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Soy cotidiana, y eso para mi ya es muy importante. Desde lo común se perciben cosas y situaciones que no son posibles en otros aspectos. Me gusta el marketing, lo ejerzo y lo he llevado hasta las aulas universitarias, las cuales son mi principal complemento para todo lo demás. Los animales son otra de mis pasiones y preocupaciones. El medio ambiente y la vida en sociedad son otros temas también que ocupan mis días. Escribo por gusto no por obligación y afortunadamente encontré un trabajo en el que me pagan por hacerlo.

domingo, 18 de julio de 2021

Y TÚ, ¿QUÉ ESTABAS ESPERANDO?

 

Esperar no es malo. Si hay una cualidad que forja grandes seres humanos es la esperanza porque cuando se tiene tu mente se enfoca justo en esperar que las cosas salgan bien o algún día estén mejor. Por eso esta palabra viene de esperar y va ligada a la paciencia, porque esperar no es de entrada algo fácil, se necesita tiempo, se necesita calma y se necesita fe.



En esta oportunidad quise exponer el tema, porque he visto que se ha vuelto costumbre dentro de los coach y en los entornos sociales mismos, afirmar que “no es bueno esperar nada de nadie”, como un mecanismo que quizá busca con buenas intenciones, hacer que las personas se lastimen menos y generen pocas o ninguna expectativa frente a una situación o frente a otras personas. Se refieren a esto como una actitud egoísta que busca condicionar a los otros a que hagan lo que queremos, y no, una cosa es el capricho y exigir a la fuerza  que nos den algo en concreto y otra muy diferente es creer en el otro.

Está viciado nuestro mundo de tan malos consejos que a las personas se les incentiva a no sentir, a autoproclamarse en una falsa seguridad y motivación personal centrada en el ego, en desesperanza disfrazada de una poderosa autoestima que se convierte en apariencia,  que ya hasta para ser persona hay que tomar con pinzas nuestra esencia, no sea que a otros no les guste o no les parezca, menuda estupidez. Y por ello, hoy vengo a contradecir eso, porque de nuevo, nos encontramos frente a un paradigma que se ha querido normalizar y constituir como correcto cuando en realidad no lo es, cuando ciertamente ese “no esperar”, tampoco es que nos libre de una decepción ya que en el fondo es inevitable esperar siempre algo, aunque sea lo mínimo.

Pésimo o igual que lo anterior es “esperar lo peor”, como una actitud de anticiparse al hecho con la única satisfacción de “confirmar” que en efecto, eso, esos y ese la iban a “regar” de cualquier forma convirtiéndose así en una manera de comprobar que las cosas siempre saldrán mal, como una fatal premonición que termina siendo cierta y reafirma que no es bueno esperar lo mejor de nadie. Hay estudios que se han hecho en el marco de la ciencia, que demuestran cómo cuando alguien espera lo peor de otros, irremediablemente pasa algo no sé si en la mente, en el cosmos, o en qué lugar desconocido, y que lleva a que esa situación se dé en especial hacia lo negativo. Yo personalmente no soy muy seguidora de los conceptos asociados a las teorías que hablan de la ley de la atracción porque tengo mis argumentos para pensar que no siempre atraemos lo que queremos, pues si fuera así yo sería millonaria o tendría todo resuelto en mi vida. Lo que sí creo, es que la predisposición a algo lleva inevitablemente a generar una atmósfera buena o mala según el caso, y si alguien piensa que determinada persona va a salir como decimos en Colombia con “un chorro de babas” pues eso tiene una tendencia a darse porque seguramente de forma inconsciente tus actitudes influenciarán las del otro, y lograrás tu cometido.

Vale aclarar que no siempre funciona así, la vida y los seres humanos somos tan complejos como para supeditar las acciones solo a una variable, pienso que en ocasiones la gente te puede sorprender para bien o para mal, lo cierto es que yo hoy cuestiono que ese “no esperar nada de nadie”, daña más a la misma persona que lo piensa que a los demás, porque lo convierte en alguien que va por la vida sin muchas ganas de dar, de esforzarse menos porque todo salga bonito, en definitiva, de hacerse menos amable la estancia por este camino tan corto que todos tenemos.

Decirle a alguien “qué estabas esperando” es similar a tirarle un vaso de agua a la cara, es menospreciar justo las expectativas del otro no porque se esté en obligación de cumplirlas, sino porque cada quién es dueño de lo que espera, de lo que sueña y de lo que forja en su mente. En ese caso manejar estas situaciones cuando no podemos estar a la altura de lo que alguien quería de nosotros, deberá llevarnos antes a reflexionar si en primer lugar somos una persona sin esperanza que traslada sus carencias a los demás, y segundo, a revisar si nuestras palabras, si nuestras actitudes se comprometen más allá de lo que podemos dar y en ese caso todo se resuelve como he dicho en otras oportunidades, guardando silencio o siendo prudentes con aquello que hacemos. Aún así, hoy los invito, a no dejarse llevar por ese “no esperes nada de nadie”, no importa que te decepcionen, pues eso justamente se llama vivir y hace parte de nuestro constante aprendizaje; y seguramente pasará más de una vez, pero también te darás cuenta que no siempre es así, que esperar lo mejor nos hace actuar también mejor, hablar sin lastimar, dar con alegría, darse una oportunidad. No confundamos pues el brindar algo con sinceridad con el hecho de hacerlo sin una motivación que se llama justo así: esperar.

Hasta la próxima

 Escucha este blog en mi podcast https://soundcloud.com/luisa-fernanda-ramirez-149417080/y-tu-que-estabas-esperando

 

lunes, 15 de marzo de 2021

EL VALOR DE LA LEALTAD


Es fácil ser leal, o por lo menos debería serlo, con aquellas personas que tienes un afecto especial: tu pareja, tus amigos, tu familia. Aún así, sabemos que en ciertos casos ni siquiera en estos escenarios se da este valor tan preciado. Pero partiendo del hecho de que es más sencillo y natural que la lealtad se dé en estas circunstancias, hoy quiero hablar de la trascendencia que adquiere cuando esta es capaz de llevarse y hacerse incluso con gente que no es de tus afectos.



Quien es leal realmente no solamente lo es con quienes debe, sino incluso con quienes no hay este compromiso: compañeros de trabajo, colegas, los que estudian contigo, los que te enseñan, cualquiera que comparta en su momento  un escenario cotidiano o un instante de tu vida. Se es leal con el país que te vio nacer así haya miles de problemas que no te gusten, no se va por ahí hablando mal de la patria o del lugar -si no naciste ahí- que te dio un techo y una oportunidad de realizarte como persona.

De igual forma, no se van ventilando los secretos de otros, esos que alguien te contó en una noche de cervezas, como tampoco se va hablando de las aventuras sexuales que tuviste con nombre propio y detalles, aunque haya sido algo pasajero y sin mucha importancia para ti. Si eres hincha de un equipo de fútbol, no puedes ser el más leal en las victorias, también lo debes ser en las derrotas, y de cualquier manera, eres leal incluso si siendo una empresa, respetas a tu competencia y los que hacen parte contigo de un mercado.

La lealtad es un valor muy preciado a todo nivel, y en personal branding adquiere un sentido mucho más profundo que la imagen de éxito que puedas proyectar por tu apariencia, estudios y logros. Esta cualidad habla mucho más de una persona que otros accesorios que tú puedas considerar, te hacen ver bello.

En el imaginario colectivo, muchos podrán decir que ser leal no sirve de nada, pero yo discrepo de eso, pues una cosa es que alguien no valore tu lealtad pero una muy diferente es que esto indiscutiblemente te traiga a largo plazo beneficios para tu persona, tu paz espiritual y claro, también para tus logros en el campo laboral que ejerzas.  La lealtad es un termómetro de la calidad de persona que eres, y en esa medida, cuando eres leal, habrá situaciones y también seres humanos que te la devuelvan en grandes proporciones.

Hasta la próxima.

lunes, 22 de febrero de 2021

EL SERVICIO INVISIBLE


¿Cómo puede ser el servicio invisible, si es uno de los criterios en los que más se esfuerza una empresa por atender y prestar a sus clientes la mejor atención no solo para generar satisfacción sino para atender a unos indicadores de calidad? Muy fácil, porque el servicio no lo constituyen aspectos obligados y apenas lógicos como la amabilidad, el buen trato y la disposición, los tiempos oportunos y las soluciones efectivas. Todo lo anterior debe darse en toda organización y toda marca debe hacerlo. Hablar de servicio es hacer más allá de lo que corresponde, y aunque suene complicado, realmente no lo es.



Todo lo que hay detrás del servicio: personas que hacen bien su trabajo aunque no los esté viendo un usuario, sistemas estructurados y organizados que funcionan sin mayor complicación, empresas que tienen conciencia de que su éxito se debe a un mercado, realizarán muchas cosas sin tener que publicarlo o hacerlo evidente en los medios o redes sociales. Y así, las personas también.

