es porque aman, adoran la marca por sus buenas prácticas de experiencia con su mercado todos los días del bendito año.
Pues bien, ya para finalizar, mi consejo es que incorpore el hábito de regalar y póngalo en práctica correctamente en el entorno que desee y yo le aseguro que verá resultados, porque es un arte, porque tiene magia y esa la necesitamos a diario para construir nuestra imagen pero también nuestro interior.


sábado, 10 de febrero de 2018

NO SOLAMENTE ERES LO QUE COMES, TAMBIÉN ERES LO QUE RESPONDES

Antes de toda la revolución tecnológica que ahora es parte del siglo XXI, era una buena costumbre responder las cartas, devolver las llamadas. De esto, las generaciones anteriores sí saben muy bien lo que hablo, pues era muy mal comportamiento dejar a una persona sin respuesta, como se dice ahora "dejarla en visto". Si bien, las herramientas hoy son diferentes -WhatsApp, redes sociales, correo electrónico, entre otros-, las personas siguen siendo personas, que yo sepa, y como personas siempre estamos esperando una respuesta si nos dirigimos a otra.
Así como dejar con la mano estirada a quien nos saluda con ella es de pésima educación, también lo es cuando ignoramos un correo, un mensaje o un comentario. A no ser, que el otro se dirija a mi para insultar o para decirme cosas imprudentes, estamos en el deber de responder los mensajes de quien se comunica con nosotros y esto no tiene excusas, con excepción del caso planteado aquí hace un momento. La falta de tiempo, las ocupaciones, la pereza o peor, hacerse el "interesante", no funcionan, no, si queremos construir una buena imagen personal y no si queremos tener las puertas abiertas a las posibilidades laborales, personales o de negocios.
Cuando su empresa le asigna un correo corporativo tenga la seguridad que lo hace porque es el canal de comunicación que le proporciona para eso: comunicarse. Así las cosas y según su función usted está obligado a responder a quién le escribe por este medio porque para eso se hizo el correo; si dado el caso alguien se dirige en comunicación y usted no es quien pueda dar respuesta a tal requerimiento, su actitud de servicio y de respeto deberá ser la de responder dirigiendo a la persona a quien sí pueda dar solución o trámite a ese remitente.
Las empresas deberían saber esto y deberían "educar" a su staff en relaciones públicas y netiqueta porque bien o mal, eso es parte importante de la imagen de marca. Así de simple.
Si hablamos de su correo personal, hay unas variaciones, hay contextos, pero opera de forma similar. Contestar los correos es una buena práctica y a no ser que tengamos motivos muy personales con el remitente -asuntos de pareja, problemas de familia y amistades, acoso, abuso o el spam de siempre- tener una actitud de respuesta es parte de las relaciones públicas. Habrá quien me diga que no responder puede obedecer a una intención voluntaria. Bueno, eso es otra cosa. Si usted está seguro de que no quiere nada absolutamente con la otra persona y está muy seguro de no necesitar en un futuro de esa persona, es una elección libre: hay casos de casos.
Pero si no está seguro, no sabe cómo responder o piensa dejar la respuesta para un después, mi recomendación es que sea diplomático y no deje al azar su imagen, de verdad.
Todo lo anterior aplica para los chats y redes sociales, no importa la plataforma. Por supuesto que un grupo de WhatsApp donde mucha gente envía chistes, opiniones y demás información casi irrelevante no implica como tal una respuesta. De igual manera cuando los chistes son directamente a usted. Pero si alguien lo saluda, le pregunta algo, le pide un favor, una información, ¿por qué no contestar? He visto casos en los que alguien solicita algo, cualquier cosa. Uno responde con la información o peor, el favor que necesitan y nunca más, ni un gracias hay como respuesta. Desagradable, muy desagradable. Ustedes me comprenden.
Tomarse un minuto o menos para un mensaje de vuelta es parte del respeto, de las relaciones públicas y de la netiqueta. Contestar con un simple gracias aunque sea a una felicitación de cumpleaños es un gesto sencillo y valora la intención del otro con usted. Si el tiempo no le da para responder ya sea a sus clientes o contactos de Facebook o WhatsApp puede hacer algo mejor que dejar en visto: o no publica nada y solo incluye a quienes realmente quiere responderles, o mejor cierra todos sus canales de comunicación y así quizá personalmente entabla conversaciones one to one solo con aquellos que son de su interés.