El servicio o la disposición a este puede mejorarse con un buen entrenamiento, pero es algo que va con la persona, es parte de su estilo de vida y se manifiesta no solo en el trabajo, sino en cualquier escenario cotidiano, por eso quien es servicial lo es en su casa, en su vecindario, en el transporte público y claro, en la labor que desempeña. Cuando esto es así, no es necesario ‘inyectarle’ a la gente cualquier cantidad de teorías para que “por favor” hagan bien sus cosas y traten como debe ser a los clientes.

Peter Drucker ya advertía hace muchos años al respecto que, las organizaciones podían ahorrar mucho dinero en ello si en vez de desperdiciar tanto presupuesto en enseñarle a la gente a ser gente, más bien podrían invertir tiempo y recursos en contratar personas que ya tuvieran estos valores. Y sí que estoy de acuerdo con ello, porque el servicio y más aquel que es invisible, es decir, el que se hace sin interés de figurar como el gran salvador de otros o que se realiza simplemente porque ya es un hábito, es capaz de transformar no solo un ambiente sino la vida de otros. Y es en serio que no cuesta, o por lo menos eso pienso yo, porque muchas veces podemos hacer un favor si está en nuestras manos, recoger algo que se cayó por ahí y no pasar de largo, ceder el paso si vamos manejando, y en fin, hay muchas situaciones que se podrían enumerar.

Pues bien, para cerrar entonces, lo grandioso del servicio invisible está precisamente en el valor que adquiere porque no es algo evidente a los ojos, pero indudablemente se percibe, inunda lo que hay alrededor y también es contagioso.  Es extraño, pero el servicio es una cualidad muy apreciada tanto para un cliente como para una persona en general, sin embargo es esta una de las pocas que alguien se esmera en cultivar de verdad: se exige para otros pero no se trabaja para sí mismo.

Hasta la próxima. 


martes, 8 de diciembre de 2020

CUANDO EL ORGULLO SE CONFUNDE CON LA DIGNIDAD


Muchos van por ahí pensando que dignidad es lo mismo que el orgullo, haciendo y teniendo actitudes que están muy lejos de lo que significa realmente la dignidad. Empezaré por decir que esta es una cualidad que tiene un ser humano cuando a partir de sus valores, propende por cultivarlos, resguardarlos y asociarlos a su integridad como persona, por lo tanto bajo este esquema, la dignidad no es negociable, no se transa, no se cambia por dinero, poder, posición social, interés particular por ganarse el afecto de otros. Se tiene cuando por el contrario, nos hacemos respetar como las personas valiosas que somos, cuando no anteponemos lo material a nuestros principios si estos son buenos, y cuando entre otras cosas, sabemos retirarnos a tiempo de situaciones que no nos brindan respeto, afecto, armonía, paz.



Es saber decir no a aquello que nos ofrecen o nos proponen a cambio de ser quienes no somos, es decidir cuándo dejar de discutir con quien no vale la pena hacerlo, es irse sin temor a lo que otros piensen o a quedarse solo, de aquellos lugares y personas que no valoran lo que les damos, también es rechazar cualquier intento de soborno, propuesta deshonesta o negocios turbios de los que no podemos hacer parte porque de entrada sabemos que va en contraposición a nuestra esencia.

Eso es tener dignidad y no orgullo, porque este último es otra cosa: tener orgullo es pensar que somos más que otros porque nos sentimos merecedores de muchas cosas sin haberlas trabajado, es creer que humillando a otros, siendo groseros, altivos y rencorosos, vamos a ganar mucho. Qué falacia más grande, si es el orgullo el que tiene dividido al mundo, es el que te separa de las personas que amas, es el que te ha hecho perder la oportunidad de ser feliz, porque quien es orgulloso solo puede exhibir la presea de su falso estado de importancia, pero en el fondo solo lleva tristezas y arrepentimientos que no le dejarán dormir.

No se deja de ser una persona digna por pedir perdón o admitir que se ha cometido un error, ni se pierde por reconocer que te equivocaste como el ser humano que eres, como tampoco se pierde por expresar un sentimiento o decirle a otro tus sueños, tus expectativas o lo que te hace sentir mal. Al contrario, una persona con dignidad siempre podrá desde sus propias fragilidades salir libre al mundo sin deberle nada a nadie y mostrar que es alguien valioso porque le da prioridad a lo que irradia su alma por encima de lo que otros puedan opinar.

Las empresas, pasando por un momento a este escenario, deberían procurar trabajar por construir su propia imagen desde cualidades como la dignidad, conformando equipos de trabajo con personas honestas y transparentes, de esas que sí se encuentran y tienen además de su talento un cúmulo de características buenas como seres humanos. Si bien es cierto, estar a la vanguardia tecnológica o tener una infraestructura robusta y llamativa son elementos interesantes, no son estas cosas las que hacen de una organización un entorno bien constituido y de gran futuro. Es momento de dejar de pensar que los líderes son quienes llevan a otros desde el poder por un camino trazado de objetivos puestos solo en el éxito comercial o de un mercado; por supuesto que es válido perseguir metas organizacionales y de posicionamiento que favorezcan las finanzas y propósitos desde esta óptica, pero no hay que olvidar que este mundo necesita cada vez más de transformaciones de tipo social que desde lo humano, realmente cambien la vida de la gente y de las naciones. Por lo tanto un ladrillo más o uno menos, una máquina costosa o una más artesanal y un despliegue publicitario y de comunicación, no serán, créanme, los que van a hacer que una empresa se mantenga en lo que a futuro viene.

Trabajar con base en las personas y su dignidad, no deberá ser un tema para tomarlo a la ligera o como una tendencia para “parecer” que somos lo mejor. Hay que serlo. Y la dignidad es algo que se ha de exigir y plantear como uno de los pilares para construir esa transformación. Si seguimos pensando que ser dignos es actuar como los intocables o favorecer solo a quienes se muestran indestructibles, le estaremos dando paso a más miseria e inestabilidad de la que ya hay en este mundo.

 

lunes, 16 de noviembre de 2020

CUESTIÓN DE ACTITUD


La actitud no es una pose ni una postura amañada que pretenda desde la falsa alegría o el positivismo exagerado, mostrar una cara cuando estamos sintiendo o viviendo otra cosa.

De hecho, la actitud, cualquiera que esta sea, está claro que determina el resultado de un algo y también el ambiente en un contexto. Cuando hay mala actitud no se puede esperar que los otros tengan una respuesta amable o que las cosas salgan mejor, si hay algo contagioso más que muchas otras cosas, es precisamente una actitud; por eso, cuando la actitud es buena sí que transforma a otros y a un entorno.



Defiendo mucho el tener derecho a sentirnos tristes, enojados, contrariados, insatisfechos y a decirlo por supuesto. A vivir y sentir un momento sin tener que estar disimulando lo que llevamos por dentro, y tener actitud no se trata de fingir lo que no somos o de hacer “cara de ponqué” cuando la situación no da para ello. Si totalmente llevamos por delante de cualquier cosa que hagamos, el respeto, ese derecho a sentir y expresarse es válido siempre y cuando con esto no pasemos por encima de los otros.

Y lo afirmo, porque tener actitud es entender en primer lugar que los demás, (tus clientes, tu familia, tus amigos, tus compañeros de trabajo, tus empleados, cualquier persona) no tienen la culpa de lo que pasa o haya pasado en tu vida y no está bien actuar mal con los otros de forma displicente, grosera o atrevida solo porque nos sentimos mal. Como es importante también comprender que por más que tengamos un problema nada nos quita el ser amables, educados y empáticos con los demás.

Es muy desagradable que como cliente uno tenga que aguantar la mala actitud de quien supuestamente te está prestando un servicio, o llegar a una organización donde el clima laboral es insoportable, simplemente porque no hay gestión en este sentido. No olvidemos que el ambiente y la buena actitud no la hacen ni la infraestructura tecnológica ni las construcciones bien diseñadas, pues son las personas las que forjan esas dinámicas y si son negativas, seguramente esto saldrá a relucir y puede impactar incluso un indicador como las ventas.

Tener actitud es procurar hacer llevadera la vida misma, que de por sí, ya tiene muchos conflictos. Es trabajar por dar a otros así no los conozcas un buen trato. La buena actitud abre muchas puertas y aunque no siempre el tenerla nos garantiza que los demás te lo vayan a devolver también en la misma línea, te darás cuenta que la mayor ganancia te la llevarás para ti mismo.

Hasta la próxima.

 

 

domingo, 25 de octubre de 2020

LA INCERTIDUMBRE ES LO MEJOR QUE NOS PUEDE PASAR

 La incertidumbre es una palabra que genera resistencia, también miedo. No nos criaron ni nacimos muchos en medio de esta, porque el contexto venía de alguna forma acostumbrándonos a su habitual acomodo: era estable el trabajo, la economía, el sistema social y hasta las relaciones. Hoy nos enfrentamos a un derrumbe de esos paradigmas donde lo único constante es el cambio, y aunque la red y la literatura estén llenos de expertos hablando del tema o de cómo hacer la gestión de ese cambio, no nos digamos mentiras, casi nadie, por no decir que ninguno está preparado para afrontarla.




Es por esto que quien diga que hay una fórmula para solucionar lo desconocido, de entrada está mintiendo, pues ¿cómo podemos saber qué hacer cuando no sabemos qué va a pasar? Sin embargo, lo que sí puedo aportar yo al respecto es que la incertidumbre no es del todo mala, de hecho, es lo mejor que nos ha podido pasar porque cuando las cosas son predecibles de verdad pierden el gusto y más en el actual escenario, donde la gente se aburre muy fácil, nada les sorprende, todo se les va como agua entre los dedos. Ya Bauman cuando habló de la sociedad líquida, hizo un grandioso acercamiento a lo que es la trama cotidiana de hoy en la que todo es efímero, en la que todo pierde valor y en la que cosas y personas van y vienen sin parecer importarles el tomarse con mayor profundidad la vida.

La incertidumbre deberá llevarnos obligatoriamente a repensarnos, a transformarnos, a volver nuestros ojos hacia la esencia del ser. Deberá conducirnos por un camino que no está abierto y en el que nos corresponde recorrerlo con lo que tengamos, con lo que sepamos, con lo que cultivemos. Y como no hay fórmulas, lo mejor es aceptar que está sucediendo, pero más allá de eso, reconocer que como humanos somos frágiles, somos susceptibles, somos sin excepción proclives a ser víctimas, victimarios o héroes, todo depende del papel que queramos asumir. De cualquier forma pienso, que esta nos invita quizá cruelmente para unos y más suavemente para otros, a redefinir nuestra vida y cómo vemos y tratamos a nuestros semejantes. A ser empáticos, a ponernos en los zapatos de aquellos que juzgamos desde la falsa tranquilidad de tenerlo todo y en el fondo, no tenerlo nada.

Lo importante aquí tampoco es quedarse en la reflexión porque la incertidumbre, la crisis, lo inexacto, tiene que trascender, tiene que ser el motivador para lograr renacer en medio de esta o sumirse en la oscuridad. Es una elección, como todo, pero es lo mejor que nos ha podido pasar en medio de un mundo tan dormido e insensible como el que hemos construido.

Hasta la próxima.

 

jueves, 8 de octubre de 2020

LA GRATITUD ES LA MEMORIA DEL CORAZÓN

Decir gracias no debería ser simplemente una palabra que por educación debe pronunciarse obligatoriamente cuando alguien hace algo por nosotros. Más allá de ser agradecidos por todo lo que tenemos, lo cual está muy bien, la gratitud es la manera, es la forma como actúas con aquellos que algún día te dieron algo: su tiempo, su amistad, su dinero, su confianza, una oportunidad profesional, su conocimiento o en cualquiera de sus variables, su ayuda.

Mucha gente va por la vida pensando que son dignos del favor de otros sin nada a cambio, y yo pienso que aún cuando es cierto que al hacer algo por otros, no debes esperar grandes cosas, lo que sí creo profundamente es que por lo menos mereces de esas personas, de esas empresas, si es el caso, respeto y buena actitud.



Ser agradecido no te debe convertir en alguien que todo el tiempo tenga que estar retribuyendo ese algo que te brindaron, ni ser un fastidioso que en cada encuentro tengas que recordar con palabras eso mismo. El solo hecho de abstenerse de hablar mal o de actuar mal, ya en sí es una forma de agradecimiento, quizá la mejor manera de devolverle al otro su esfuerzo o su intención.

Esto lo entienden las empresas que con su cliente interno y externo, no se desperdician en simples frases o mensajes tales como “gracias por confiar en nosotros” o “gracias por hacer parte de nuestro equipo”, sino que trascienden a acciones reflejadas en prestar un mejor servicio, en hacer las cosas bien, en facilitar la vida a esas personas, en fin, en respetar y valorar a quienes han hecho posible que estén en el lugar que actualmente ocupan. Es una forma mucho más clara del concepto de gratitud.

Con las relaciones interpersonales nada cambia. No se trata de estar llamando, de estar escribiendo, de estar hablando, pues esto en muchos casos no es posible. Quizá ya no hayan vínculos, quizá ya no haya manera de estar en continuo contacto, por la razón que sea, o por qué no, a veces no hay cómo devolver un favor, pero siempre se podrá ser grato si tienes presente que un silencio prudente, que una actitud considerada, que el abstenerse de decir, pensar o hacer algo en contra de quien alguna vez te dio su mano o hizo algo por ti, debe llevarte a pensar que si tu retentiva no te alcanza para recordar eso, el corazón sí que tiene memoria o debería tenerla.

Hasta la próxima.


lunes, 28 de septiembre de 2020

PROMESA BÁSICA Y EL VALOR DE LA PALABRA

 

Tener palabra es cumplir con aquello que te comprometiste a hacer. Sea poco o mucho, tener palabra es una garantía para el otro pero también es la imagen que proyectas, esa, que da credibilidad, respeto, reputación, porque cuando lo haces no solo estás demostrando quién eres sino que además te ganas un lugar ya sea en un mercado o en un grupo de personas que a ciencia cierta, saben que pueden confiar en ti.


En marketing se llama promesa básica y es cuando un producto o servicio da aquello que muestra en la publicidad o en el momento de la venta. No puedes ofrecer algo que no estás dispuesto a llevar a término porque cuando no es así, tus clientes no volverán a comprarte y no podrás trabajar en el valor de marca porque sencillamente, esta no puede darse si no hay coherencia en lo que piensas, dices y haces.



Para el personal branding funciona de la misma manera, si los tres elementos que anteriormente nombré no están fusionados, trabajados en el mismo orden, no hay ecuación, no hay manera de que tu palabra sea parte de tu diferenciación, si tus actos van por otra vía, por la de no cumplir. Anteriormente la gente decía “te doy mi palabra de honor” y eso bastaba para que otros creyeran que iba a ser así. No había necesidad de firmar papeles por todo, de tener testigos, de tomar fotos, ni siquiera huellas dactilares, porque la palabra era precisamente eso: honor, no la excusa barata para engañar a otros o mostrar una imagen mientras se puede sacar un beneficio -como pasa ahora- y después perderse para evitar una explicación o en el mejor de los casos una justificación sincera.


Tener palabra debería considerarse uno de los puntos más fuertes a trabajar si se quiere lograr una buena imagen tanto en el campo profesional como en el personal, así como en las circunstancias del mercado. Como siempre lo he dicho, si al final es muy difícil tener palabra, una opción muy sencilla será siempre, la de quedarse callado.

Hasta la próxima.

domingo, 13 de septiembre de 2020

SUPONER ES PERDER





Suponer implica de entrada emitir un juicio basado en el capricho de la razón, jamás en el argumento que resulta de la certeza o la seguridad de un hecho comprobado. Por ello, suponer es perder, porque cuando lo hacemos solo estamos dejando que la imaginación sea quien tome las riendas de un pensamiento, que para este caso no va enfocada a la creatividad sino más bien a una figura mental que por lo general es equivocada, es errada.



Siempre que sacamos conclusiones apresuradas, nos exponemos a llevar a la mente un escenario inexistente que por cierto, también resulta en el hecho de tomar decisiones que pueden afectar el desarrollo de lo que sea: la vida y el marketing no funcionan a partir de lo que “a mi me parece que es así”, funcionan cuando tomo un riesgo que se expresa en lo que es verdadero, no el prejuicio que se alimenta de pensamientos fatuos, egoístas.

Tanto para el trabajo con una marca o producto como para la gestión de relaciones personales, preguntar y hablar siempre serán la vía correcta para tener la certeza de algo. Si yo quiero saber qué es exactamente lo que desea un cliente o qué no, más que hacer una encuesta o disponer de un buzón de sugerencias impersonal, lo mejor siempre será indagar a estos directamente y de frente todo aquello que quiero saber acerca de mi servicio o empresa, quizá tome tiempo y esfuerzo pero vale la pena. 

En el ámbito de las relaciones interpersonales con mayor razón. Hay que dejar a un lado el temor, la vergüenza, la cobardía, de averiguar directamente en el otro qué pasa, qué le disgusta, qué le gusta, qué le sucede, qué quiere o qué no quiere. Así, dejaremos con toda seguridad esa mala costumbre de “montarnos en el bus equivocado”, de esperar lo que nunca va a llegar, de enojarnos cuando no hay motivos, de quedarnos donde no debemos, o por qué no, de arruinar lo que puede ser maravilloso y sabotear el instante solo porque queremos creer que algo es así cuando es todo lo contrario.

Suponer es perder la oportunidad de conocer a otros en su profundidad, es malograr la esencia de alguien sea un mercado de clientes, sea una persona. No dejemos que el prejuicio nos diga las cosas, dejemos que sea la verdad aquella que nos permita actuar, decidir o de cualquier manera callarlo.