jueves, 17 de noviembre de 2016

LA MALA REPUTACIÓN: UN PROBLEMA DEL QUE POCOS SE ESCAPAN PARTE I

Tras casi dos años y algo más que no escribía, retorno a mi blog para hablar de un tema importante que puede enmarcarse dentro del marketing personal y tiene que ver con la reputación, un tema que se pone de moda pocos años atrás, ya que salen a la luz escándalos empresariales y de marca, que afectan la imagen de estas, bien sea porque se les encuentra algún proceso no ético, caso internacional de Volkswagen y Shell unos años atrás o caso nacional  Van Camps y Doña Gallina más recientes.
Pues bien, voy a tratar de hacer una analogía simple entre estos dramas que viven las empresas y los que viven las personas comunes y corrientes en su entorno laboral, académico, familiar y social, ya que a la hora de hablar de reputación es importante diferenciar que un asunto es el compromiso y responsabilidad que tiene una compañía y su portafolio de productos con un mercado, y uno muy diferente es la realidad de alguien que debe luchar por sus propios medios con el daño que otros propician a su imagen y a su integridad como persona.
Y es diferente porque marcas como las mencionadas anteriormente, tienen los medios y los recursos tanto financieros como mediáticos para defenderse de las acusaciones sean estas ciertas o no; invierten en campañas de branding, publicidad, relaciones públicas, estrategias de comunicación, ruedas de prensa, etc, que les permite como mínimo hacerse escuchar y dejar al libre albedrío del consumidor su credibilidad y prestigio, sabiendo de antemano que estas dos ya las tienen y es difícil que la pierdan de buenas a primeras. Nadie niega que dichos problemas no se reflejen en su participación de mercado o ventas y pasa a menudo que no siempre se afecta mucho este indicador; pasándome por un momento al producto político, si por mala reputación e imagen fuera, logradas con actuaciones corruptas, dañinas, comprobadas y ciertas, sus personajes no obtendrían curules y beneficios extraordinarios. Lo cual demuestra que existen  estrategias de seducción embusteras que sí funcionan a pesar de la mala reputación.
Por eso mi interés es centrarme, en el daño que surte en personas sencillas como usted o como yo, sin recursos millonarios para defenderse de un mal comentario, de un chisme barato, del antojo viperino de alguien a quien no le cae bien, de la calumnia cotidiana y el chismorreo “tipo lavadero” para nada exclusivo de las señoras del aseo o de la cocina como el imaginario colectivo cree, sino que se dan en los entornos empresariales, académicos y familiares de alta alcurnia y sorprendentemente en personas que han hecho maestrías, que han sido formadas en universidades prestigiosas, por citar algo,  que de alguna manera la vida las ha tratado generalmente bien en todo aspecto.  No justifico pues que la calumnia y la mala calaña sean bienvenidas en clases sociales bajas, en ningún entorno debería suceder, pero no se puede negar que en escenarios donde no se conoce la urbanidad porque no la enseñaron, en sitios donde falta la comida y el dinero, en barrios donde se convive arrejuntado con los vecinos, donde la gente tiene mínimo acceso a la educación, se comprende que sea más factible que pasen estas cosas.