Hasta la próxima.


jueves, 27 de agosto de 2020

SER DIFERENTE EN UN MUNDO DE MOLDES




La diferenciación cuesta. Ser diferente en un mundo de moldes es de valientes, porque no ser igual a lo que es la mayoría no solo es un trabajo de introspección inicial bastante largo y de tiempo, sino que además es muy fácil dejarse contaminar por un contexto que ha vuelto normal comportamientos y tendencias en los que la mayoría quieren encajar.




Y es que todo esto tiene que ver con ser aceptados, no importa si para ello decides dejar de ser tú mismo o reconocer que tu valor diferencial puede ser un atributo interno como ser servicial, bondadoso, comprensivo, -por poner un ejemplo- porque para los demás generalmente ser así es ser un “pendejo” y no una persona que se destaca sobre las otras porque tiene esas características. Es más fácil entonces, adoptar actitudes de falso “poder”, que los hace ver fuertes, decididos y maduros cuando en realidad solo copian un esquema social que valida más el ser astuto y avispado, chistoso o popular, irreverente y vulgar, así esto lleve a la gente a ser resultado de un mismo molde.

Encontrar un atributo que nos haga únicos e irrepetibles, pero ante todo, inolvidables como personas o como marca, es un camino que se recorre en soledad y muy lejos de la aprobación general, porque en particular ser diferente va en contraposición a la tendencia y a la moda, es una decisión lejana a las expectativas del imaginario colectivo y hay una alta probabilidad de que otros no vean eso como algo bueno, sino más bien como una debilidad o una locura.  Lo que sucede, posteriormente, es que ese factor con el tiempo sí va a ser lo que te haga recordable de cualquier manera, y como he dicho ya antes: inolvidable.

Y ser inolvidables ya sea para el caso de un producto o de una persona, es de las mejores cosas que pueden pasar dentro del concepto de branding, porque de eso se trata, ya que lo que no se recuerda es fácilmente reemplazable y por supuesto olvidado. Tengo que afirmar también, que todo esto tiene que darse desde un concepto positivo, porque por supuesto ser recordados por tener el peor servicio, el más nefasto de los productos o el individuo más desagradable, no es precisamente de lo que estoy hablando.

Todos sin excepción, podemos trabajar en la diferenciación, pero para que esto se dé hay que despojarse no solo del ego, de igual forma hay que entender que ese factor debe hacer parte de cada segundo de cualquier acción y pensamiento. Reconocer que no se puede ser diferente pensando que ello es ir en contraste a todo, pues no necesariamente es así, pero también entender que no se trata ni de una forma de vestir o pensar, de una forma de hablar o actuar: es hallar eso que no tiene nadie más y que seguramente será reconocido y valorado no por grandes grupos de gente o mercados, sino por quienes están interesados en ti como marca, producto o ser humano.

Hasta la próxima


viernes, 21 de agosto de 2020

SER COMPETITIVO YA NO ES TAN COMPETITIVO


En la década de los noventa el Management no solo se puso de moda por ser una corriente de la administración muy fuerte en sus conceptos, también porque el mundo comenzaba a evidenciar los cambios globales, las aperturas económicas y unas transformaciones sociales que empezaban a dejar atrás el modus operandi tradicional de las empresas y personas. Uno de mis favoritos, Peter Drucker, sin duda alguna hizo aportes muy grandes al marketing también, y fue en ese entonces donde entre otras definiciones, se habló de la competitividad, la ventaja competitiva y la ventaja comparativa, elementos que caracterizaron la dinámica de los negocios hasta hace muy poco.





Sin embargo, como todo, muchas veces una teoría no solo se adapta al acomodo, conveniencia y entendimiento de cada quien, sino que además, se va transformando y da paso a pensamientos y prácticas muchas veces lejanos de la definición inicial. Se hablaba de competitividad como un factor que principalmente debía establecerse desde un valor diferencial y no recuerdo, que Drucker y sus colegas dijeran que ser competitivo era tratar a como diera lugar de ser el mejor a pesar de los derechos de otros, o que había que figurar de cualquier modo con tal de destacarse para lograr un lugar “decente” en la urdimbre social. De esta forma, muchos convirtieron el concepto de competencia como la excusa para acumular insignias basadas en el materialismo, otros tantos se fueron llenando o nos fuimos llenando de títulos, saberes, experiencias certificadas en diplomas porque de lo contrario no se podía ser “competente” en un mercado laboral, y algunos más tergiversaron esto y trasladaron sus intereses a acciones atrevidas como los actos desleales de mercado en los cuales se prometía el cielo y las estrellas aunque fuera mentira, el engaño a los clientes a partir de prosas adornadas de la publicidad pero con un fondo pobre y despreocupado.
En algún momento, en algún punto, ser competitivo dejó de ser atractivo porque todos quisieron ser doctores o magister, cada quien soñó con tener un cuerpo fit o ser un speaker cotizado, o empresarios millonarios  y exitosos; la mayoría empezaron a necesitar del like y la aprobación en las redes, a tener reconocimiento y dinero así algunos tuvieran que robarle los recursos a la nación o a los más pobres, y las empresas, a posicionar un producto y un servicio aunque sus clientes estuvieran posteriormente insatisfechos. ¿En qué momento dejó de ser más importante tener experiencia verdadera a coleccionar papeles?, ¿en qué parte se escribió que tiene más valor una persona que lleva un traje de Ermenegildo Zegna o Prada y usa una marca de celular en específico -sabiendo que en muchos casos deja de pagar un servicio importante por lucir bien así tenga que comer arroz y huevo a escondidas-?, ¿quién dijo que la mejor empresa y los mejores productos son los de aquellas que gastan millones en estrategias cuando la táctica más preciada es el buen trato y cumplir por lo menos con la promesa básica inicial?

Justo ahora, en la actual situación, todo lo anterior se ha desnudado, se ha evidenciado. Todas aquellas cosas, producto de una mentalidad competitiva fundamentada en figurar a cualquier precio, nos está mostrando que no ha servido de nada. Se enferma el que tiene y el que no también, se quiebra inevitablemente el del negocio pequeño pero también el grande -con contadas excepciones-, me atrevo a decir que es la primera vez en la historia de este planeta, por lo menos en la historia contemporánea, que todos los seres humanos sin excepción, hemos sido puestos en la misma situación de vulnerabilidad y no hay quien pueda afirmar con absoluta certeza que podrá evitar cualquiera de los efectos sociales, económicos y físicos que ha traído esta pandemia.

Simplemente mi reflexión en esta oportunidad va orientada a qué pensemos si de verdad todo lo que nos ha llevado a ser tan exigentes unos con otros, sirve justo ahora que necesitamos otras cosas, otras perspectivas, otras acciones. Estoy convencida que el trabajo colectivo es el que puede dar mejores resultados. Todas aquellas pretensiones, todo ese querer ser mejores está muy bien si de verdad al final del día en lugar de preguntarse si hoy fui competitivo, más bien nos preguntamos si hoy transformé favorablemente la vida de alguien. Creo en realidad, que eso, es ser competitivo.

Hasta la próxima.


miércoles, 12 de agosto de 2020

ES MEJOR INTENTARLO QUE QUEDARSE CON LA DUDA

 

La última vez que vi a María C., fue en su apartamento. Era febrero de 2016 unos meses antes de yo irme a vivir a otra ciudad, y nos encontramos para almorzar como lo habíamos prometido, hablar de nuestras cosas y recordar el tiempo que compartimos trabajando juntas en Relaciones Públicas. Fue mi mentora en este tema y gracias a sus enseñanzas empezó mi pasión por el marketing, y hoy esta entrada va dedicada a su memoria.


Quise comenzar esta vez así para hablar del tema, porque tristemente estamos acostumbrados a dejar asuntos sin resolver por pequeños o grandes que sean y en el momento no comprendemos que si no hacemos las cosas en el instante que es, es muy probable que quizás el “luego” no exista más. Cuando ella y yo nos despedimos ese día, nos prometimos vernos pronto para un café porque quería comentarme sobre un proyecto importante que tenía en mente y del cual quería que yo hiciera parte, pero lo dejamos disolver unos meses entre tanto trabajo y agite de la vida, de tal forma que ese encuentro nunca se dio y no se dará, y me arrepiento no haber estado allí porque a lo mejor, uno nunca sabe, yo pudiera estar contándoles al hacer esta referencia una historia diferente.

Los seres humanos dejamos pasar la oportunidad por la razón que sea, porque estamos ocupados, porque no tenemos tiempo, porque priorizamos egoístamente otras cosas y no somos conscientes que a lo mejor cuando no lo intentamos en el ahora, quizá más adelante ya no se pueda. Tenemos ideas constantes de cómo cambiar el mundo, de cómo transformar nuestra vida, de cómo avanzar en un proyecto y es verdad que en ocasiones lo logramos, pero en otras muchas no, porque nos da miedo, porque nos da pereza, o porque estamos en función de pensar qué dirá la gente.

¡Y qué carajo importa lo que digan o piensen los otros! si al final de todo, quien tendrá que llevar las derrotas o las ganancias es cada uno, no los demás. Muchos negocios se quedan sin nacer, no por falta de creatividad o de oportunidad, sino por falta del impulso para intentarlo. Mucha gente anda infeliz por ahí porque no se atreven a dar un salto al vacío pensando solo en los daños cuando estos ni siquiera se han causado. La primera vez que hice rafting recuerdo que fue en un río de bajada un poco violenta y debo confesarles que siempre le he tenido pavor al agua, más bien respeto, y ese día solo sé que me puse ese chaleco, me aventuré a hacerlo -mi mamá nunca lo supo- y fue algo arriesgado, pero esa experiencia y otras que he tenido, no las cambio porque lo bueno fue que ahí estuve y hacen parte de mis recuerdos.

Creo que a pesar de todo lo que ha pasado en estos meses, las personas no han caído en la cuenta de que la vida está llena de momentos que se viven, porque los que no, sencillamente no hacen parte de ella. En estos días en los cuales la incertidumbre es la reina, deberíamos vivirnos cada uno de estos como si fuera el último, y no, no estoy siendo fatalista, simplemente estoy diciendo que siempre valdrá la pena intentar lo que sea pero más ahora, cuando no sabemos con sinceridad lo que nos depara un mundo en el que te vas a dormir y encuentras muchas cosas diferentes cuando despiertas.

Hoy no me quiero extender mucho en mi escrito, porque creo que he sido clara en lo que he expuesto. Porque los minutos están corriendo acelerados y porque ahora precisamente, me esperan unos sueños que están por ahí pendientes de ser realizados. A todos muchas gracias, les invito a dar ese salto, a subirse a esa rueda que va a mil y la que quizá nos bote al piso y nos deje golpeados o más bien nos dé mucho más de lo que estamos esperando: es muy probable que de cualquier manera, nos podamos bajar de ella con el corazón a mil y felices por haberlo intentado. Y a ti María C. gracias, por enseñarme tanto, siempre me quedaré con esa duda de si querías seguir intentándolo. 

Hasta la próxima.

 

 

sábado, 1 de agosto de 2020

LAS PALABRAS QUE SOBRAN: CUANDO EL SILENCIO ES UNA MEJOR RESPUESTA

Personalmente no voy con las frases de falso positivismo que muchas personas pronuncian frente a quien ha tenido una pérdida, la que sea -económica, empresarial, laboral, sentimental, familiar-. Esas tales como: “tú puedes”, “lo que no te mata te hace más fuerte”, “pasa la página”, “ten fortaleza y continúa”, “todo pasa por algo”, etc, las concibo como palabras del comodín cotidiano que en efecto, son pronunciadas en buena parte con toda la buena voluntad del caso por quien las dice, pero no necesariamente le dan al otro la fuerza y las ganas para continuar o realmente recuperarse de la situación que sea y mucho menos si estas, solo son parte de la cortesía pero no están acompañadas de actos auténticos o franqueza.

En un mundo lleno de memes inspiradores que inundan Instagram, Facebook y los estados de WhatsApp, pienso que la empatía y la ayuda indiscutible, proviene más del silencio respetuoso y de la honesta compañía, de quien se solidariza con lo que estés viviendo y en lugar de llenarte de expresiones bonitas pero inservibles, más bien te hace sentir que está ahí, acompañando y quizá mirando cómo te puede dar una mano.


El discurso de lo bonito, de lo adornado, no escapa tampoco ni al ámbito empresarial ni al marketing. Cuando uno llama a una empresa de taxis o de servicios de salud, por poner un ejemplo, generalmente se encuentra al otro lado con una grabación impersonal que le recuerda lo “importante que es el cliente para nosotros”, claro, pero esa importancia no se ve en algunos casos por ningún lado, te plantan hasta media hora o más a veces, hasta que te contestan la llamada para decirte posteriormente que no pueden solucionar tu inconveniente o prestarte un servicio. Mala cosa.

En la vida cotidiana, el caso no es diferente. No sé si es que el mundo se acostumbró a llenarse de muchos mensajes para justificar las carencias, que cualquier cosa que suene bien se usa para llenar los espacios de lo que se es incapaz de dar en lo real. Es cierto que hay prosas bellas, es verdad que siempre será bonito escuchar halagos, promesas, oraciones alentadoras, pero también es cierto que si estas no trascienden a los hechos entonces de nada sirven. Una marca, una empresa, una persona, no pueden andar por ahí llenando de disertaciones falsas a los demás solo por pretender ser agradables y tratar de mostrar lo chéveres que son con los otros. Si una marca como parte de su estrategia comercial dice que sus clientes son lo más importante, pues uno como cliente deberá sentirse importante, en especial cuando va a hacer un reclamo, no para cuando le están vendiendo.

Si una empresa habla de lo fundamental que son sus empleados o colaboradores pues ello deberá trascender en cualquier circunstancia, que no son las fiestas o las peroratas adornadas en eventos o redes sociales, los que hacen feliz y productivo a un grupo en el trabajo: es el respeto que se brinda, incluso cuando hay crisis y debes prescindir de ellos. Y qué decir de las personas, ahí, el escenario es mucho peor. En la vida nos topamos con muchas de estas que dicen lo mejor de ti y tienen en sus palabras frasecitas de cajón, solo cuando les conviene, solo mientras obtienen lo que desean, pero solo espera a que haya una situación adversa y verás cuántos de estos quedan.

En el marketing y en la vida, las palabras se cuidan, estas, no pueden ser un simple copy writer publicitario en el que buscas enganchar, conquistar y luego, hacer de cuenta que nada pasa. Lo dicho o escrito, sólo tiene efecto cuando se es consecuente con los hechos. Por ello, andar diciendo por ahí cualquier cosa para “conectar” y luego hacer el tan popular “ghosting” no ha de servir jamás ni para posicionar un producto ni mucho menos para construir vínculos válidos, credibilidad y lealtad, sea de marca o sea personal.

La palabra tiene poder cuando va acompañada de sucesos que la respaldan, no cuando llenas el Instagram de inspiraciones generales que no son auténticas para un mercado de clientes, para personas, pues no serán jamás percibidas como genuinas cuando los actos son otros. Estamos en medio de una pandemia, de una crisis de la que se ha esperado, haya cambios positivos en todos los aspectos, sin embargo, de modo muy personal considero que esta situación, ha hecho aún más evidente, no las falencias económicas o estratégicas, por el contrario, ha mostrado con mayor fuerza lo ineficiente del discurso amañado y la falsedad del ser humano. Es cierto, que no se puede pedir a otros que sean diferentes, no se puede exigir a una empresa, marca o persona, que dé aquello de lo que no tiene, es claro. Sin embargo, sí hay algo que puede hacerse por lo menos para ser consecuente, y es guardar silencio. Bien decía por ahí un adagio popular de nuestros abuelos: “la mejor palabra es la que no se dice” y más si no es necesaria, si no es verdadera.

Hasta la próxima.


domingo, 12 de julio de 2020

¿SOLTAR Y DEJAR FLUIR? O ¿CONSERVAR Y CULTIVAR? LO QUE LAS CRISIS PUEDEN ENSEÑARNOS



Estaba en deuda con mi blog, pero ahora vengo con un poco más de tiempo a ponerme al día con esta entrada, algo más de dos años, prometiendo escribir a menudo de todos estos temas de marketing cotidiano. 




Las marcas en especial cuando son nuevas en el mercado, tienden a generar grandes estrategias publicitarias y promocionales para cautivar con ese innovador producto a los posibles consumidores. Esto lo ve uno en grandes compañías y en pequeños negocios, que cuando comienzan, de hecho lo hacen muy bien: son serviciales, son atractivos, ofrecen un sinnúmero de atributos maravillosos. Si es un restaurante, te encontrarás una comida exquisita y bien preparada, si es un bien tangible, seguramente te toparás con un artículo de excelente calidad, con un buen respaldo preventa y postventa, en fin, vas a encontrar una serie de cosas que te harán creer que por fin encontraste un sitio donde sentirte bien atendido y volver, o un producto que con seguridad comprarás de nuevo… no importa lo que valga.

Uno de los errores más grandes que puede cometer una empresa tenga o no reconocimiento o si apenas se empieza a consolidar, es no mantener esa coherencia en el tiempo, es decir, tener el entusiasmo en el ciclo inicial y no preservarlo una vez se logra cautivar a dicho mercado. No quiere decir que pase con todas las marcas y empresas, por supuesto que no. Muchas entienden que la conquista es un tema de todos los días, no de un rato, y lo han hecho bien, y por eso están donde están. Hablo de aquellas que no dimensionan aún, a pesar de la globalidad, que de nada sirve el impulso inicial si este no se mantiene vivo de ahí en adelante.