Nadie se salva del mal influjo que ejerce una palabra mal dicha o un comentario malintencionado y aquí quiero dejar dos puntos claves para quién ha sido afectado en su reputación de esta manera.  Comenzaré por decir que mi motivo es personal y colectivo. Personal porque he sufrido en carne propia este problema y colectivo, porque trabajo con este tema actualmente en mi campo laboral. De alguna manera, las empresas han entendido que su reputación no la hace su publicidad sino las personas que trabajan para ellas y se han interesado por aprender mucho al respecto. En la consultoría salen a la luz estos sufrimientos que estacan a una organización, a la sociedad y al ser humano mismo. 
Lo que empiezo por hacer entender a mis clientes se basa en el principio de oportunidad desde el problema generando un valor positivo, es decir, cuando usted es víctima de un rumor, de un chisme, de una mala imagen que otros hacen hacia usted, lo primordial es conservar  y potenciar dos cosas: la prudencia y la autoestima. La prudencia, porque el impulso primario de cualquier ser humano es defenderse y de cualquier manera. La autoestima, porque es lo primero que se afecta cuando se sufren acusaciones injustificadas. Para ello me devuelvo al tema de las marcas famosas para dar a entender mi analogía. Al hablar de prudencia, podemos ver que algunas empresas y marcas no toman una actitud defensiva frente a esos chismes pero sí actúan proactivamente y esto es, se enfocan en fortalecer aquello que evidentemente es bueno en ellas sin tener que dar mayor explicación a diestra y siniestra, más si lo que se afirma es falso.
Lo anterior se da en un principio llamado coherencia y esta salta a la vista. Si usted no es un ladrón, si usted es buen trabajador, si usted es una persona honesta y leal, la estrategia no es salir desesperadamente a defenderse gritando a los cuatro vientos que usted es inocente. Por supuesto que en ocasiones hay que recurrir incluso a instancias legales cuando el perjuicio está contemplado en la ley, pero ya el tiempo le dará la oportunidad de que la verdad salga a la luz y que los difamadores queden en descubierto, finalmente quien es íntegro, maduro y profesional no se deja influenciar tan fácilmente de un simple rumor, no lo olvide. 
Con el tema de la autoestima, las marcas famosas también son un buen ejemplo. Nunca veremos a Coca Cola y Mc Donalds, por citar algunas, en el plan de súplica de credibilidad y son empresas objeto de ataques, experimentos, videos virales, cuestionamientos y demás, enfocados a destruir su reputación.  Aclaro que no trabajo para ellas ni mi intención es desconocer algunas cosas que en lo personal no comparto, pero lo que quiero resaltar es que estas por ningún motivo dejan de mostrar su importancia, siempre se las verá con la frente en alto, liderando cada vez más líneas de productos y expandiéndose vertiginosamente, ya que saben explotar su nombre y tradición aunque tengan muchos enemigos.  De igual manera usted deberá hacer lo mismo, usted sabe quién es, usted sabe lo que tiene y cuáles son sus fortalezas, lo que ha hecho y logrado, y si a eso le suma su verdadera inocencia, no hay por qué retirarse o minar sus cualidades. Recuerde que quienes hablan mal de usted generalmente lo hacen porque seguramente usted es un rival de mucho peso para lo que sea el caso y estos le temen a la ausencia de brillo propio del que carecen. 
Para finalizar por ahora, existen otras tácticas para sobrellevar el drama de la mala reputación sin un peso en el bolsillo, que explicaré en otra entrada de este mismo blog. Esta vez comencé dando algunas pinceladas, quizá las más importantes,  porque sé que es un tema que inquieta a muchos y es necesario hablar abiertamente de ello. Si tiene inquietudes y consultas específicas, puede contactarme a mi correo luiram@gmail.com