Con las personas, con las relaciones, sean estas de amistad, de trabajo, de amor, de familia, pasa exactamente igual. Esto no significa que cada vez que iniciamos un contacto con alguien tenga que perdurar para siempre. No hay contratos vitalicios ni en la vida ni el marketing, pero sí hay algo que se llama el tiempo de éxito, es decir, ese rango cronológico que debes trabajar para que en lo posible las cosas salgan lo mejor que se pueda: si eres empresario, sabes de lo que hablo. No se desiste de un proyecto de emprendimiento al primer problema, al primer obstáculo; no se puede esperar una ganancia de inversión en los primeros dos años cuando hablas de hacer empresa. Tendrás que cultivar día a día la plantita que una vez fue parte de tu sueño y no dejarla morir en las primeras semanas solo porque algo no salió como querías.

Bien, creo que ya me he hecho entender. Mucha gente, muchos empresarios, muchas marcas, se preguntan por qué lo que parecía ir tan bien, de repente se acaba y es que lo difícil no es comenzar como muchos creen, lo difícil, el reto, está en perdurar.

Estamos en tiempos de pandemia, de confinamiento, y muchas empresas han tenido que cerrar, otras, han visto disminuidos sus ingresos, la lucha en estas circunstancias es bastante difícil. Pero yo creo en algo, en eso que va más allá del marketing y es precisamente ese esfuerzo que desde antes de la crisis, algunas marcas, algunos establecimientos, hicieron en su día a día por permanecer, sin saber lo que se acercaba, y esa constancia y ese tesón, que no debiera venirse a hacer justo ahora, es el que puede llegar a dar una luz de esperanza.

Lo que quiero decir es que en crisis, de una u otra forma tendrás que luchar por recuperar lo que se pueda sin remedio, pero no hay que tener una situación problema encima para correr a hacer las cosas que pudiste hacer y cuidar antes. Lo que mostraste cuando comenzaste, lo que trabajaste en los días corrientes es lo que te va a dar la fuerza para salir de la situación difícil. Y así con las personas. No podemos esperar a redimir lo que dejamos perder antes con la gente, con la familia, con los amigos, con la pareja, cuando ya tenemos el agua en el cuello. Ese es el costo de recuperar, cuestión que ni las empresas ni las personas han entendido muy bien: recuperar cuesta, recuperar no siempre es posible, recuperar implica volver a comenzar sin la garantía de que todo vuelva a ser como antes.

Jamás se puede basar la esencia de la vida, los negocios, las tácticas, en recuperar. El punto es construir, atesorar, hacer lo mejor que puedas no cuando las cosas se han perdido o desvanecido. El otro día leía una frase que me llamó la atención, decía algo así “muchos están concentrados en soltar y dejar fluir, pero pocos están interesados en conservar y perdurar”. Y entonces pensaba ¡cuánta razón hay en esto! pues vivimos en una sociedad que piensa erróneamente que dejar fluir y soltar es desentenderse del otro, es dejar todo al azar a ver que pasa, es dejar escapar lo que la vida te presenta: si fue, fue, y si no, no sucede nada. Y sí que sucede. Filosofía algo triste que denota el poco esfuerzo que personas y empresas están tan frágilmente dispuestas a hacer por cultivar y trabajar de alguna manera a sus clientes, sus oportunidades, a las personas, a la vida misma.

En marketing se habla mucho del costo que implica el conseguir nuevos clientes versus el costo que tiene conservar los que ya se tienen.  No voy a hablar de cifras, no las tengo a la mano, pero sí puedo decirles que es mucho más caro ir por ahí consiguiendo consumidores adicionales que quieran comprarte, a preservar y cuidar los que una empresa ya tiene o atrajo previamente. Siempre será válido abrirse a nuevos mercados, nuevas posibilidades, pero en ese afán de hacer crecer los números, en estos casos muchas empresas olvidan a quienes siempre han estado ahí y decidieron darte una oportunidad de comprar la marca. Con las personas pasa exactamente igual, con excepción de las cifras y el costo de inversión o el famoso ROI del que siempre se habla. Aquí no hay dinero de por medio, pero hay cosas más importantes, valores intangibles, afectos que no vas consiguiendo por ahí como si esto fuera un mercado o una feria de pueblo. Creo que la analogía es suficiente.

Vuelvo y repito, no se trata de solo mirar lo que ya se tiene, por supuesto que en un mundo con tantas opciones siempre habrá que estar presto a las diferentes oportunidades, pero una cosa es estar abierto al cambio y trabajar por ello, pero una muy diferente es olvidar lo importante, lo que ya tienes, lo que has conseguido. Con esta situación de pandemia, veo que las empresas buscan atraer más clientes nuevos para levantar sus negocios. Todo un reto, todo un trabajo yo diría, desgastante y poco efectivo. No han entendido un concepto del que hablaré en otro blog, llamado lealtad o fidelidad de marca, lo cierto es que quien te dará la mano en la circunstancia que sea: comercial, laboral, familiar, personal, es que quien ya te la dio antes, con toda seguridad te la dará después.

Así las cosas, no solo desde un pensamiento estratégico, también desde una perspectiva de vida, hay que entender que si comenzaste tu negocio, tu empresa, un vínculo, -sea empresarial o personal- siendo uno, prometiendo demasiado, siendo servicial, lo mejor de lo mejor, ofreciendo un producto único y exquisito, amable, excepcional, etc, y con el tiempo, pensaste que ya no era importante mantener eso, porque ahí estaban tus clientes y te compraban de todas formas, y no era necesario esforzarse más, entonces no esperes de verdad, que esos clientes o esas personas sigan ahí para ti o para tus ofertas de negocio y te den un chance, en situaciones como esta, la que estamos viviendo, donde todo es difícil y pocos están dispuestos a dar. Si empezaste siendo uno y terminaste siendo otro, entonces sí tendrás que conseguir nuevos clientes, nuevas oportunidades, pero eso no te garantiza que vayas a lograrlo.

Así que te invito a trabajar y enfocar tus fuerzas más en lo que conseguiste, llama a esos clientes que ya están contigo, ponte en contacto con esas empresas con las que algún día tuviste un contrato, escríbele un correo a esa persona que alguna vez te hizo un favor y apenas le dijiste gracias, no sé, vuelve a rescatar si te es posible lo que alguna vez te hizo conseguir lo que obtuviste con quienes decidieron abrirte su puerta -en el buen sentido de la palabra-.

Hasta la próxima.

sábado, 14 de abril de 2018

LOS BUENOS MODALES SON EL MEJOR VESTIDO QUE PUEDES LLEVAR

Si existe una cualidad que haga ver hermosa a cualquier persona son los buenos modales y si hay algo que haga ver a alguien feo, que genere repudio y fastidio es precisamente la mala educación. Muchas personas invierten dinero en ropa, maquillaje, perfumes, accesorios, automóviles, celulares costosos y en general lujos que poco o nada sirven si ellos no se esfuerzan o hacen un buen intento por tener un mínimo de buen comportamiento, aclarando que los buenos modales nada tienen que ver con la clase social, el estrato socioeconómico, el nivel de estudios, la edad, la raza o el lugar de procedencia de una persona. Podemos encontrar de todo: personas que han estudiado a un nivel alto y tienen una buena posición social o reconocida, con modales que dejan mucho qué desear, como personas que carecen de recursos y viven en condiciones de pobreza pero con un comportamiento y actitud maravillosas.


Algunas personas creen que tienen el derecho de ser groseros solo por el hecho de tener un cargo o una edad avanzada y eso no es así. El respeto y los buenos modales son transverales a cualquier época de un individuo y más que una obligación moral que no lo es, constituyen una obligación social para la buena convivencia y construcción de contextos sean estos nacionales, urbanos, educativos, familiares, laborales, entre otros.  Considero que un aspecto que ha influido mucho en la carencia de modales que se vive a diario tiene que ver con el hecho de que existen comportamientos que se han vuelto comunes y como he recalcado en otras entradas de mi blog, el que algo sea común no constituye ni la norma ni lo correcto.
Así, encontramos que se ha vuelto común no saludar, no dar las gracias o empujar a las personas para abrirse paso. Común se ha vuelto usar el pito del automóvil para acosar a quien hace un pare o da paso a otro, insultar a una persona que se varó en la vía, ignorar los correos o mensajes de alguien sin una respuesta a una pregunta. Se volvió común ver a la gente en los servicios religiosos, clases, conferencias, almuerzos y citas chateando por el celular o hablando y riéndose a carcajadas en un recinto donde se debe hacer silencio. Se volvió común insultar a las personas en las redes o en otros espacios porque no piensan igual que el otro, invadir con mensajes y cadenas aburridas a los demás en WhatsApp y Facebook. Es común ver a las personas comiendo, maquillándose o con rulos en la cabeza en el transporte público; se volvió común la burla, la indirecta en las redes y así otro tipo de comportamientos que para nada abonan a la imagen personal y por el contrario sí la deterioran.
Entonces vuelvo a lo mismo: que sea común no es indicativo de que sea correcto. La gente no puede dejarse contagiar por esa ausencia de valores imitando comportamientos que están muy lejos de generar oportunidades, porque seamos sinceros: los buenos modales sí que abren puertas, sí que enamoran. Muchas personas se quejan de estar solos, de no ser aceptados, de ser rechazados en un trabajo, en una beca, de no poder conseguir pareja o amigos, de no ser interesantes para un escenario en especial. Sin afirmar que las causas sean siempre por la falta de buenos modales, sería interesante preguntarse si una de estas puede ser precisamente una actitud carente de decencia.
Siempre se ha dicho que los modales se aprenden en casa y esto es cierto. Pero todo lugar y momento son una oportunidad para aprenderlos y ponerlos en práctica pues estos, no son negociables ni relativos. Una persona no puede decir que toma la decisión de tener buenos modales con unas personas y espacios sí y con otros no. Aquí no hay grises, no hay gamas. La actitud decente está presente en todas las circunstancias, con todas las personas y no como dice una señora de la farándula nacional, muy controvertida ella:  que no está en la obligación de saludar a quien le cae mal porque eso es ser hipócrita. La decencia no pelea con nada ni nadie y hay que ser decente incluso con quienes no nos agrada. Saludar no es ser hipócrita. Si va a recibir consejos al respecto, búsquelos en personas que sean un buen ejemplo de educación porque el ser famoso o poderoso no es sinónimo ni de calidad humana ni de buenas costumbres.
Estoy segura que en términos generales todos sabemos qué cosas son las asociadas a los buenos modales y cuáles no. Mi invitación es a no imitar lo que se ha vuelto común. Es tan cotidiano ver la falta de modales ahora que cuando alguien es cortés y tiene un buen comportamiento, esto se vuelve un atractivo fuerte y constituye un gran diferencial, en definitiva el mejor vestido que puede llevar.

sábado, 7 de abril de 2018

EN CUESTIÓN DE MARCA COMO EN LA VIDA ES MEJOR SER QUE APARENTAR

La marca es un concepto del que mucho se habla y poco se aplica. Tanto la web como las librerías están llenas de documentos que la explican, la analizan, tratan de llevarla a un escenario posible de acción, lo cual está bien y es adecuado, el problema está en que empresas y personas la siguen viendo como una práctica que solo se asocia a la imagen y han olvidado que la marca representa mucho más que un logo o una apariencia y más bien se trata de un acto de coherencia: algo así como una secuencia entre lo que se dice, lo que se piensa y lo que se hace.
Indudablemente la marca tiene unos elementos constitutivos que la componen como un nombre, un logotipo, unos colores, en algunos casos personajes, números y emblemas que la complementan, y esto debe ser un trabajo bien desarrollado que atine a generar recordación; pero no podemos ignorar que además de esto, la marca es la representación de una práctica empresarial en la cual los consumidores deben sentirse identificados y deben ver en ella lo que realmente un producto o servicio promete, sumado al hecho de que una marca en sí misma constituye una garantía, un valor de confianza por el cual una persona apuesta cuando la adquiere.  Aún así, vemos casos de productos y empresas cuyas marcas se quedan en la imagen bonita y descuidan aspectos tan vitales como el servicio, el respeto por el mercado, la competencia sana, la responsabilidad social y la reciprocidad que un cliente espera de estas.


Ser recordado por malas prácticas, por escándalos mediáticos, por publicidad engañosa, por calidad deficiente, pareciera que no le importara a muchas empresas y es entonces cuando podemos afirmar que en efecto, estas tienen una marca pero de branding muy poco o nada. Del branding también se habla bastante y entendemos por branding todas aquellas acciones y procesos que ayudan a construir la marca de una forma más profunda, desde la percepción, desde el concepto que forja en consumidores y no consumidores; por eso, marca y branding no son lo mismo pero van de la mano y aunque hay que hacer un trabajo fuerte para construir y posicionar una marca, es el branding el que realmente constituye su esencia.
En otro capítulo hablaré específicamente del branding y con más profundidad, pero al respecto lo que se puede anotar es que va ligado a los procesos, personas, métodos, estrategias y acciones que realmente construyen ese valor de la marca. Así las cosas, no es suficiente con crear una imagen agradable, hay que ser agradable. No es suficiente con hacer una marca fácil de pronunciar y de recordar visual y sonoramente, en este caso una marca es recordable y accesible porque dicho producto, servicio o persona, si fuera la circunstancia, es todo eso en el día a día y los demás lo perciben realmente.
La marca no es un concepto que solo de debe aplicar a productos o servicios, debe ser también asociado a las personas, pues como individuos somos marcas que estamos en un mercado laboral y profesional sin excluir el ámbito privado y de una u otra forma generamos una imagen hacia los demás. Tanto para empresas como para los seres humanos, la proyección de la marca requiere de esfuerzo y trabajo, es decir, no es suficiente con "querer parecer". Yo puedo "querer parecer" inteligente pero esto no se logra con el simple deseo, si ese es mi objetivo hacia los demás para que otros me vean inteligente yo debo estudiar, leer, interactuar con diferentes escenarios, esforzarme por el conocimiento mismo y producir contenidos, argumentos, encuentros donde esto sea evidente. De lo contrario no se podrá lograr.
Igual pasa con un producto que desde la marca quiere darse a conocer por ejemplo como amigable con el medio ambiente. No se trata pues de usar la publicidad o las redes para subir mensajes en pro de la protección animal y la ecología, pero en sus prácticas internas de empresa no se recicla, el producto en sí usa elementos contrarios a esa filosofía y no tiene programas realmente ambientales. Es cuestión de coherencia.
En la salud, en el sector financiero, en los servicios en general por nombrar algunos, encontramos marcas de estas empresas cuyo lema tiene que ver con el sentido humano o la agilidad y vemos cómo en sus mensajes comerciales esta promesa es usada para la venta de su portafolio pero en la práctica, en la cotidianidad, hay un trato displicente con cliente, demoras en los procesos logísticos y de entrega, burocracia. ¿Será entonces que esas marcas verdaderamente están siendo acordes entre lo que piensan, dicen y hacen? Yo no lo creo.
El tema de marca es amplio y de un gran debate sin duda alguna, pero yo resumiría toda esa filosofía y esa gran disertación teórica de esta manera que lo he descrito, está bien tener una buena imagen visual, pero está mejor ser esa gran imagen en la realidad, algo así como es mejor ser que aparentar.

lunes, 19 de marzo de 2018

Al amor y al marketing lo afectan principalmente dos cosas: el miedo y la falta de innovación


Yo creo que uno de los temas más complicados de abordar es el amor, no sólo porque su concepto es muy relativo y amplio, sino porque es mucho lo que se puede decir al respecto y es tan escaso el tiempo y el espacio que intentar resumir el más bello de los sentimientos aquí, es más bien utópico. No sé si me he metido en camisa de once varas, pero desde el marketing y lo cotidiano que es el amor mismo, hablaré de algunas herramientas que pueden aplicarse en sus diferentes formas en pro de su buena práctica, de su permanencia, aclarando que mi intención no es darles fórmulas mágicas porque yo creo que cada quien tiene su manera y sus propias vivencias por demás muy valiosas; lo que yo quiero entregarles hoy es una recopilación resultado de experiencias que pueden ser útiles y usted verá si son acertadas o no en su caso. Lo que sí es claro es que hay dos cosas que afectan mucho al marketing y al amor: el miedo (miedo a expresarse, miedo al qué dirán, miedo a perder, miedo a intentarlo, miedo a quedarse solo, miedo a amar...) y la falta de innovación (pensar que una vez pasa la conquista todo está hecho y es perdurable, no preocuparse por mejorar cada día, no progresar, entrar en la zona de confort, ignorar los alcances de la competencia...) 



Promesa Básica 
En marketing el término promesa básica refiere al cumplimiento total y garantizado de lo que un producto o servicio ofrece a su mercado. Si yo le prometo al consumidor que mi producto le va a quitar las canas y se va a ver más joven, justo eso tiene que hacer mi producto, de lo contrario es lo que se conoce como publicidad engañosa. En las relaciones románticas y de conquista, la promesa básica es igual y funciona de la misma manera que el marketing. Creo que el problema del desamor, la decepción y todo lo que ello conlleva se debe precisamente al hecho de prometer cosas que no se pueden cumplir y con esto no hablo solamente de los juramentos como "serás el amor de mi vida", "eres el único (a)", "siempre te amaré"; hablo de venderse en la etapa de conquista como una persona con ciertas características y atributos y una vez culminado el trabajo mostrar la real cara y personalidad. Considero que esto decepciona a cualquiera y va en contra del amor, y quiero decirle algo, sabemos que somos imperfectos, entonces hay que mostrar lo perfecto y lo imperfecto de entrada, el otro verá si lo amará y aceptará aún así. Si usted es celoso, controlador, mamón, fastidioso, perezoso, sensible, o lo que sea, muestre eso desde un principio. Quien se enamora de uno, lo quiere a uno con todo (lo bueno y lo malo) y no intentará cambiarlo, una cosa muy diferente es transformarse en otra persona después de la etapa de enamoramiento. 