jueves, 5 de diciembre de 2013

DIPLOMACIA O SINCERIDAD, TO BE OR NO TO BE. EN CUALQUIER CASO, COMO DIJO CERATI: “GRACIAS TOTALES”

La diplomacia no la aprendí ni en la universidad ni en mi casa. La aprendí cuando entendí que en el día a día la materia prima de toda la interacción cotidiana está en la esencia del ser humano, en cada persona como ser único que así no tenga nuestra misma vida ni nuestro punto de vista, es un individuo que tiene emociones antes que conocimiento, sensibilidad antes que estética y alma antes que parafernalia material.
La diplomacia jamás la he confundido con la hipocresía. Creo son dos cosas diferentes. Por una parte la hipocresía se fundamenta en el hecho de aparentar lo que no se siente, por otra, la diplomacia es evidenciar una perspectiva, postura y actitud sin lastimar a los otros en su ego, en su poder o en su capacidad de discernimiento. Por eso, cuando no me es grato estar con alguien simplemente no lo hago, por eso cuando alguien no me prodiga el sentimiento de afecto no doy lugar a situaciones que hagan pensar lo contrario. De la misma forma cuando no me nace saludar a alguien no cambio de acera o me evado por otra calle, simplemente no saludo y la otra persona puede pensar lo que quiera.  Es lógico que hay situaciones que te obligan a dar la cara, finalmente un buenas tardes o hasta luego no quitan dignidad, pero sí demuestran cultura y al mismo tiempo no comprometen a nada más: eso no es ser hipócrita, pero sí diplomático y de paso sincero.
En el contexto de las relaciones humanas, una de las cosas que siempre me han hecho cambiar mi concepto sobre una persona, precisamente obedece a ese manejo, un muy mal manejo de las posturas que se deben adoptar con las diferentes personas del contexto. Desde luego, cada individuo tiene razones muy válidas que no tiene por qué explicar constantemente a los demás. Vivimos en una sociedad donde decir NO es un problema, donde decir SÍ también lo es, y muchas veces es difícil encontrar las palabras adecuadas para decirle a otro lo desgastante que es su amistad, o mentarle en la cara todo lo que se piensa aun cuando eso no sea lo más bonito o lo que el otro quiere escuchar. No obstante considero que la diplomacia como regla número uno de las relaciones humanas, tiene su absoluta y total cabida en el contexto laboral y social, ese que se aparta de la familia o los amigos.  No hay que confundir entonces la diplomacia con el tacto, me explico. No se puede ser diplomático con un hermano, con un hijo, con un amigo, decir con diplomacia a alguien con quien tienes absoluta confianza algo así como: “apreciado hermano considero que tu forma de comer es un tanto desfasada y deberías cortar la carne con finura y elegancia para no usar las manos… bla bla bla”, pues no resulta ni diplomático, ni delicado, sino absurdo e insulso… y hasta ridículo. A un hermano se le dice: “no coma con las manos que se ve horrible, use los cuchillos” punto. No hay discusión, la diplomacia no tiene lugar ahí. No se  le dice tampoco a un amigo: “querido fulano, dado que me resulta un tanto abrumador el que te quejes y andes tan deprimido, he decidido darte espacio y por lo tanto aprovecharé este tiempo para pensar cómo ayudarte y que tú pienses cómo arreglar tus problemas bla bla bla”. A un amigo se le dice, “vea, está muy aburridora su depresión y quejadera, cuando se calme hablamos” Punto! Para rematar: “Querido hijo me enerva en demasía que generes tanta dispersión y caos en tu entorno habitacional, por ende considero que debes establecer más estrategias y planeación con tus cosas personales bla bla bla” Que va!! La cosa es más simple “Fulano, me mama su desorden. Tiende su cama y arregla sus cosas porque aquí no hay sirvientas” Punto! Y los ejemplos son miles, pueden aflorar.
Con lo anterior, solo quiero decir que la diplomacia funciona con aquellos con quienes la confianza no es la base de la relación. Se es diplomático con el jefe, con los clientes, con la gente con la cual tienes una relación estrictamente profesional y social. Para los demás sólo existe algo mucho más auténtico y valorado: se llama sinceridad. Por lo menos para mí, pero estoy segura que para todos los seres humanos también. Entonces evaluemos con quiénes ser diplomáticos, con quiénes ser sinceros, ojalá hipócritas con nadie. En todo caso y como sea, para todo lo anterior y lo contrario también, al mejor estilo de Cerati: “Gracias totales”.


miércoles, 27 de noviembre de 2013

SOBRE DESAPRENDER: SUCINTO Y POQUITO


Desaprender. Nunca le había prestado atención a esta palabra sólo hasta el día que en un seminario de pedagogía el ponente lo usó como base de su discurso para exponer la importancia del verbo en el contexto de las nuevas tendencias de conocimiento y educación. Desde entonces, considero que desaprender resulta más relevante y esencial que aprender, porque constantemente estamos en función de apropiar, de adquirir nuevas formas, métodos, estilos, y no me refiero al conocimiento intelectual en sí mismo, me refiero a la vida y su digna cotidianidad.

Desde niños estamos adquiriendo normas y paradigmas para hacer las cosas, la sociedad y la familia nos sumergen en escenarios en los cuales el discurso siempre será con tendencia a apropiar, recibir y almacenar información y comportamientos, lo cual está bien y es apenas lógico, no obstante a ese discurso le ha faltado y le seguirá faltando el concepto de desaprender. Siendo así resulta mucho más difícil el desaprender porque este implica prácticamente deshacerse de todo lo anterior, seguramente sin razón o sin argumento que lo sustente excepto aquel que nos dicta la razón o el corazón. Y no es fácil porque si aprender muchas veces parte de la obligación, ni qué decir del desaprender: se hace a la brava, se hace a punta de fracasos y al mejor estilo de la ciencia misma por ensayo y error.

Se desaprende realmente después de un gran tiempo de reflexión al tomar conciencia plena de que lo hecho o pensado no ha servido o no ha dado resultados. Si este proceso se diera en horas, días o semanas no sería tan complejo, el problema es que el desaprender puede tomar meses e incluso años, no hay un tiempo establecido que indique cuándo se está preparado para desaprender, es más, hay una alta probabilidad de que esto nunca se dé.