Empaque atractivo 
Un producto en el mercado para ser tenido en cuenta y lograr preferencia generalmente debe tener un empaque atractivo, llamativo que se podrá ir cambiando a medida que pase el tiempo adaptándose al momento y preferencias del consumidor. Ojo con lo que voy a decir porque no quiero malas interpretaciones: esto aquí no se trata de ser perfectos, recurrir a las cirugías, gimnasio y no salir de la peluquería. Por supuesto que si usted quiere hacerlo está bien, pero la gente toda la vida ha confundido ser atractivo con tener cuerpo armonioso y cara de modelo, y por eso tenemos una sociedad miserable. Una persona atractiva es alguien que en primer lugar se quiere como es y respira esa comodidad aún estando en pijama y sin maquillaje, pero además se preocupa por cultivar su ser interior. Es una equilibrada y sincrónica combinación entre lo espiritual, lo intelectual y lo físico, no una o dos, las tres. Conozco gente que una vez se casan se descuidan y no se ponen bonitos ni dentro de casa o fuera de esta, otros dejan de estudiar, de leer, de progresar, de trabajar. Se abandonan creyendo que ya lo hicieron todo una vez termina la conquista y no ven que la conquista es una lucha del día a día, con una competencia que ofrece muchas cosas allá afuera (lamento decirlo pero es la realidad) tanto así que ya no tienen un tema de interés qué compartir con su pareja y por eso dejan de ser atractivos, dejando que la monotonía y ese querer descubrir algo nuevo del otro se pierda olvidando que enamorarse significa también dejar que el otro descubra siempre algo nuevo en mí, en definitiva: alguien predecible que ya no genera curiosidad o interés. 

Spam Sobresaturación 
En este punto caben varios aspectos desde diferentes perspectivas. En primer lugar cuando hay una conquista o un interés por alguien está bien demostrar la intención hacia el otro porque si a usted le agrada otra persona o le atrae para una relación, lo más lógico y acertado es expresar eso. Sin embargo, es importante medir la cantidad de acciones hacia ese otro porque pueden convertirse en saturación lo cual puede terminar en desinterés por parte del objetivo. En mercadeo de igual forma está bien hacer publicidad, enviar mensajes, pero llega un punto es que es tal la cantidad que tomamos aversión hacia una marca, en especial si invaden nuestro correo o teléfono celular con mensajes de spam. Igual pasa con las personas, demostrar interés no tiene que convertirse en un martirio para el otro y hay que ser claro y contundente con el mensaje de lo que usted quiere. Insistir cuando vemos que no hay feedback, feeling, igualdad de interés, es clave para no volverse intenso y fastidioso, recuerde que la atracción y el amor son de dos, no de uno, hay que aprender a leer a los demás y entender cuándo un no es un no y un sí es un sí. Simple. 
Desde otro ángulo está la sobreexposición de amor, en especial en las redes sociales (estados de WhatsApp, Facebook, Instagram, Twitter, etc). Es contraproducente realizar publicaciones cada cinco minutos o todos los días, de lo mucho que usted está enamorado o despechado según el caso. Está bien compartir una que otra cosa, por qué no, pero sobreexponerse tiene consecuencias: usted cansa a las personas con el mismo cuento y por otro lado recuerde lo que García Márquez dijo por ahí: "el amor es eterno mientras dura" y cuando usted se sobreexpone también corre el riesgo de ser la burla y la crítica de todos los demás si esa relación algún día termina. Usted podrá decirme que no le importa lo que los demás piensen, y tiene razón, pero no le dé motivos a las personas y aprenda a gozar de sus momentos desde su privacidad pues finalmente son suyos y de nadie más, sea prudente porque la vida es cíclica, es parte de la naturaleza y el aprendizaje humano, pero es parte de su intimidad y a nadie más le interesa. 
Y desde otro punto, hay que dejar que el otro respire, deje espacio para que lo extrañen que soltar no significa abandonar. Me da risa y me parece ridículo como algunos contenidos en Internet aconsejan a las personas cosas como: ignorar al otro, dejarlo en visto, hacerse el interesante, el difícil, responder los mensajes tres días después, no, eso no sirve y usted puede estar perdiendo a alguien por actitudes inmaduras, sea porque es su pareja o porque es alguien que está dentro de sus expectativas. Cuando hablo de espacio, me refiero al hecho de dejar al otro ser en su naturaleza, en los momentos de soledad, en el espacio vital que todos necesitamos, estar solo. Hay personas que piensan que si le dan un respiro al otro lo van a perder por siempre o no conciben salir a un plan si no es con su pareja. Gran error. El valor más preciado de cualquier ser humano es la libertad y qué bueno es saber que el otro teniendo su libertad y su tiempo, elige estar conmigo. 

Brand Sense 
Este concepto del marketing es uno de mis favoritos para todo. El brand sense trabaja dos frentes importantes del ser humano: los sentidos y los sentimientos o emociones. Por supuesto que desde una óptica muy positiva el marketing lo ha adoptado entendiendo que todo ser humano sin excepción tiene cinco sentidos que son una fuente de inspiración grandiosa y emociones que son inherentes a este. Algunas marcas  le han apostado a las dos tácticas y entonces buscan ser recordadas y atractivas desde lo visual (agradable a los ojos), gustativo (con gran sabor y deleite), auditivo (apreciable con sonidos/ música que son placenteros), olfativo (con olor inolvidable y delicioso) y táctil (que puede ser tocado y genere placer). En las relaciones de pareja, desde la etapa de conquista hasta cuando usted ya lleva años lo podríamos aplicar así: visual (atractivo siempre, agradable que produzca admiración al verlo. Ver lo que escribí en el aparte de empaque), gustativo (que al saborearlo produzca agrado, aquí los hábitos de limpieza y estética son importantes), auditivo (este es genial pues lo asocio al hecho de que escuchar al otro sea un consuelo, un elíxir para los oídos. Cero cantaletas, cero discursos y dramas, cero quejas, nada de insultos, siempre buenas palabras. Leer mi blog sobre el Arte de Regalar), olfativo (no hay nada más agradable en la vida que abrazar, besar, tocar a alguien cuyo olor es agradable. Sí, a usted lo aman aún cuando haya comido cebollas o no se haya bañado, pero el olor es vital y créame, enamora, y es el responsable de la química entre dos, procure oler siempre bien), táctil (¿déjese tocar! ¿Por Dios! He visto parejas que no se tocan, no se toman de la mano, no se dan un abrazo, no permiten que el otro se acerque. Así es muy difícil mantener la química en el amor. Si a usted ya no le nace tocar al otro, yo le pregunto: ¿Qué hace ahí?). 
En cuanto a lo emocional, no olvidemos que todas las personas sin excepción tienen sentimientos. Por más fría que sea una persona, por más que las expresiones de afecto no sean la principal característica de algunos, jamás olvide que las personas sienten tristeza, alegría, miedo, entre otras emociones. Cuando usted está con alguien en el plan que sea, la empatía es la mejor de las herramientas para compenetrarse con otro. Si su pareja o potencial pareja está triste dele un abrazo, hable con ella. Si está feliz por un logro, deje por un momento el Facebook y celebre ese momento con esa persona; si le hace un regalo no importa lo que sea, demúestrele gratitud, dele un beso. Las cosas sencillas forjan las más complejas, es por eso que el mercadeo se ha venido preocupando por ver a sus clientes y no clientes más como personas y no como números que facturan. Usted también téngalo presente. 


El ciclo de vida 
El ciclo de vida de un producto se compone de: Introducción, crecimiento, madurez y declive. Las personas y las relaciones pasan por lo mismo. Para las tres primeras ya escribí todo lo anterior, pero qué pasa cuando estamos en el declive, en ese punto en que ya el producto o en este caso, la relación, está deteriorada o en su fin. Tal como pasa en el mercadeo hay dos caminos seguros: o usted se reinventa y vuelve a comenzar el ciclo o le da una muerte digna a dicho producto porque hay casos en que ya nada se puede hacer. No hay tintes medios. 
Querer permanecer en situaciones y relaciones desgastadas por el motivo que sea es una de las principales causas de la infelicidad de la gente. Muchos se excusan en "el tiempo que llevamos juntos", los hijos, la parte económica, el miedo a quedarse solo... y no toman la decisión de dar un salto a la libertad, porque les preocupa más el "qué dirán" que su propia felicidad y se mantienen en matrimonios o noviazgos que los hacen sufrir, enamorados de otros que automáticamente los lleva o a ser infieles o platonizar a alguien dejando que el tiempo precioso se vaya, viendo la felicidad pasar por sus narices sin hacer nada. ¡Sea valiente! Luche si tiene que luchar por ese amor, dele un vuelco a la situación, trabaje para que funcione, ¡no se vaya sin antes intentarlo eso sí!, pero si ve que no hay nada que hacer, así usted tenga 80 años dé un salto al vacío y arriésguese porque el miedo es el culpable de que muchos amores no se hayan podido realizar y que muchas ideas de éxito en marketing hayan fracasado. Ojalá no deje pasar mucho tiempo.

Feliz semana para todos.