Este es un micro escrito, estoy en el proceso de desaprender muchas cosas y una de esas tantas es ponerle un poco de freno a las palabras y dejar lugar a la libre interpretación. Citando a Umberto Eco con “Obra Abierta”, justo necesito hacer de mis escritos algo así lejos de las metáforas y la prosa que poco han funcionado y es necesario desaprenderlas.

jueves, 10 de octubre de 2013

REALIDAD, REGRESO, MAS SABE EL DIABLO POR VIEJO

Comenzaré con una frase tradicional de mis padres, de esas que solo las generaciones anteriores repetían para dejarle a uno cierta lección. Recuerdo mucho una que decía: “Más sabe el diablo por viejo que por diablo”.
A veces la gente me pregunta por qué me “pesco” cosas que nadie más hace. Otras, me dicen que si se trata del famoso stalkeo o de estar averiguando lo que no me corresponde. La respuesta a ambas es NO.
Lo que se gana cuando uno después de vivir toda la vida en función de tratar y trabajar con la gente, después de haber tenido que construir varias veces la propia historia -cosas que nunca se encuentran en ningún Alma Mater excepto la de la misma conocida como el día a día-, es el resultado sin querer de la habilidad en leer lo que no está escrito, de entender lo que no se dice y de actuar de acuerdo con algo llamado percepción.  Siempre he dicho en mis discursos de clase que el marketing es 30 por ciento teoría y 70 por ciento percepción. Sostengo, afirmo y defiendo que no hay un solo libro que nos diga cómo hacer una estrategia para un caso puntual. En la vida pasa lo mismo. Las librerías y los foros idiotas de Internet están llenos de eso: de fórmulas mágicas para desarrollar una estrategia en el nivel que sea.
Pues bien, la estrategia según este punto de vista yo la denomino percepción. Esa virtud innata que todos los seres humanos tenemos per se, pero que con el tiempo se va contaminando de paradigmas, información de un lado y de otro, de modelos insulsos que nos hacen creer que es más válido lo que diga un gurú, un artículo de un estudio publicado o un grupo de personas que determinan el rumbo y la historia de marcas, productos y lastimosamente de personas, es la que debe llevarnos a sentarnos sobre la realidad y reírnos de ella o mejor aún, aprovecharla a nuestro favor para avanzar sin deteriorarnos con el paso del tiempo.
Así como en el marketing se hace más valioso salir a caminar y mirar lo que la gente hace, así como el gerente del siglo XXI no puede concebir un plan efectivo detrás de un escritorio sin salir de su burbuja de cristal, así como en la cotidianidad se aprende más en un bus que un aula de clase, en la vida se aprende con una sencilla actitud que constituye la más valiosa experiencia y es dejar aflorar y ser a la percepción. Muchas veces concebimos a la percepción como paranoia o “videarse”, otras veces justificamos las cosas y nos hacemos los tontos ante una verdad bonita o desastrosa, pero desatendemos lo que nuestro cuerpo dice ante una circunstancia precisa. 
Si bien la razón debe primar sobre el corazón en algunos casos, no en vano los alquimistas  hicieron lo que hicieron más por sus corazonadas que por un método científico que en ese entonces no existía y eso es: percepción.
Debo reconocer que yo misma me he visto enajenándola. La ventaja es que por fortuna cuando se pierde el timón hay una milésima de segundo que te permite recobrar el rumbo, el sentido de lo importante aún cuando el panóptico –como llamo yo a la mirada y crítica ajena- nos arrebata esa objetividad de por sí provista por la naturaleza. En un mundo atiborrado de información, de tendencias, de caos y orden desmesurado –no sé por qué me acordé de la entropía-, ser perceptivos es una cualidad que se gana con la paciencia, con los bofetones e insultos no de quien nos dice groserías o palabras obscenas, sino de quien nos agrede subestimando nuestro alcance de comprender plenamente una circunstancia, sentimiento o suceso aunque no digamos una palabra al respecto.

No es mi intención ni interés con este blog llegar a un punto de quiebre que yo misma debato y es el dar una fórmula precisa para tomar decisiones sean estas empresariales o personales. Lo que quiero decir en resumen es que la percepción, esa que vuela en cantidades y libre por el espacio, es la respuesta a las preguntas que día a día nos hacemos. No es la solución a los dilemas pero sí es el camino para sobrevivir y enfrentar con gracia lo bueno y lo malo. Yo lo defino en una sencilla frase que uso todo el tiempo: “mientras los otros piensan que tú vas, en realidad ya estás de regreso”.